lunes, 29 de mayo de 2017

Manual de remedios literarios. Ella Berthoud y Susan Elderkin



     "Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente de los demás.
Para empezar, en él no se hace distinción entre dolor físico y dolor emocional; en sus páginas es tan fácil encontrar un remedio para la pérdida de apetito como lo es hallar la cura para la pérdida de esperanza."

     Hay libros que uno compra porque quiere tenerlos, incluso sabiendo que no es una novela, que no va a leerlo del tirón, dudando incluso de si lo va a llegar a leer algún día. Sí, esos libros existen, y se nos antojan y los necesitamos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manuel de remedios literarios.

     El ser humano es complejo, a veces un torbellino de emociones, otras una marioneta que se ve en el torbellino de emociones es la vida. Acusamos a semejantes de fríos cuando les vemos impasibles ante los golpes de la vida, ya sean alegrías o penas, y luego buscamos refugio para los que nosotros recibimos. Y los lectores, nos refugiamos en libros. Y es justo ese el momento en el que este libro comienza a ser divertido, por las curiosas asociaciones, unas más obvias que otras, que las autoras nos van ofreciendo. Yo, por ejemplo, no me sorprendí ni siquiera un poquito cuando vi que si uno se siente como un idiota por uno de esos reveses de la vida, Dostoievski puede ser la elección, o al menos la compañía adecuada. Pero sí que puse en serias dudas que lo mejor para la depresión sea leer a Sylvia Plath, exactamente igual que dudé de lo efectivo, pero no de lo divertido de la compañía, de Scott Fitzgerald cuando uno se siente un comprador compulsivo. Y así hasta cuatrocientas entradas que nos ayudarán con el Cándido optimismo o la ira, gracias a Hemingway. Nos explicarán que es muy importante tener emociones, usando como ejemplo el fantástico Jonnhy cogió su fusil como cura para aquellos que no sienten empatía. Y ojo, doy fe de lo efectivo del remedio ya que si uno no es una piedra, e incluso algunas piedras estoy segura de que también, sufrirá en su alma los devastadores efectos del libro. Veremos en La metamofosis el remedio cuando tenemos una cura de identidad y aprenderemos que en la vida el amor es importante, lo podemos buscar junto a Austen o curarnos tras un fracaso gracias a Nick Hornby y su alta fidelidad.
     Y así siguen desgranando las autoras de este libro los momentos estelares de la humanidad, paso a paso en cada vida cotidiana. La mujer del viajero en el tiempo como terapia o Chandler para hablar de bebida, citarán el acoso escolar y, como no, hablarán de adulterio en una larga lista que irá desde Madame Bovary hasta El verano sin hombres. No hay ni un solo momento de nuestra vida que se escape de este par de mujeres, enfrentándose valientemente, no como sucede en Matar a un ruiseñor, más apto para cobardes, a temas tan mundanos como la eyaculación precoz o la diarrea, sin olvidarnos de la gripe masculina, que es a todas luces mucho peor que cualquier otra gripe. Hablan de orgasmos y frigidez, nos presentan Las Venus de las pieles, en lugar de nombrar a Grey, y también de Sarah Waters o Alan Hollinghurst y su erotismo homosexual. Creo que con esta retahíla os podéis ir haciendo una idea de todo lo que aparece en este hermoso libro. Porque además de todo esto, además de las citas, recordarnos títulos, anécdotas, dar una visión un tanto diferente de los libros que ya hemos leído o no, sin importar si son clásicos o títulos actuales, el libro es físicamente hermoso. La edición está muy trabajada, la tipografía, las hojas que separan cada una de sus partes, y eso lo eleva a la categoría de tesoro o tal vez de manual de botica un tanto pasado de moda que uno luce con orgullo en el estante y conserva con cariño en la mente. Pero merece la pena y es, creo, un ejemplo de cómo la edición digital nos va a seguir privando de determinados placeres que el libro físico nos da.

     Las autoras estudiaron literatura y llevan desde 2008 "curando" gracias a la biblioterapia sin que por ello se crean médicos o afirmen que este libro sea un compendio de medicina o, líbreme Dios, de autoayuda. Pero sí es cierto que muchas veces el libro adecuado nos acompaña en los mejores o peores momentos de nuestras vidas, y le tomamos especial cariño al título que nos acompañó. Eso no creo que lo pueda poner en duda nadie a estas alturas. Y por eso, como tesoro, como curiosidad, como objeto o como pequeñas píldoras, recomiendo este Manual de remedios literarios. Por todo eso y porque además es una preciosidad. Sin olvidarnos de que a los lectores, con permiso de nuestro querido Don Quijote, los libros nos acompañan y nos sirven, más de una vez, para mantener los pies en la tierra una vez cerramos sus páginas.

     Y vosotros..., digo normalmente a estas alturas. Vosotros hoy, en realidad lo que me gustaría que pusiérais, es un título y el momento de la vida o estado con el que lo relacionáis. Eso si que sería divertido, nuestro propio manual para automediarnos literariamente. Yo, por ejemplo, para superar esos momentos de carácter adolescente que nos llegan de amigos, hermanos, hijos..., recomiendo El guardián entre el centeno. ¿Jugamos?

     Gracias.

sábado, 27 de mayo de 2017

Disfrutar de la Feria del Libro



     No cabe duda que la Feria del Libro de Madrid es todo un acontecimiento para todos los que somos lectores habituales, y también lo es para muchos ocasionales. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte, parecemos los grandes olvidados a la hora de hablar de la feria. Nos dicen lo que tenemos que leer, y parece que luego debemos de avergonzarnos si, en lugar de comprar ese libro tan bueno, hemos optado por hacer cola durante más de una hora bajo el sol, para que nos firme el libro otro nombre más conocido tal vez por ser mediático. Y yo reivindico que las ferias son para los lectores, y que si nos van a criticar luego porque "las cosas son así y qué le vamos a hacer" luego en las casetas, te dicen los libreros, que a la feria solo se llevan los más vendidos. Y tal vez eso influya en las cosas, o tal vez no,  pero es mi feria, y, señores, la paso como quiero. Y lo que es peor: la disfruto. Cada año. Y pienso repetir.

     Así que este año voy a mirar esos carteles imposibles que seguro se podrían hacer un poco más sencillos, hasta ver qué día me cuadran dos escritores que me gusten mucho, cogeré sus libros (y el plural no es por el par de autores, recuerdo haber ido a una firma con siete títulos del mismo escritor) y me dirigiré a la feria sin importarme lo que opinen. Una vez allí me daré un paseo, me compraré otro par (o siete) y sopesaré nombres y colas, y futuras oportunidades en mi ciudad, que nadie parece tener en cuenta, que hay escritores que luego puedes ver, y otros que no vas a tener cerca hasta, con suerte el año que viene. Y no, no creo que me compre novedades ni top ventas, yo quiero una feria con libros intermedios, con un rinconcito en la caseta en el que meter la nariz, aunque sea un rincón pequeño en cada una, en el que tropezarme con clásicos o alguna bonita edición ilustrada. No quiero listas que me digan qué libro comprar ni otras pasada la feria que lamenten que tal señor tenía dos horas de cola, mientras que el multipremiado señor apenas firmó cuatro libros en una tarde. Quiero disfrutar, que no me digan culto ni tampoco que no tengo valor o criterio o base, como decía mi profesor de matemáticas del instituto a los alumnos rezagados. Y es que, al final, cuando llegan estas fechas que son además el pistoletazo de salida del comienzo del verano, uno acude con toda la ilusión, cargado con una bolsa, crema solar y un botellín de agua, y sale de la feria feliz y agradecido por aquél escritor admirado que se tomó la molestia en mirarte a la cara mientras firmaba tu libro (me ha pasado que no me miren, y también encontrarme con quien pasa el tiempo con cada lector como si fuera el único sin pensar que le restan 20 u 80 personas en esa cola, sabedor de que el lector perdona la espera cuando su escritor admirado le trata de manera personal). Pero cuando van pasando los días, se da cuenta de que no todo el mundo acude con la misma energía y entusiasmo y que hay quien va y mide y sospecha y critica... una pena, si os digo la verdad, ver que no lo disfrutan como nosotros. Y me da igual si son lectores, escritores o periodistas, todos ellos deberían de disfrutarlo. Mínimo como lo hago yo.

     No voy a recomendar libros que comprar en esta feria, como tampoco lo hice otros años. Tampoco os voy a recomendar que hagáis unas colas antes que otras, sería tontería. todos tenemos nuestros gustos, filias y fobias y, en caso de recomendar algo, me iría a los clásicos o a esos libros que me entusiasmaron y parecieron pasar sin pena ni gloria, aunque no hace falta una feria para recordarlos. Pero en una feria es más fácil ver a Grey que a Unamuno, y eso ya lo sabemos todos. Así pues, disfrutemos, y que nadie nos diga a quién tenemos que ver o comprar y, muchísimo menos, leer. Es nuestra feria, sea en la fecha que sea, y en cualquier ciudad.

     Y vosotros, ¿sois de ir a Ferias del Libro?

     Gracias.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esperando a Mister Bojangles. Olivier Bourdeaut


     "Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
    - Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."

     Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.

     George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.

     Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
     Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.

     Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.

     Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.

     Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?

     Gracias.

     PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!
   


martes, 23 de mayo de 2017

Orfancia. Athos Zontini


      "-Abre la boca, por favor -Mi madre se acerca con el tenedor-. Venga, que se enfría la carne.
     Los perros están en un rincón, ambos con el rabo entre las patas. En el otro extremo de la mesa mi padre tiene los ojos fijos en el televisor. Corta un trozo de filete y lo mastica despacio, sin hacer ruido. Se le ensancha la garganta al bajarle la carne por ese largo cuello de pájaro. Cierro los ojos y mentalmente pido un deseo:¡ahógate, ahógate, ahógate!"

     No siempre que terminamos un libro estamos dispuestos a hablar de él, a veces, el libro se termina de forma física en un tiempo, y de forma efectiva tiempo después. Esto sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Orfancia.

     Un niño de ocho años, narrador en primera persona de la historia, nos relatará un año de su vida. Un año en el cual él se niega a comer perseguido por un terror interno: él cree que los padres engordan a sus hijos para comérselos. Y sin embargo, también será un año en el que comience a sentir hambre. Mucha.

     Si un orfanato es un lugar de acogida para niños abandonados o Huérfanos, el significado de la palabra orfanicia me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Recuerdo cuando leí el título la primera vez y me pareció una palabra hermosa... hasta que me puse a pensar que, por fuerza, orfancía tenía que significar húerfano de infancia. En ese momento comencé a pensar que podía ser una palabra engañosa, y el libro captó toda mi atención.
     Athos nos relata la historia de un niño de ocho años, dividida de forma estacional, y siempre bajo su única visión. Este niño no quiere comer, se ve distinto al resto, y "sufre" la preocupación de unos padres que solo quieren verlo rollizo y feliz. No sabemos de dónde le viene ese miedo, si leyó el cuento de Hansel y Gretel o si simplemente apareció un día de la nada. Pero es real. Aunque durante las vacaciones descubra que tiene mucho hambre. A lo largo de ese año descubriremos que comprendemos a los padres en su preocupación, y también la oscuridad que habita en este narrador. El autor dejará testimonio de maltrato animal, de acoso y de desesperación en un libro que puede descolocar al lector cuando le pone punto y final. Y es que Orfancia no parece, a priori, un libro fácil de digerir (si me permitís la gastronómica alusión).

     Hay libros que generan versiones de sí mismos en cada lector, casi libros paralelos. Esos son los libros que me gustan, los que interpretamos. Así que esto podría ser: mi interpretación de la historia.
     Si partimos de un título que juega con el significado y una historia que tiene un fondo en un cuento, ¿por qué no va a ser todo un cuento? Es más, seguramente verlo así sea la única manera en la que la anécdota literal, el negarse a comer, no se coma (¡ja!) a la novela. Entonces descubrimos que tal vez ese niño sea una suerte de Peter Pan que se niega a crecer como el resto, que parecen felices siguiendo las pautas marcadas. Es diferente, no aceptado desde el momento en que comienza su acto de propia rebeldía frente a una sociedad que nos engulle representada en los padres. A fin de cuentas son ellos quienes se encargan de introducirnos en la sociedad con sus normas y guías. Y con ocho años es cierto que comenzamos a ser conscientes de muchas cosas, descubrimos otras capas del mundo que nos rodea no siempre agradables, y también, queramos o no, comenzamos a sentir hambre, a relacionarnos, a tener cumpleaños y seguir normas sin dueño, a dejarnos llevar. Pensemos que tal vez no quiera ser como todos, que tal la novela vaya de eso, de esa rebeldía que choca con la necesidad de ser uno más. Y nos caerá encima toda la carga crítica que lleva: hablaremos de acosos y maltratos y también del "me preocupo por ti" como frase arrojadiza cuando las cosas no se explican, cuando eres pequeño y ese "es por tu bien" no suena igual que cuando se dice siendo ya adulto. Cuando no se comprende. Tal vez ese sea el camino, y Athos decida darle una vuelta de tuerca. Nadie dijo que por ello el protagonista tenga que ser bueno o caernos bien. Nadie dijo que si alguien no se adapta sea solo rebeldía, quizás es por no estar preparado... para eso está la sociedad. Y de hecho, el protagonista no despierta la simpatía del lector.
     El final, esa parte que me he encontrado criticada en tantas ocasiones, me ha parecido un broche perfecto. Nadie dijo que los finales tuvieran que ser felices, ni siquiera tranquilizadores, ¿o no es acaso de los finales de los que extraemos las moralejas de las fábulas? Y eso que, en realidad, tal vez los finales felices de algunos cuentos, den más miedo que aquellos que no lo son. En todo caso será labor del lector decidir si este final lo es, o no.    

     Yo me he encontrado todo esto en Orfancia, una novela cargada de simbolismos, casi una arriesgada fábula escrita para adultos, a rato con aires de thriller. Y os diré algo más; creo que, en este caso, el autor goza de un gran (y negro) sentido del humor.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os rondara la cabeza tiempo después de finalizarlo?

     Gracias.

lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."

viernes, 19 de mayo de 2017

Una librería en Berlín. Françoise Frenkel


     "No sé muy bien a qué edad se remonta mi vocación de librera, en realidad. Ya desde muy niña me podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un  gran volumen ilustrado.
     Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña."

     Los lectores somos un público relativamente sencillo de convencer, de hecho, a un altísimo porcentaje, le pones en el título de un libro cualquier cosa que tenga remotamente que ver con una librería, y allí nos tienes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una librería en Berlín.

     Conocemos el testimonio, en primera persona, de la autora. Sale de Alemania en 1939, un lugar ya asfixiante, hacia Berlín, ciudad en la que abre una librería junto a su marido Simon Raichenstein, quien abandona la ciudad un año antes de ella. Con el partido nazi en el poder y las leyes raciales de Nuremberg la situación se hace insostenible yFrenkel acaba en Francia, un país que no le recibe mejor con la guerra ya declarada y en el que tendrá que esconderse. Finalmente, ya en 1943, Frenkel logra cruzar la frontera Suiza.

     Este libro tiene tantas aristas de las que hablar que me parecen interesantes, que voy a cuidar no alargarme mucho. En primer lugar el libro en sí, editado por primera vez en 1945, "Rien où poser sa tête", pasó desapercibido cayendo en el olvido hasta que lo rescatara Gallimard con prefacio de Modiano. Y fue por casualidad. Por otra parte tenemos la vida de la autora, íntimamente ligada a la trama del libro, ya que es una autobiografía. Frenkel nace en Pietrorków, estudia literatura en la Sorbona y se traslada a Berlín, fundando en 1921 la primera librería francesa junto a su marido Simon Rachenstein. Se convierte en una intelectual conocida y vive los años más difíciles de europa. Su libro, escrito a principios de los años cuarenta, ve la luz en 1945, momento en el que se pierde la pista de esta mujer de la que no se conserva una sola foto y cuyos herederos han sido imposibles de localizar, Sabemos que muere en Niza en 1975, los años intermedios siguen siendo un misterio.

     Una librería en Berlín ha sido el título elegido para la traducción al castellano de esta obra que tiene ecos de Némirovvsky. Y sí, es cierto que hay un testimonio de una intelectual cuya pasión por la literatura se desprende desde las primeras líneas, sin embargo, es mucho más que eso. Es la historia de una mujer que relata una epopeya a la vez que obliga al lector a hacerse preguntas a medida que avanza. Por ejemplo, la omisión de su marido al que apenas hace referencias, ha sido una duda constante para mi. La novela, porque pese a ser autobiográfica la podemos leer como una novela, está escrita con un cierto tono lírico que le da cadencia casi de poesía, pero sin empantanar la prosa con figuras que conviertan su lectura en algo arduo, ya que, más bien al contrario, lo más probable es que os dure como mucho un par de tardes. Como testimonio, es impagable, sobre todo y más que la época librera, me ha llamado la atención esa Francia de Vichy tan compleja en la que llega a depender de terceros, entrelazando historias personales que se adhieren al lector a medida que ella se esconde, huyendo en busca de un lugar en el que conseguir descansar... y vivir. Algo que en un momento dado parece dudar en una suerte de desanimado sacrificio. Así saldremos de esta historia conociendo un lugar llamado La Rosaraie, con una nítida imagen en la cabeza de lo que allí se encontraba.

     Me ha gustado, no carga las tintas en los dramatismos, algo bastante habitual en este tipo de testimonios, y deja un gran espacio para la bondad ajena. No hay odio, ira, ni resentimiento, y tampoco sentimentalismos en su testimonio, lo cual acaba siendo mucho más efectivo por la naturalidad de las palabras empleadas. Me ha gustado, la historia, la protagonista y también las formas en las que está escrito el libro. Y, si soy sincera, me gusta ese misterio que envuelve a Françoise Frenkel, espero que no se termine por desvelar.

     Y vosotros, ¿sois de esos lectores fáciles de convencer ante determinadas temáticas en los libros?

     Gracias.

jueves, 18 de mayo de 2017

Mal de piedras. Milena Agus


     "Abuela conoció al Veterano en el otoño de 1950. Era la primera vez que salía de Cagliari para ir al Continente. Iba a cumplir cuarenta años y no había tenido hijos porque su mal de piedras la hacía abortar en los primeros meses. Y así, con su sobretodo de corte recto, los zapatos altos con cordones y la maleta del marido -de cuando se había refugiado en el pueblo-, la mandaron al Balneario para curarse."

     Hay un cierto en canto en los libros cortos que nos tutean para dejar claro que no necesitan vestirse de páginas para convencer al lector. Y también lo hay en algunos títulos, que parecen esconder un significado oculto bajo una aparente sencillez poética que esconde en realidad lo cotidiano. Por todo esto me fijé en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Mal de piedras.

     Conocemos a Abuela, porque este es el nombre que otorga la narradora a la protagonista de la historia. La que sería entonces Nieta, relata la vida de una mujer sarda nacida el siglo pasado en Cerdeña, que la fascinó con su belleza, su melena y sus peculiaridades en el carácter. Descubriremos que fue una niña lista a la que no se le permitió seguir estudiando, que llegó a casarse a esa edad a la que a una empiezan a tildarla de solterona y que sus extravagancias la hicieron pasar por loca durante mucho tiempo. No se enamoró de su marido pero fue enviada a un Balneario en el que conoció al Veterano, y esto sucedió porque tenía, como reza el título de la obra, "mal de piedras", que queda mucho más bonito que decir cálculos en el riñón.

     El recuerdo de una persona tiene algo de poético, de especial, y por eso el enorme acierto de escoger como narradora a una nieta fascinada por la figura de su abuela. Construída con frases cortas, la novela casi parece más una confidencia o un cuento que un libro propiamente dicho, y la ausencia de nombres, lejos de distanciarnos, nos acerca a los personajes que son nombrados desde el cariño de la familiaridad. Abuela se convierte entonces en alguien conocido a quien vemos rebelarse de una forma pacífica, que lamenta que el amor no le sea destinado ni siquiera al darle las buenas noches a un rudo marido con el que acuerda prestar los servicios de la casa de citas para ahorrar dinero. Abuela escribe entonces en su cuaderno, y la nieta desgrana la historia que esa mujer silenciosa, le fue contando. Porque Abuela, descubrimos, hablaba. O habló a lo largo de su vida con apenas dos personas, Veterano, y su propia nieta. Y vivimos entonces el enamoramiento de Abuela, y los cambios que le provocan, y también su regreso y el, por fin, nacimiento de un esperado hijo. En otro caso, pensamos a media sonrisa, nadie hubiera podido decirle a día de hoy, Abuela.
     Y sin embargo la novelita es mucho más, porque es en los gestos cotidianos de una vida cualquiera, en los que vemos la sociedad, la guerra, el fin de ella, el romanticismo vestido con una pata de palo, la vida inconforme, la vida interior. Porque trata de eso en realidad lo que Milena nos cuenta, de esas vidas interiores diferentes, personas que, como en un momento dado dice la narradora, crea Dios cuando se cansa de las normales. Y esa es la protagonista, aunque nadie la comprendiera en su época, y haya tenido que esperar a esa nieta para encontrar una aliada en su propia casa.

     Llegué con pocas ideas sobre la novela, pese a las buenas críticas, y la he disfrutado. Tiene un regusto agridulce en cada palabra, y también cierta inocencia incluso en esas escenas de casa de citas que en un momento dado nos describe.  Es un libro hermoso, que no bonito, aparentemente sencillo y de una sensibilidad fuera de toda duda para cualquier lector que decida acercarse.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros cortitos?

     Gracias.

martes, 16 de mayo de 2017

El ángel. Sandrone Dazieri


     "Los dos prisioneros que quedan en la celda hablan en voz baja. El primero trabaja en una fábrica de zapatos. Mató a un hombre mientras estaba borracho. El segundo era un policía que denunció a un superior. Se durmieron en la cárcel y se despertaron en la Caja."

     Conocí a Dazieri con el primer libro de esta saga, No está solo, y me gustó su planteamiento. Por eso no he tardado en hacerme con el segundo. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ángel.

     Un tren entra en la estación Roma Termini con un vagón lleno de muertos, en él entra la Subcomisaria Colimba Caselli quien, viendo los derroteros que toma el caso se pondrá en contacto con Dante, un hombre excéntrico que conoció a raíz de un caso con secuestros infantiles. El atentado, no podía tratarse de otra cosa, es reivindicado por el ISIS pero algo no parece encajarle a Dante, y comienzan a investigar descubriendo una mentira tras otra.

     Como comenzaba diciendo, No está solo me gustó. Ese dúo que tenía un vago recuerdo a Holmes y Watson, por lo excéntrico de uno, casi esperpéntico, y la mesura de la otra. Por las reflexiones, las pastillas esnifadas, la lógica personal y el ir contracorriente, me resultó muy atractivo. Este segundo libro comienza meses después de donde lo dejara el primero, meses en los que los protagonistas parecen haberse mantenido a una distancia prudencial el uno del otro antes de el reencuentro en los primeros capítulos del libro. Dazieri nos pone parcialmente al día, de tal modo que si uno ha leído el primero es estupendo y, si no lo hizo, tendrá unas nociones sobre lo que puede encontrarse si decide hacer la lectura, pero no se perderá en el que tiene entre manos.
     Sigue valiéndose de su profesión como guionista y utiliza imágenes de impacto visual con las que no necesita gastar páginas en largas descripciones para que el lector tenga muy claro lo que le están representando. Un ejemplo perfecto es la llegada del tren a la estación, al más puro ejemplo de un buque fantasma, en el que el lector es capaz incluso de imaginar niebla alrededor de las... no, luego cae, estamos en el siglo XXI. Pero el impacto está ahí y el autor sabe como aprovechar este recurso que parece tener a mano. Además, le viene bien, ya que la agilidad es una constante en esta novela que no deja un momento de relax. Pese a su extensión de casi 550 páginas, el autor no da tregua, encargándose de que siempre haya un foco de acción abierto, o un giro, una posibilidad... algo que mantenga a su lector entretenido. El resultado, como suele pasar en estos casos, es que cae en lo excesivo. Pese a que todo queda bien atado, cuando uno piensa en los dos títulos, hay demasiada "catástrofe" y el conjunto comienza a perder pie. Y es que, todos sabemos que la realidad supera a la ficción, pero también sabemos que en la ficción cuando la cuerda se tensa mucho, lejos de romperse, dejamos de sujetarla.
      Me sigue gustando la pareja protagonista, pero ya conozco sus traumas, ya supe lo que era "El desastre", y me apetecía más ver cómo avanzaban, a poder ser sin sumar traumas señor Dazieri, no los cargue demasiado o terminará por sucederme lo mismo.

     En conjunto me ha parecido entretenido. Diría que no llega a la altura del primero, pero estoy segura de que las valoraciones de aquellos que no hayan leído el anterior serán muy superiores, y es que, la mayor parte de la frescura que encuentra el lector en el primer títulos que cae en sus manos de esta saga, perece al repetirse comportamientos en el siguiente. Con todo, es entretenido. Lo cual, a veces, es más que suficiente.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas o preferís libros autoconclusivos?

     Gracias.

lunes, 15 de mayo de 2017

La mala hierba. Agustín Martínez


     "Quiero recordarte descansando sobre mi pecho, exhausta después de hacer el amor, y no como el barco que se hunde en un charco de sangre a mis pies.
     Lo intento con todas mis fuerzas; juro que lo intento."

     Leí Monteperdido hace casi dos años y me encantó. Tenía ganas de leer algo más del autor, por eso al ver este título tuve claro que no iba a tardar en leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La mala hierba.

    Estamos en Portocarrero, un pueblo perdido en el desierto de Almería. Allí conocemos a Jacobo, su esposa Irene y su hija adolescente, Miriam. La crisis ha sacudido a esta familia hasta el punto de obligarles a terminar en una desvencijada casa en mitad de la nada, junto a la familia de Irene, viviendo o malviviendo lejos de las comodidades y amigos a los que se habían acostumbrado. Ahora la vida es dura y Miriam lo acusa particularmente, como se hace con la rebeldía de quien entra en la adolescencia. Una noche en la que Miriam está fuera, unos intrusos irrumpen en la casa de Jacobo e Irene, armados y disparan al matrimonio. La mujer fallece y Jacobo casi, enfrenta´ndose a una durísima recuperación al despertar. Sin embargo, lo más duro de esa recuperación, será descubrir que todas las miradas se han vuelto hacia su hija Miriam, señalándola como responsable.

     Y todo esto que os cuento sucede en las primeras páginas, y será la forma de entrar en una claustrofóbica novela en la que la búsqueda de los responsable de lo sucedido esa noche, llegará a ser una obsesión. Es curioso hablar de claustrofobia cuando la novela se desarrolla en un paraje abierto y, sin embargo, es así. Los personajes están atrapados en mitad de la nada, con sus miserias y sus nuevos viejos vecinos que tienen unas vidas con años a las espaldas de amistades y rencores entre ellos. De ahí la claustrofobia de un lugar sin paredes que les atrapa como una tela de araña, ya que además el autor consigue convertir ese pueblo inventado en un personaje más de la historia, señalado una y mi l veces como responsable del carácter y las desgracias de los residentes. Y el lector lo cree, y descubre la hostilidad de Portocarrero en la mirada de cada uno de los residentes, en la forma que tiene de enseñar las uñas a los recién llegados y también al lector: esto será conocido como El crimen de Portocarrero, dice uno de los personajes en un momento dado en la novela. Y el lector asiente, porque es justo lo que estaba pensando.

     Agustín hace un trabajo fantástico a la hora de perfilar al puñado de personajes que componen la historia. Pronto los conocemos a todos y vamos descubriendo sus secretos, mientras aparece la abogada, Nora, como agente externo y mirada nueva que no tarda en descubrirse ante el lector como no tan nueva en estas lides. Todos áridos, como el desierto en el que viven, como Portocarrero. Como el fuego que arde para quemar una plaga. Como la forma de narrar del autor, que no tiene piedad ni cariño hacia sus personajes. Y nosotros, tampoco.
     De esta forma avanzamos en una narración que da pequeños saltos en el tiempo dejando piezas sueltas con las que componer un puzzle escalofriante sobre un suceso que tenemos presente en cada página. El padre angustiado, la niña señalada, los vecinos recelosos, la madre muerta... todos ellos parecen mirarnos mientras sus verdades se rebelan esperando que otorguemos el veredicto descubriendo qué sucedió realmente aquella noche. Y eso hacemos, giro tras giro, sin sorpresas sacadas de la chistera de un mago, con los pies en el suelo, pero sin dejarnos indiferentes, descubriendo flecos hasta cerrar la trama de una manera sólida.

     La mala hierba me ha gustado. Mucho en realidad. Iba sin conocer demasiado, apenas la sinopsis, y con el buen recuerdo de Monteperdido. Son novelas diferentes aunque tengan muchos puntos comunes. El principal es el buen hacer de su autor. Dicen que un escritor se la juega en su segunda novela, que es en la que demuestra si la primera fue suerte. Bien, en ese caso Agustín Martínez deja claro que tiene mucho que contar. Y yo espero que así sea.

     Y vosotros, ¿Con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ilustres raperos. David Foster Wallace, Mark Costello


     "¿Qué derecho tienen dos yuppies blancos a intentar hacer un muestrario de lo que es el rap?, se preguntaban David Foster Wallace y Mark Costello antes incluso que el lector. Eso es disparar rápido, maan."

     Si digo a estas alturas que me gusta David Foster Wallace, no estoy descubriendo nada nuevo, así que leer este libro era solo cuestión de tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ilustres raperos.

     Ilustres raperos es una obra menor, de hecho la primera de David Foster Wallace. Es un ensayito escrito con Mark Costello, compañero y amigo de la universidad justo antes de comenzar su doctorado. Ambos eran dos jóvenes en la veintena y DFW, que ya se había intentado suicidar una vez, aún no había escrito La broma infinita ni era el autor de culto en que se convertiría después. Sin embargo, en esta época, los dos estudiantes eran dos blancos de clase media fascinados por una nueva música que emergía con fuerza principalmente desde las clases bajas, el rap.

     Cuando a un o le dicen que se dispone a leer un ensayo que habla de rap, lo primero que teme es enfrascarse en una suerte de tratado sobre la poesía de las rimas de estas canciones, o tal vez una mirada al microscopio de cada una de las letras y la significación social de la denuncia que exponían (seamos sinceros, poco se esconde en el rap, ya que se  vomita cada palabra). O peor aún, la pantomima de dos estudiantes que mueven la cabeza al ritmo de una música que no comprenden pero sobre la que van a escribir porque es "cool" y ellos quieren ser "dope", si me permitis el uso de alguna palabra propia del género musical al que se refiere el libro.
   
     Ilustres raperos es un ensayo muy ligero que puede leer cualquiera incluso sin estar familiarizado con el estilo musical. Le ha faltado, quizás, un poco de profundidad a la hora de comentar sus orígenes. No ya los de las letras, sino el de las propias formaciones de las que hablan. Por lo tanto, y precisamente por eso es apto para cualquiera, este libro no deja de ser el testimonio de la fascinación de dos jóvenes por un tipo de música que defienden por valor y ritmo y sonoridad, como se defienden las cosas a una edad temprana y que les lleva a indignarse con aquellos que se vendieron a la industria por un puñado de dólares. Aerosmith es un ejemplo de esto que digo, a quien critica duramente. El libro es interesante, y lo es no solo por lo que nos aporta de este estilo musical, sino también por el recorrido que hace al momento social en que se escribe. Los noventa llaman a la puerta y es un momento que hoy nos queda atrás en muchos sentidos, pero también es lo que nos permite conocer un poco mejor a los firmantes y el círculo en el que se movían en aquellos tiempos. Porque no solo conocemos un poco de la música, sino también mucho de aquellos dos jóvenes autores.
     Ilustres raperos no es un tratado sobre el rap simplemente, entre otras cosas porque por mucha fascinación que se tenga por una música, hace falta mucho más para considerar a alguien un erudito, y también porque a DFW le falta la fuerza que encontraríamos después en gran parte de su obra. Y sin embargo merece la pena y mucho la lectura. Una lectura que nos provocará una sonrisa cuando veamos su indignación ante la forma de venderse un estilo de música y de vida, y leamos esa indignación mientras por la radio suena ese hip hop terrible al que ha dado lugar como evolución (o involución, esto es al gusto de cada uno) este estilo musical que tan fervientemente defiende el autor. Estas dos visiones, la de DFW y la de Costello, se complementan a la perfección en un libro que no esquiva temas como el racial, incluso en un momento en el que los blancos escuchan un tipo de música que tararean cuando la letra no es conveniente. Dando así un reflejo de la hipocresía, que sigue siendo actual, de quienes escuchan reivindicaciones, asienten con la cabeza, y pasan de largo.

     En su conjunto, Ilustres raperos me ha parecido un libro muy interesante que hará disfrutar a cualquiera. Pero particularmente a quienes guste la música, el rap o DFW. Y a este último le diría que su rap explicado a los blancos... está explicado por blancos. Y tal vez esa sea la mayor virtud de este título, pero también puede ser su mayor defecto. Eso ya es cuestión de opiniones y expectativas.

     Ensayo como género literario es una palabra mayor, suele echar incluso atrás a muchos lectores. Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con los ensayos?

     Gracias.

     PD.  Me encanta el desparpajo y la originalidad de Malpaso a la hora de hacer promo de sus libros, de animar a la gente a leer. Considero que han aportado una frescura que hacía mucha falta en el mundo literario. Os dejo como muestra su promo para este título.


jueves, 11 de mayo de 2017

Media vida. Care Santos


     "-¡Entra de una vez o empezaremos sin ti!
     Julia se introdujo casi reptando en la tienda hecha con sábanas que sus cuatro compañeras habían levantado entre las camas del dormitorio compartido. La llama de la vela central tembló, como saludándola. Buscó dónde sentarse, y Lolita, que siempre estaba atenta a todo, le hizo un hueco a su lado."

     Llevo años fiel al Premio Nadal, espero su resolución y también comparto su lectura con un par de amigos que son habituales. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Media Vida.

     Conocemos a Olga, Marta, Lolita, Nina y Julia cuando son niñas. Hijas del 36 las conocemos en 1950 ya adolescentes, amigas y estudiantes en un internado, mientras juegan una última noche a un juego de prendas. En parte por la vida y también por lo allí sucedido, sus caminos se separan, y tendremos que esperar a 1981 para ver cómo se reunen otra vez, poniéndose al día de sus vidas, y también de lo sucedido aquel día.

     "Care Santos ha escritor una novela para mujeres", han dicho muchas voces al leer este libro. Y en realidad dudo que eso sea cierto. Care ha escrito una novela en la que ha buscado homenajear a toda una generación de mujeres. Esas que son hijas de una época y adultas de otra tan diferente, que les puede llegar a desconcertar, mujeres que pueden ser hoy sus lectoras, o las madres o abuelas de dichas lectoras. Por eso conocemos a cinco mujeres tan diferentes: mujeres que van desde el ama de casa feliz de su papel, hasta la mujer triunfadora con un puesto más que envidiable. Mujeres dispares que tuvieron un punto de inflexión en sus vidas una noche hace ya muchos años, que no se han visto en décadas, y que, a medida que cogen calor, muestran que tienen en común pertenecer a una misma generación. Y así nos lo va mostrando la autora que, tras un comienzo impactante, va dando las versiones de cada una de ellas sobre la vida. Una vida en la que nos incluye, al medirla en sucesos de sobra conocidos. Estas mujeres, por ejemplo, comentarán la inminente boda del príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Dí, y desconocedoras de los resultados del enlace, harán sus cábalas al respecto. La música será otro de los elementos utilizados por la autora para contextualizar la novela en un pasado bastante reciente, ayudando así al lector a ubicar esa época de transición recién vivida y de sociedad que atraviesa cambios permanentes, un año, el 81, en el que el divorcio se aprobó en una ley sonada en nuestro país. Y lo vieron mujeres educadas en papeles severos y conservadores que, muchas veces, asistían desconcertadas a estos movimientos.

     Así es la novela que nos presenta Care Santos en la que hay dos momentos cumbres pasado el comienzo y que no desvelaré salvo que uno está hacia la mitad de la novela y el otro es el esperado final por el lector. Un final que me ha resultado un tanto precipitado en una novela extensa en la que, creo yo, no hubiera costado tanto darle unas cuentas páginas más a esta parte. En cuanto a los personajes principales, tengo que decir que es la parte que más me ha hecho reflexionar del libro, algo sucedía para que mi relación con ellas fuera ambigua, sin importarme demasiado. Al final y tras releer un par de partes, he tenido la sensación de que en su búsqueda de que cualquier mujer pueda encontrar al menos una parte de su reflejo en ellas, Care ha descuidado darles una marcada identidad a cada una, salvo tal vez a Julia. Eso provoca que con unos perfiles estupendos, no terminemos de encontrar carácter, demostrando que la profundidad y la vida, son conceptos que a veces se resisten a la pluma más certera. Una pluma que, tengo que reconocer, me ha gustado más en otros títulos pese a que mi percepción sobre este ha mejorado al reposar.

     Media Vida no es una novela para mujeres, es una novela sobre mujeres. Sobre madres, hermanas o abuelas que todos tenemos. Y lo hace en una historia que habla de la memoria y también del perdón ya sea dado, pedido o negado y la importancia que tienen para la vida.
Me ha parecido una novela fácil de leer, de esas en las que avanzas sin darte cuenta y para cuando quieres hacerlo estás en las páginas finales. Quizás un poco limitada en algunos puntos, pero realmente entretenida.

     El Premio Nadal cuenta entre sus títulos con libros como Nada que son inmejorables, a los que no movería ni una coma, y que no me canso de recomendar. Por eso os pregunto, ¿hay algún título de los que engrosan la lista de premiados que recordéis especialmente?

     Gracias.

martes, 9 de mayo de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir. Haruki Murakami


     "La mayoría de los escritores (calculo que alrededor del noventa y dos por ciento), y me incluyo a mí mismo, pensamos: 'Lo que yo hago o esscribo es lo correcto. Salvo unas pocas excepciones, los demás se quivocan, ya sea en mayor o menor medida'. Vivimos condicionados por ese pensamiento por mucho que no nos atrevamos a decirlo en voz alta. Aunque nos expresemos con cierta modestia, dudo que a mucha gente le gustara tener como amigo o como vecino a alguien así."

     Hay escritores cuyos nombres resuenan tanto que terminan por convertirse casi en personajes. Legiones de lectores, bromas sobre si alguna vez llegará al Nobel y anécdotas sobre sus peculiaridades, acompañan siempre al nombre de Murakami. Y hoy traigo a mi estantería virtual su último título, De qué hablo cuando hablo de escribir.

     Hace ya unos años que Murakami nos hablara de correr, centrándose en sus rodillas y convirtiendo su físico en el mundo, convirtiendo casi, la escritura, en un deporte. Ahora Murakami se deja de rodeos, o eso parece, y nos habla de escribir. Pero no nos engañemos, no son consejos que pueda seguir cualquiera porque en este conjunto de reflexiones, además de alguna estocada no exenta de sentido del humor en la que incluso reafirma clichés ya convertidos en chistes, habla más de su visión del mundo, que de la técnica o las formas. Murakami, siempre esquivo, quizás ha optado por un terreno más personal en esta obra, aunque sin excederse. Eso permite observar algunos de sus títulos con un ángulo un poco más cercano a la concepción del autor, que también dará pinceladas del mundo editorial que ha vivido y de la sociedad nipona. A fin de cuentas, Murakami lleva cuarenta años escribiendo, y viviendo de ello, algo tendrá que decir al respecto. Y sí, también habla del premio Nobel.

     Aquellos que se acerquen a este libro buscando una suerte de manual iniciático en los mundos literarios, no me cabe duda de que saldrán terriblemente decepcionados. Sabrán al finalizar que la constancia y el trabajo son primordiales, al igual que para cualquier otra profesión, y es que el autor, también deja ver sus obsesiones personales ya conocidas. Por todo esto me ha gustado el juego que Tusquets ha decidido utilizar en una cubierta que alude a la obra del autor, porque es una gran parte de lo que encontraremos durante la lectura: pistas.

     En mi caso, tengo que reconocer que me gusta más el Murakami de ficción que este otro capaz de alargarse para que al lector le quede claro un detalle, por pequeño que parezca. Pero me ha gustado igualmente la lectura. Porque es una lectura para lectores de Murakami, y solo ellos sabrán disfrutar de cada parte. El resto posiblemente se sientan decepcionados. Pero si os gusta Murakami, y si además sentís algún tipo de inquietud sobre lo que es escribir, entonces no lo dudéis, este es vuestro libro. Y mientras lo digo, dejo ahora la cubierta japonesa de lo que si será la nueva novela del autor, que bajo el título provisional "Matar al condenado" se publicará en dos volúmenes, el primero de los cuales salió a la venta en Japón a finales del mes de febrero. En España nos toca esperar...


     Murakami es uno de esos autores que despiertan odios y pasiones, pero pocas indiferencias. Así que decidme, ¿ya habéis conocido la pluma de Murakami? ¿Y de qué lado estáis?

     Gracias.

lunes, 8 de mayo de 2017

Saturno. Eduardo Halfon


     "Las cartas, padre, me llegaban un par de veces cada año. Yo estaba lejos en la universidad, pero usted estaba aún más lejos de mi."

     Las redes sociales, a veces nos permiten ver el proceso de construcción de un libro. En este caso incluso nos han dejado ver cómo se iban numerando los ejemplares. Y ese proceso en el que lo vemos nacer, a veces hace que se nos antoje. Hoy traigo a mi estantería virtual, Saturno.

     En poco más de sesenta páginas, Eduardo Halfon nos deja una carta en segunda persona, dirigida al padre.

     Este sería el resumen de lo que nos encontramos en Saturno, pero no tendríamos ni idea de lo que tenemos entre manos si nos quedásemos solo en ello. Porque Saturno alude al Dios que se comía a los hijos traídos al mundo por Rea y que amenazaban, tal vez, con destronarlo. Como tal vez cada hijo acaba por destronar a un padre y el padre se ve destronado en una suerte de visión premonitoria cada vez que mira a su recién nacido hijo. Y Halfon es ese Goya que lo reflejó en su cuadro y lo colgó en la ahora famosa Quinta del Sordo. Solo que Eduardo, lo refleja en palabras. Un torrente de palabras vomitadas de un hijo hacia su padre, cargadas de resentimiento por una vida de desunión y también un símbolo de todo lo que puede hacerse con palabras.
     El protagonista, escritor, se aleja de un padre que no comprende que quiera dedicarse a escribir, y se refugia precisamente en las palabras, como si se tratase de un reino lejano, de un padre tirano que le niega esas palabras incluso al escribir una carta. Y así lo expresa e protagonista; la madre, la palabra y el padre, la ley. Porque Saturno tiene tanto de poesía como de símbolo, y quizás por eso, aunque sea una prosa limpia y desbrozada de todo adorno, va minando el alma del lector que ve como se desgranan muertes literarias página tras página, unidas todas ellas por un nexo común cada vez más visible mientras la sombra del padre acecha tras cada línea. Consigue además que el lector olvide que es un libro, tal vez una carta inventada, y que crea a pies juntillas que la barrera entre el autor y el narrador se difumina por momentos, y entre un padre y otro, y entre el suyo (del narrador) y, finalmente, el nuestro. Incluso pensamos en nosotros. Y cada ejemplo, todos reales, cada palabra, se convierte en un pequeño golpe a los ojos que leen, al alma que siente. Solo de este modo se concibe que un libro que hubiera podido ser leído en el tiempo que uno tarda en observar un cuadro, permanezca grabado en la retina como las grandes obras.

      Creo que solo hay dos formas de enfrentarse a esta lectura. La primera es desde la distancia, observando un lento desgranar de desuniones, y temiendo el desenlace, incluso anotando anécdotas que luego buscar con detenimiento. O una segunda más arriesgada, sin distancia, susurrada, dejándonos llevar por lo que no dice para sentir el dolor y la rabia que habitan en el narrador y de este modo bucear en cada palabra no dicha. Y es que, al igual que el cuadro de Goya tiene muchas zonas oscuras que cargan de significado las figuras centrales, en este libro hay silencios escondidos que acechan entre comas, para coger a traición al lector.


     Si dijera que Saturno me ha gustado me sonaría a mi misma como superficial. Digamos entonces que ha sido una experiencia cercana, completa, en la que nada parece al azar. Y digamos que el tacto del libro, el sonido de los dedos al pasar por su negra cubierta, unido al texto, a la edición cuidada, han potenciado esa sensación de estar ante un desnudo, ante algo privado. No ha sido la primera vez que me acerco a las letras de Halfon, y tampoco será la última.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

        Gracias.

viernes, 5 de mayo de 2017

El carretero de la muerte. Selma Lagerlöf


     "Una pobre muchachita del Ejército de Salvación agonizaba enferma de tuberculosis, de esas rápidas y brutales que no se resisten más de un año.
     Mientras pudo, había continuado sus guardias y cumplido sus deberes; pero cuando le faltaron las fuerzas, fu enviada a un sanatorio."

     Siempre hay un placer especial al recuperar un clásico, y más a ún si lo que se hace es descubrirlo. Hoy traigo a mi estantería virtual El carretero de la muerte.

     Sor Edith es la hermana que agoniza en su lecho tuberculoso, y en él recupera el conocimiento para pedir que vayan a buscar a David Holm. Casi a la vez, un hombre agoniza sobre el césped de la iglesia, en la última noche del año, solo, cuando escucha el chirrido de una rueda. Cuenta la leyenda que quien muere al tocar la última campanada del año, ocupa el lugar del carretero de la muerte, siendo el lacayo de la misma, durante todo un año. El hombre que está escuchando esta última campanada, a punto de conocer su destino, no es otro que David Holm. Y su noche no ha hecho más que empezar.

     Encontré este libro por casualidad, con pinta de tener muchos años y con un epígrafe que decía, Premios Nobel. Desconocía totalmente el nombre de su autora, pero se me antojó. Y es que aún nos quedan muchos nombres por descubrir, apuntaría a que una veintena mínimo por cada uno nuevo que llega a nuestros oídos. Y así descubrí esta historia, que desarrolla alguno de los conceptos más clásicos del romanticismo literario. La bondad de la hermana y la vileza del hombre a punto de fallecer a lo largo de su vida, las buenas intenciones de Edith que condenan, sin que ella pueda saberlo, a la mujer que David Holm a seguir soportando tener a su marido a su lado, y los sentimientos que van creciendo en el interior de ambas mujeres. Y también la peripecia de Holm al recibir la visita del carretero, que resulta ser alguien de su pasado y que le enseña el oficio que está a punto de desempeñar, aunque se niegue en redondo. Estas son las premisas de una historia que se debate entre redención y crítica a los convencionalismos sociales que marcan pautas de comportamiento y que la autora desarrola de una forma clara y con pocas florituras salvo las distancias, apenas perceptibles, en el lenguaje usado en su época y en la nuestra. Añadiendo que, quizás por el tono o la temática, este libro encaja en la categoría de aquellos que, no solo han soportado bien el paso de los años, si no que además, empieza a favorecerles en el tono y las formas.

     El insólito dúo formado por Edith y David, lleva al lector a través de esta historia, cuyo mayor logro es la capacidad para ser visual a ojos del lector, sin que éste apenas se de cuenta de que las páginas vuelan en sus manos. Como lector diré que no pude evitar recordar en varias ocasiones, el conocidísimo Cuento de Navidad, quizás por la época del año en que transcurre o por la cercanía de la muerte, aunque es cierto que Lagerlöf tira en este caso de una leyenda muy distinta. Se da además el caso de que ambos comparten ese tono cercano al cuento solemne relatado al lector casi de tú a tú, como si se le susurrase una historia antes de conciliar el sueño.
     No hablaré del final, esa es tarea de quien quiera acercarse a un título clásico y desconocido, cuya lectura ha resultado un placer.

     Muchas veces, lejos de las novedades que resuenan con ecos de ventas, me gusta echar la vista atrás para recuperar títulos o descubrirlos, como ha sido este caso, muchas veces con la seguridad de que, pese a que yo no los conociera, algo tendrán sus letras cuando han superado los filtros más feroces hasta alcanzar ese status tan complejo: clásicos.

     Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a este tipo de títulos?

     Gracias.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuando llega la penumbra. Jaume Cabré


     "El día que maté a la primera niña entendí lo fácil que era, pero mi vida cambió desde entonces y no hubo marcha atrás; a partir de ese momento dejé de ser una persona normal, ya no podía, me había convertido en un hombre excepcional."

     Cada vez que tengo oportunidad, digo a quien quiere escucharme que Yo confieso es una de las mejores novelas contemporáneas que he tenido el placer de leer. Y he tenido que esperar seis largos años para recuperar la voz de Jaume Cabré y poder embarcarme en su siguiente título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cuando llega la penumbra.

     Esta vez estamos ante un recopilatorio de relatos, de los cuales dos ya habían visto la luz. El resto son completamente inéditos y de longitudes diferentes, con historias diferentes y dos nexos en común: el primero es que todos ellos están protagonizados por hombres. El segundo, es que cualquiera de ellos pueden ser los propietarios de la mirada que ilustra la cubierta del libro y es que, todos los relatos son una visión del mal.

     Siempre digo que es complicado hablar de un libro de relatos sin caer en la tentación de ir desgranando uno a uno cada sinopsis y estropeando así la percepción del lector. Baste decir que en esta ocasión, Cabré habla de asesinos, de refugios en cuadros, de confesiones que jamás serán desveladas y de pérdida del alma. Cada relato, y apuntaría a que no es trivial que comience con niños en un hospicio, es un paso hacia el mal que sus personajes albergan, hacia sus vidas, y también hacia la propia intranquilidad del lector que reconoce un tono solemne, y a ratos irónico, que se mantiene de forma constante en la obra. Casi pareciera que, independientemente de quien tome la voz, y voces que se diferencian perfectamente unas de otras, Cabré hubiera querido otorgar al conjunto un sentido de grupo, de muestra de lo que hay.

     Trece relatos y un epílogo, eso es lo que nos ofrece Cabré bajo el título Cuando llega la penumbra, demostrando una vez más que es un arquitecto de palabras. Y es que, con una ambientación magnífica basada en actos y almas más que en descripciones y lugares, nos deja su obra más oscura demostrando que es capaz no solo de extenderse en una gran obra como la citada al principio de esta entrada, sino también de condensarse en un puñado de páginas. Nos dejará con las ganas de que alguno de sus relatos fueran novelas completas, pero no porque nos falten datos, sino por el mero placer de seguir disfrutando de alguna de las historias. Yo, por ejemplo, me pregunté cómo había llegado cierto asesino al lugar en el que decidió que podía descargar su alma, y en qué modo exacto finalizaría la historia. Encontraremos también alguna pincelada irónica que lejos de buscar la sonrisa del lector, le hacen casi sentirse observado por el propio autor, como si esa ironía fuera destinado al propietario de la pluma y no del libro. Y es que, la sensación de ese ojo mirándonos que ilustra la cubierta del libro, se intensifica a medida que avanzamos historia tras historia.

     Me ha gustado, lo he disfrutado y he paladeado la prosa de uno de los mejores escritores contemporáneos que podemos encontrar dentro de nuestras propias fronteras. No me cansaré de decirlo: hay que leer a Jaume Cabré.

     Y vosotros, ¿me podéis recomendar a algún escritor patrio que consideréis imprescindible?

     Gracias.

martes, 2 de mayo de 2017

Círculos. Manuel Ríos San Martín


     "Al principio todo era caos y confusión, ciento y oscuridad -vocifera un telepredicador latinoamericano en un televisor 4K de ultra alta resolución-, pero Dios navegaba por encima de las aguas y dijo: 'Haya luz', y ¡¡hubo luz!!'.
     Varios monitores OLED de diferentes pulgadas iluminan una habitación en penumbra."

     Descubrí esta novela siguiendo una conjunta en twitter, y me llamó la atención. Al final, decidí comprarla y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Círculos.

     Estamos en Londres, hace ya unos años del Brexit y la tecnología sigue instalada en los hogares. Las televisiones, las redes sociales y los realitys son algo cotidiano para la población y, precisamente en uno de estos realitys, se televisa en directo la muerte de un concursante. Al otro lado de la pantalla está el segundo hilo, ahí conocemos a Patrizia, una joven con pinta disfuncional, un tanto asocial, que tiene una relación con un chico de buena familia. Patrizia quiere abrir los ojos del mundo.

     Círculos nace con una concepción cinematográfica y una clara vocación crítica frente a la sociedad actual. Para ello se vale del uso que hacemos de las redes, del morbo televisado que provoca que edición tras edición se repitan concursos y programas que se basan en el exhibicionismo de las miserias y el ridículo de las personas. Este es el Londres gris, por tiempo y por sociedad, en el que Manuel nos mete en su novela. Empieza acercándonos una muerte, que habrá que esclarecer, y que abrirá las puertas del mundo que no vemos detrás de las televisiones, y también de lo que los espectadores y usuarios quieren ver. La búsqueda del telespectador se asemeja a la búsqueda del seguidor en las redes, sin que importe demasiado a costa de qué. Y aquí entrará Jellineck sin tener claro que la muerte del concursante sea un accidente. Mucho para reflexionar, sobre todo los límites de una sociedad que puede llegar a dar miedo.
     Fruto de esa sociedad son personas como Patrizia, el otro eje sobre el que se mueve la novela. Patrizia vive entre monitores y es una rebelde que quiere cambiar esa sociedad que le ha tocado vivir. Y entonces se produce la convergencia, en un mensaje, para todos.

     Círculos es una novela ágil, que no requiere de demasiadas descripciones porque nos habla de un mundo conocido y en la que pronto olvidamos si estamos en Londres, Madrid o Barcelona. Ahí radica parte de su poder para enganchar al lector, la capacidad que tenemos todos de ver ese mundo con sólo pulsar un botón del mando a distancia. Es el arma de Manuel y no piensa desaprovecharlo, como tampoco hace el momento en que se publica, un momento en que plataformas de ficción entran en las casas, las pantallas brillan en cada habitación y los comentarios en las redes sociales convierten en TT la última entrega de Juego de Tronos o la pregunta sobre si habrá nueva entrega de Black Mirror. El resultado es una historia que se lee en un par de tardes, que lleva al lector sin apenas darse cuenta por una trama hoy actual y casi novedosa, que resulta francamente entretenida. Manuel Ríos ha sabido aprovechar el momento. Círculos es para ser leída ahora.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?