martes, 27 de junio de 2017

El jugador. Fiódor Dostoievski


     "Pero, en fin, había recibido su encargo: ganar a la ruleta de la manera que fuese. No tenía tiempo para pensar con qué fin y con cuánta rapidez era menester ganar y qué nuevas combinaciones surgían en aquella cabeza siempre entregada al cálculo. Además, en los últimos quince días habían entrado en juego nuevos factores, de los cuales aún no tenía idea. Era preciso averiguar todo ello, adentrarse en muchas cuestiones y cuanto antes mejor. Pero de momento no había tiempo. Tenía que ir a la ruleta."

     La satisfacción de ir a lo seguro es la que me lleva a "los rusos". Sé que pueden ser intimidantes, pero una vez los conoces se convierten en ese amigo al que sabes puedes confiar tus secretos: si coges un libro suyo, no te van a defraudar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El jugador.

     Será en la ciudad-balneario de Ruletenburgo, y si me lo permitís, le voy a reír la gracia del nombre al señor Dostoievski,  el lugar en el que conozcamos a Alexéi Ivánovich, contratado como tutor para un general ruso y su hijastra, Polina, con la que tendrá una historia de amor, y que esperan heredar una fortuna tras la muerte de su anciana tía. Sin embargo, una visita de la tía con el consiguiente descubrimiento del tipo de persona que es su sobrino, provocará que la anciana decida jugarse su fortuna en el casino.

      A veces, conocer un poco la vida de un escritor, explica el sentido de alguna de sus obras. Incluso las sobrepasa. Dostoievski por ejemplo, llevó toda su vida la marca de haber tenido un padre médico, trrible, que fue asesinado y torturado por un grupo de campesinos cuando él contaba con dieciocho años. Tal era el carácter del padre, que Dostoievski se sintió culpable por haber deseado su muerte antes de que esta sucediera, y tanto le marcó, que este fue uno de los gérmenes de Crimen y Castigo. Muchos años más tarde de esta muerte, siendo ya un escritor en la cuarentena y habiendo ya conocido el exilio Siberiano, paró en Wiesbaden, donde el sonido de una ruleta, le hizo detenerse ante una mesa de juego... y ganar diez mil francos. La ganancia fácil se transforma en pérdida terrible y dostoievski, convertido en ludópata, juega sin control alguno y se arruina en Baden-Baden. Y así, arruinado, jugador, y necesitado de dinero, comienza a escribir El jugador, consciente una vez más de saber de qué hablaba en su obra ya que la tuvo que escribir en menos de un mes, como consecuencia de una apuesta con su editor, para con el dinero que percibiera por esta obra, saldar sus deudas de juego.

     Decir que El jugador es una obra menor, tanto en calidad como en extensión, dentro de la producción de Dostoievski es tan cierto como injusto. Incomparable, porque no hay obra que soporte la comparación, con Crimen y Castigo, esta tiene motivos suficientes como para brillar por sí misma. Sobre todo desde la mitad del libro con la aparición de la abuela, o su parte final con la conclusión de la obra, es un deleite para cualquier lector, sea o no habitual de las letras rusas. Quizás, no voy a negarlo, resulte un poco apresurada la prosa de Fiódor en algunos momentos, pero es no quita que brille de foram casi permanente a lo largo de toda esta historia que es, como no podía ser de otro modo, mucho más que la historia de un hombre embaucado y arruinado en muchos sentidos.
     Alexéi muestra en primera persona las pasiones humanas, la compulsión del juego, pero a través de esta historia también somos testigos de lo que se esconde debajo del oropel de esa alta sociedad que se agrupaba en torno a este tipo de establecimientos. No solo eso, sino que el autor consigue en muchos momentos, que percibamos el sonido de la ruleta, casi despertar en el lector las ganas de estar ahí,y  quizás por eso, deja que estalle el ambiente con la irrupción de ese maravilloso personaje que es la abuela. Y lo hace cuando ya hemos sido presas de la locura de Alexéis y hemos sufrido y sudado con él sintiendo como se nos aceleraba el pulso en cada mano de juego. No es, además, la primera vez que el autor encarna la nobleza en su protagonista, para destapar el engaño y la hipocresía de esa sociedad rusa burguesa consiguiendo un retrato por el que, pese a todo, no pasa el tiempo.Como tampoco es la primera vez que tememos por uno de los protagonistas de la obra de Dostoievski y nos sorprendemos diciendo, en este caso, ¡pobre Alexéi!

     Me ha gustado el jugador, me han gustado Alexéi, la abuela, la relación con Polina y me ha sorprendido ese punto cómico del que ya nos advierte el autor al poner el nombre a la ficticia ciudad en la que se encuentran sus personajes. Desde luego, no es su mejor obra, pero si que me parece una gran opción para acercarse a sus letras.

     Y vosotros, ¿sois de los que os dejáis intimidar por los rusos?

     Gracias.

lunes, 26 de junio de 2017

Aviso de muerte. Sophie Hénaff


     "La comisaria Anne Capestan estaba peleando con la última remesa de impresoras defectuosas que le había concedido un departamento de suministros muy bromista. El aparato se emperraba en anunciar nivel de tinta bajo aunque Capestan acababa de cambiar el cartucho. Tras apretar todos los botones, la comisaria se rindió. No tenía nada de mucha importancia que imprimir. No estaba trabajando en nada de mucha importancia."

     La brigada de Anne Capestan fue la carta de presentación de esta escritora francesa que ha llegado a la literatura para quedarse. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda entrega de esta saga, se trata de Aviso de muerte.

     Recuperado el equipo de perdedores de Capestan, que tras su anterior éxito son más apestados que héroes por haber metido las narices dentro del cuerpo de policía, nos encontramos con que lo más emocionante que hacen en esa brigada es jugar al billar. Pero aparece el cuerpo de un policía retirado en un lugar cuyo nombre ha sido sobreescrito para convertir el escenario en algo perturbador, y el caso es asignado a la brigada de Capestan. Lejos de ser una oportunidad para brillar, es un encargo envenenado que puede también conducirles dentro del cuerpo, solo que esta vez tiene un componente personal: el muerto (el primero por cierto), es el ex suegro de la propia Anne. Mientas, otro hombre encuentra su nombre grabado junto a las fecha de su nacimiento  y muerte en un monumento a los caídos...

     Con un repaso más que rápido a los componentes de la brigada Sophie nos pone en marcha los recuerdos de la primera entrega de esta saga o nos deja ubicarnos en el caso de ser nuevos. Nada ha cambiado y todos, del gafe al que siguen sin arrimarse, a la "señora con perrito", están ahí formando parte de la más peculiar de las brigadas. Y con este rápido repaso, tras la aparición del cadáver, la autora nos pone sobre aviso: tenemos entre manos una novela policíaca, sí, pero también una novela con una gran dosis de humor. De hecho, y pese a las perennes comparaciones con Fred Vargas, yo creo que no venía mal advertir al lector, de que Hénaff tiene mucho también de Jussi Adler-Olsen y su saga Carl Mock.

     En esta ocasión, el equipo de Anne trabajará en colaboración con la Brigada Criminal, algo que escama al equipo desde el primer momento, y el hecho de que el cadáver encontrado sea precisamente el de Serge Rufus, comisario retirado de la Brigada Contra el Crimen Organizado y padre de Paul, no ayuda. El propio Paul le pide que no hurgue y saque cosas feas, colocando a Capestan en una situación difícil, ya que nunca tuvo una buena relación con ese hombre al que, en su día, calificara de auténtico animal. Esta vez, conoceremos un poco más a Capestan gracias a los recuerdos que la autora irá intercalando en la historia, al tiempo que descubrimos Serge no será la única víctima de este asesino tan meticuloso.
Hénaff se aprovecha de las peculiaridades de la brigada para convertir su novela en una rareza dentro de un panorama literario en el que proliferan las novelas policíacas, y, con ritmo ágil, y descripciones muy medidas, consigue las simpatías del lector hacia todos sus integrantes. Al igual que sucedía en la primera entrega, la resolución del caso se complica enredando al lector, sin perder esa constante dosis de humor que hace que, a ratos, no nos tomemos muy en serio el libro, para llegar a una conclusión satisfactoria dejándonos el sabor de boca propio de los libros concebidos para entretener.

     Aviso de muerte es una entretenida novela, escrita con mucho sentido del humor, a la que, la mayor pega que veo, es esa apariencia seria que parece imprimirle la cubierta elegida y que se aleja bastante del tono utilizado por Hénaff para relatar su historia. Una opción diferente a considerar para este verano y unos personajes a los que auguro una vida larga.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 24 de junio de 2017

Qué libros te llevarías...


     "El abuelo Vicenzo una vez me contó cómo se había salvado de un naufragio famoso. Le pregunté si se había librado porque sabía nadar. "No, cómo se te ocurre. Siempre he tenido más afinidad con las aves que con los peces. Pero la verdad es que tampoco sé volar." Su carcajada florentina resonaba en el patio como un carrillón, "¿y entonces cómo te salvaste?¿Muy sencillo: perdí el barco en Génova. Llegué al puerto media hora después de su partida asquerosamente puntual. Traté de conseguir una lancha que me llevara hasta el vapor (aún estaba a la vista). Para mi suerte, fracasé en el intento."
Mario Benedetti 

     Decía Eduardo Mendoza: Si tuviera que llevarme un sólo libro a una isla desierta, preferiría ahogarme en el naufragio. Pero es cierto que es una pregunta tonta que hacemos desde que somos pequeños, ¿qué te llevarías a una isla desierta? y elucubramos y nos damos cuenta de que no tenemos enchufes o pilas y le damos vueltas. Luego crecemos y vamos acotando y nos preguntan por nuestras cosas favoritas; ¿la comida? el tomate, la tortilla... ¿la bebida? la coca cola, ¿un color? el negro, el rojo si es en las suelas de los zapatos, ¿un libro?... Pregúntale a un lector por su libro favorito y, si es un lector empedernido, de esos que sudan tinta para elegir la siguiente lectura, no por elegirla, sino por sacar de ahí abajo de la pila de pendientes el título que se le antoja, y lo tendrás entretenido durante un buen rato.
     ¿Mi libro favorito? Para los nostálgicos será aquel que le hizo descubrir que era un apasionado de las letras, para los románticos fue su primer amor, regalado o escrito entre sus páginas, para los desmemoriados será el último que le hizo vibrar y para aquellos que escriben será el que les hizo pensar eso de "yo podría hacer algo así". Hay tantos motivos como personas y no hay una sola persona que tenga un único motivo para elegir un libro. La primera edición dirá el coleccionista, o ese que me firmó.. dirá el lector avezado y suertudo de haberse podido acercar. Y es que, no es justo elegir un único título cuando son tantos los que nos han acompañado, si acaso elegir el nombre de un escritor; porque eso si es más fácil, siempre hay uno al que volvemos, que nos acoge entre sus páginas, que no falla en sus letras y cuyos títulos esperamos apenas hemos cerrado su última historia. Dónde va a parar, todos tenemos ahora mismo su nombre en la punta de la lengua y, en muchos casos, la pena de no poder expresar lo que hizo por nosotros sin querer, sin saber...
     Pero hablábamos ahora del libro, que no de su autor, y también de la isla, como los niños, porque una forma de leer es soñar lo leído, volver a ese estado de imaginación infantil, ahora tomada prestada al escritor que tiene quizás más de niño que nosotros y por eso es capaz de plasmar sus sueños.

     Y así, con todo esto dicho, la pregunta es clara, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Serían libros ya leídos o correríais el riesgo de leer durante años algo que no os gustó, tal vez libros de esos que dicen tochos para que os duren más, y lo digo mientras sigo sopesando si es mejor incluir al menos uno no leído. ¿Y poesía? pero de la positiva, una isla desierta quizás no sea un buen sitio para poemas deprimentes... Decidme, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Y bueno, supongo que me toca responder a mi. Así que yo creo que si tuviera que elegir que llevarme a una isla desierta y reflexionando un poco sobre todo lo dicho me llevaría a...

     Gracias.

     PD: Si, es mi lado cotilla, el del lector que se asoma por encima del hombro, el que busca el libro con más marcas cuando va a casa de un amigo, el que no puede evitar mirar el título que compra la persona que está delante en la librería. Por eso es la pregunta, porque no me gustan las listas que hablan de novedades o de género de ventas hoy o hace un mes, me gustan las recomendaciones directas que hacen cierto eso de que hay libros que recomiendan personas. Dejad vuestros títulos. Juguemos. 

viernes, 23 de junio de 2017

Agua salada. Charles Simmons


     "En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó."

     No leo muchas historias de amor, pero algunas me atraen desde el primer momento. Eso sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Agua Salada.

     Conocemos a Michael en el verano de sus 16 años, estamos en 1963 y se dispone a pasar el verano con sus padres en una casa de Bone Pint, como siempre. Allí conoce a la bella Zina, hija de la señora Mertz, y cae fascinado en el embrujo de esta joven mayor que él que le engaña con la edad y le da vodka mientras descubre que acaso esté lejanamente emparentada con la nobleza rusa, como una suerte de princesa. Definitivamente, este no será un verano más para Michael.

     Visto así el argumento, es más que comprensible que sea el propio autor quien diga que con Agua salada ha saldado su deuda personal con la obra Primer Amor de Turgueniev ya que no resulta difícil identificar a los personajes, son básicamente iguales en su raíz, ni tampoco conocer por lo tanto de antemano el final de la historia. Sin embargo, no la desvelaré, no porque sea importante ser cogido desprevenido, sino por una cuestión de llegar virgen, al menos en parte, a cada una de las lecturas. Hablemos por lo tanto de amores de verano, primeros amores, pasiones y relaciones familiares. El rol de cada uno, su lugar elegido o impuesto y también la capacidad de cambiar el modo en que se ve cada uno cobran una fuerza inusitada en esta novela. Porque el libro trata un poco de todo esto, y cuando uno piensa que está ante una simple historia de amor o desamor, descubre que las relaciones familiares y el punto de inflexión que hay en el paso a la vida adulta en el que uno comienza a ser consciente de lo que le rodea, son los ejes principales de esta novela. Quizás por eso me ha parecido tan delicioso el paralelismo entre las dos madres y también la relación de Michael con la propia, uno de los grandísimos aciertos de esta novela, a mi modo de ver.
     Simmon ha sabido adaptar la historia a tiempos mucho más actuales, conservando todo eso y además, permitiéndose hablar de realezas rusas sin que nos resulte extraño. Casi al contrario, terminan de otorgar ese halo casi mágico que tiene el primer amor cuando se recuerda mirando al pasado.

     Todo está cuidado en esta novela, también el título que hace referencia a ese mar de indiscutible protagonismo, pero también al sabor que tiene una lágrima. Cada frase, cada pincelada, ha sido elegida con la necesidad de contar una historia sencilla que vaya desvelando esos pequeños secretos que creemos descubrir a medida que crecemos. Nos lleva con ritmo calmado por ese camino, ese verano, hasta que de repente, toda esa escruttura que nos ha mantenido seguros como niños, se desvanece de golpe dándonos la bienvenida a esa nueva vida. Y Simmons sabe hacerlo de la manera precisa como para conseguir que la unión de esta obra con aquel Primer amor, nos ea una comparación, sino casi un anexo, un complemento que nos ayude a comprender lo que ha escrito.

     Me ha gustado Agua salada. Me encantó Primer amor. No hace falta leer la segunda para sumergirse en estas aguas, solo saber que bebe de ella. Pero nada más. La historia se disfruta en cada letra. Y eso, en el caso de estas novelas retelling, me parece harto complicado. Así que animáos, echadle un vistazo. Pero con cuidado, cuando uno se mete en el agua, es imposible no salir mojado. Y eso es justo lo que le sucede al lector de Agua salada.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estos libros que beben de grandes clásicos?

     Gracias.

jueves, 22 de junio de 2017

La luz de la noche. Graham Moore


     "El día en que conocería a Thomas Edison, Paul vio a un hombre arder en el cielo de Broadway.
     La inmolación ocurrió a última hora de la mañana de un viernes."

     Siempre me han interesado las novelas que tratan sobre ciencia, y siempre he pensado que es un mundo que está poco aprovechado literariamente. Por eso me atrajo tanto esta novela y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La luz de la noche.

     Conocemos a Cravath, jovencísimo abogado prodigio contratado por George Westinghouse para defenderse del imperio eléctrico de Thomas Edison. Llega a una reunión con Edison y lo primero que encuentra en su camino es una electrocución, y con un Edison abiertamente hostil. Hay un frente abierto, por un lado Edison quiere defender su patente, por otro Westinghouse, quiere mejorar ese invento y exportarlo a todas las calles terminando de ese modo con la oscuridad nocturna en Estados Unidos.

     Hay épocas que parecen concebidas con la capacidad para ser noveladas, y una de ellas es finales del siglo XIX, Un momento en que los avances científicos cobraron velocidad gracias a la confluencia de unas cuantas mentes brillantes, que provocaría profundos cambios en el mundo a velocidad de vértigo. Quizás por eso, me gusta más el doble sentido que se le pude aplicar a esta novela en su título original, The last days of night.

     Moore aprovecha la época y se lanza con una novela de ficción histórica en la que no solo rivalizan Edison y Westinghouse por conseguir su objetivo, también lo hace Edison con el joven abogado que, al igual que él, parece vivir alimentándose de las victorias. En esta novela, en la que iremos dudando de quién existe y quién no, de qué sucedió realmente y en qué momento entra la pluma del autor para cambiar la historia, todo parece tejerse a ritmo de thriller con muerto en la primera página incluido, mientras se encadenan sucesos que bien pudieran por separado, tener sus propias historias. Y así es como descubrimos hechos que han quedado en el olvido o que, tal vez, directamente desconozcamos.
     Desfilarán además personajes como Tesla, y descubriremos no sin asombro que, pese a que la bombilla es patente de Edison, Westinghouse la mejoró e intentó patentar y de como ya en aquellos años, las demandas millonarias que ponían por valor de mil millones de dólares. Viajaremos descubriendo intrigas alrededor del término AC/DC (como el famoso grupo), lucha en la que veremos que entra, aunque no como contendiente, las sentencias a muerte.Nos tropezaremos con universitarios ilustres, alguno de los cuales colaboró en la educación de esclavos libres, descubriremos romances más que famosos y financieros cuyo nombre sigue sonando en nuestros oídos y, más aún, en la memoria más reciente. Moore deja clara su fascinación por la época y también por el carácter de los llamados genios en cada una de sus palabras, contagiando al lector que cae sin remedio fascinado ante los hechos que el libro nos relata. Tanto es así, que uno desearía poder asomarse a la época para ser testigo real y no dudar de la frágil barrera que se establece entre realidad y ficción. Porque hay cosas que dudamos, sí, pero quizás la mayor incredulidad es el momento en el que toca comprobar lo sucedido realmente, y descubrir que es mucho más de lo que hubiéramos esperado. Casi como si el autor hubiera querido decirnos como broche "amigos, siempre se ha dicho que la realidad supera la ficción, y ahora os voy a demostrar por qué", lo cual me lleva a pensar en la enorme cantidad de documentación que habrá tenido que reunir Moore para montar esta historia.

     La luz de la noche me ha gustado, me ha parecido un libro muy entretenido del que además estoy segura recordaré un montón de anécdotas que desconocía. He disfrutado con su lectura, y me ha dado a conocer una faceta de Graham Moore, ya que hasta ahora, solo le conocía como guionista. Ha sido, y nunca mejor dicho, un descubrimiento (perdón por el chiste).

     Y vosotros, ¿os gustan los libros que mezclan realidad y ficción o sois más de elegir entre uno y otro?

     Gracias.



martes, 20 de junio de 2017

Las tierras arrasadas. Emiliano Monge


     "También sucede por el día, pero esta vez es por la noche. En mitad del descampado que la gente de los pueblos más cercanos llama Ojo de Hierba, un claro rodeado de árboles macizos, lianas primigenias y raíces que emergen de la tierra como arterias, se oye un silbido inesperado, cruje el encenderse de un motor de gasolina y desmenuzan la penumbra cuatro enorme focos reflectantes."

     Tenía curiosidad por este libro. Desde la primera vez que lo vi en la librería, algo me atrajo de él. Y han sido estos días en los que he viajado un poco, que he aprovechado para sumergirme en sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las tierras arrasadas.

     Conocemos a Epitafio y Estela, dos enamorados que viven al margen de la ley. Pero no es la suya una historia de amor en la que estar al margen de la ley provoque suspiros románticos. En realidad su amor es lo único humano que les vemos, ya que se dedican al tráfico de migrantes que pasan por México camino de Estados Unidos.

     Empezar a leer Las tierras arrasadas en zambullirse en el tono de la novela, directo, sin adornos, y a la vez hermoso. Posee esa doble cualidad que caracteriza a algunos libros que terminan ganándonos tanto por cómo nos relatan la historia como por la historia en sí. Y eso sucede con este, solo que además está plagado de frases de esas que caen como sentencias ante los ojos del lector obligándole a sacar papel y lápiz y anotarlas. Y aquí justo termina la parte hermosa de la novela, porque el resto es una pura pesadilla que ya intuiamos al saber en las primeras páginas, que tal vez sea culpa de una tal Cementeria, que Estela, "una mujer armada con pedazos de otros cuerpos", no duerma.
Las tierras arrasadas es una historia de tráfico de migrantes en un país del que sabemos que la violencia es algo que le viene marcando a fuego. Solo que esta vez no se trata de narcotráfico, no, Monge se mete en algo mucho más crudo para relatar esta terrible historia, que no por terrible deja de ser real. La historia de esas personas que son despojadas de voz, de individualidad, de humanidad, mientras van camino de un sueño. México convertido en "la gran tierra lacrimante" en este libro en el que la vida no tiene valor alguno, convirtiéndose en ese terrible camino en el que es casi peor que la muerte. Tal vez por eso se les otorga a estas personas sin nombre un coro, en forma de voz doliente de todos aquellos que no la tuvieron. Efectivo, mucho más que lo habitual y que pasa por crear la historia de dos de estas personas para dar voz al colectivo. Porque Epitafio y Estela, pertenecen al lado de los malos. Son dos bestias despiadadas que ejecutan su labor en esta suerte de holocausto moderno. Y ahí, en mitad de tanta abyección, surge el amor. Y Monge utiliza ese amor, ese sentimiento humano y bueno por excelencia, para hacer el retrato de sus dos personajes. Un amor puro que es usado como arma arrojadiza por el lector, que no consigue en ningún momento conceder siquiera el beneficio de la duda a estas dos personas. Y así, nos resiente incluso que sean capaces de sentir algo cuando llevan una vida que demuestra lo contrario, incluso nos enfada. Y el amor se convierte en aquello que nos demuestra que no son personas, ni siquiera bestias. ¡Qué difícil ha tenido que ser concebir un paso así! Y aún más ejecutarlo.

     Me ha gustado Las tierras arrasadas. Forma parte de esos libros que centran el foco en realidades incómodas que preferimos no mirar. Y lo hace sin el brillo del celuloide, sin buscar un héroe que todo lo arregle, porque las cosas son así, y así es como Monge las relata.Escalofriante. Necesario. Y además, un buen libro, potente.

     Ahora que se acercan las vacaciones, tengo curiosidad por saber si elegís algún tipo de lectura específica para este periodo.

     Gracias.

lunes, 19 de junio de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami


     "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba maestro."

     No me suelen gustar las historias de amor, pero intuía algo más en esta novela. Por eso me atrajo. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El cielo es azul, la tierra blanca.

     Conocemos a Tsukiko na mujer soltera de 38 años que lleva una vida solitaria, sin amor. Un día se encuentra en una taberna a su maestro de japonés de la escuela y juntos comienzan a compatir vidas y soledades, experiencias: la mujer que se va, el compañero que se quiere acercar... sin saber que eso les va acercando a ellos.

     Resulta interesante que este libro esté escrito por una mujer ya que plantea situaciones peculiares de la sociedad japonesa. La protagonista es una mujer, por un lado liberada, que admite sin ningún problema su soltería, la pasión laboral sin importarle no tener tiempo ni ganas para el amor, y también su afición al sake que la lleva por tabernas en las que apenas comenta que haya mujeres. Una mujer liberada que se rebela contra algunos actos sociales, como el momento en que se turba al negar el acercamiento de un hombre de su edad, pero que sin embargo sucumbe al maestro con el que se encuentra. Sucumbe porque retrocede en todo lo ganado, y lo hace desde esa primera persona, ya que ella es la narradora. Desde los regaños mínimos, como el no saber servir la bebida, hasta temer ofender al hombre al que acompaña en un punto que oscila entre el respeto y el bajar la cabeza más que la mirada. Hay una suerte de rebeldía latente en la historia que lucha con el costumbrismo centenario que resulta francamente interesante.

     La novela en sí habla de esos encuentros que pasan por casuales y que tienen dos personas que parecen negarse la amistad que va aflorando entre ellos, ya que están acostumbrados a vivir en una soledad que reivindican pese a que ya dependan uno del otro. Dos personas que, narrado en la voz de ella, se añoran cuando están un par de días sin verse, y que descubren los sentimientos que pueden aparecer entre ellos, con más extrañeza que ilusión y, sobre todo, con mucha precaución, no sabemos muy bien si porque les asusta a ellos o porque temen asustar al otro. Y ello viene contado de la mano de Hiromi, que lo hace con las palabras justas, medidas como esos haikus que aparecen y desaparecen a lo largo de la novela. Da así la sensación de plasticidad, de hermosura en las letras, que parece ser habitual en la literatura oriental en la que el lirismo se desprende incluso de los títulos.
Una historia de amor, reza el subtítulo de esta novela. Y lo es. Quizás no al uso, no de la forma acostumbrada, pero si es una historia honesta. Más que del amor convencional, lo es del acercamiento, de las barreras, de los ciegos que ven y también de quienes no quieren ver, una historia de los primeros momentos y también de lo últimos, ya que la primera frase nos revela el final, inevitable, necesario. Porque hay historias de amor, que ganan al mirar atrás desde un futuro.

     El cielo es azul, la tierra blanca me ha parecido una novela hermosa, podría decir muchas cosas más, hablar de lo estático de algunas escenas, del ritmo lento, casi una cadencia, pero prefiero quedarme con lo hermoso que cuenta, y también en la forma de contarlo. Echad un vistazo, es diferente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 16 de junio de 2017

Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb


     "Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llegó la respuesta: acaba usted de comprar una librería... Hemos pujado con un dinero que no tenemos, y por una librería que está en una ciudad que no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto."

     ¿Quién, de todos los lectores empedernidos que circulan y paran delante de este espacio, no ha soñado aunque sea en ficción, con tener una librería? Pues por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mi maravillosa librería.

     Petra Hartlieb es una mujer normal, con familia y perro incluidos en el lote, que un día se enteró de que un negocio se ponía a la venta y decidió pujar. Y así, casi sin darse cuenta, o al menos sin haberlo reflexionado fríamente, se vio con una librería en una ciudad ajena a la suya, una deuda y un montón de trabajo por delante. Y esta es su historia.

     Poco sabía yo cuando estuve en Hartiebs Bücher, en Viena, que tiempo después iba a leer su historia en este amable librito de Periférica. Y supongo que poco sabía su autora cuando visitaba la ciudad, que se iba a encontrar como poseedora de una librería que se ha abierto con los años un hueco en el tejido cultural de esta gran ciudad.

     Comenzaba diciendo, y es así, que casi cualquier lector empedernido ha fantaseado alguna vez con tener una librería y convertirse en una suerte de Mendel capaz de recomendar el libro perfecto a cada lector, o haber leído al menos cada título por el que le preguntan. Y esta es la historia de quien tuvo que hacer realidad ese sueño. Y no, no estamos ante uno de esos libros de amor a la literatura, o pan y libro, en la que solo importa la satisfacción de recuperar un incunable o conseguir tal o cual título. Esta vez de lo que se trata es del proceso para formar una librería, narrado de una forma amable y sin esquivar algunos temas periféricos para el argumento, pero vitales para la vida de cualquiera. Es fácil, supongo, contar la vida con una sonrisa cuando ha pasado ya todo, las luchas y, aunque no lo diga, las noches de insomnio y vértigo, y ese es justo el tono que decide adoptar Hartlieb en esta novelita. Desde la aceptación que relata un poco rápida, hasta el banco que les otorga el dinero sin problema, pasando por la mudanza, las noches en casas ajenas, y la ausencia de tiempo que dedicar a la familia (tema que no suele presentarse en los libros, pero sí en la vida cotidiana de cualquiera que trabaje), la autora parece no despegar la sonrisa del lápiz en ninguna de sus líneas. Da además, la dosis de realidad de quien busca empleados, y la literaria de quien deja nombres y alguna que otra anécdota con la que calmar la sed de esos lectores que se ven atraídos por este tipo de títulos como polillas a la luz.

     Pese a contar una historia real y poder visitar el lugar si se visita la ciudad, no he conseguido despegarme una cierta sensación de fábula, precisamente por ese tono que deja fuera disgustos y contratiempos serios que hubieran borrado el aire positivo de la historia. Y es esa amabilidad la que provoca que uno no se detenga en su lectura y, en mi caso, bucee en las carpetas de fotos hasta encontrar aquella en la que aparece en el interior de una librería que un día visitó y hoy, sin haber sido buscado, estaba leyendo.

     Mi maravillosa librería es una novela entretenida y amable para amantes, y no tanto, de los libros.

     Y  vosotros, ¿alguna vez habéis soñado con tener una librería?

     Gracias.

jueves, 15 de junio de 2017

Los milagros prohibidos. Alexis Ravelo


     "Pues no sé yo decirle por qué los llevamos tan lejos, donde a Moisés se le cayeron las tablas de la ley. Eusebio, el Manoabierta, dijo que teníamos que ir a Fuencaliente y hasta allá nos llegamos. Así de simple."

     Así empieza la última novela de Alexis Ravelo, un escritor que ha sabido pasar por distintos géneros y estilos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los milagros prohibidos.

     Nos situamos en el año 1936, Semana Roja, isla de La Palma. Allí conocemos a Agustín, un hombre que ha tenido que huir y que añora a su esposa Emilia, de quien está enamorado. También conocemos a Floro, el Hurón, un falangista enamorado de Emilia que decide aprovechar la situación para vengarse de Agustín por ser él quien la consiguiera.

     Con este argumento, y pese a que muchos nos llevamos las manos a la cabeza cuando intuimos la Guerra Civil en una novela, juega Ravelo a construir su última historia. Una historia en la que la Guerra es importante, pero solo como excusa para sacar lo peor y lo mejor de las personas, en la que tiene el acierto de mostrar como se utilizó el conflicto para sacar venganzas y rencores en muchos entornos. Y por eso, lo que nos deja es una historia de amor, por hacer un resumen rápido, que se ve acompañada de buenos figurantes, como la madre del propio Hurón, y vestida con una serie de episodios testimoniales para cargar de dramatismo los hechos relatados.
     Cabe destacar, una vez más, el uso de personajes llanos, los sobrenombres, la cercanía que busca en cada una de sus historias, como si el principal objetivo del autor fuera recoger las historias de la calle. Y también el cuidado a la hora de elegir las palabras, utilizando los coloquialismos y vocablos que mejor le combinan a cada personaje, lugar y época, usándolos de este modo, como un añadido a la ambientación de la novela.

     Me ha resultado curioso como, pese a tener todos su papel definido en la historia, no hay buenos reales ni malos absolutos. O si los hay, solo que el autor decide no emitir juicios de valor anticipados, y dar un poco de luz a esos esqueletos de armario que la mayor parte de las personas guardan celosamente y que son proporcionados por la vida sin que podamos evitarlo. Eso hace que, por ejemplo y con el permiso de Agustín, el Hurón se alce como el gran personaje de esta novela, junto con un secundario llamado Juan que daría para un buen rato de reflexión sobre ideas, ideales, momentos y vida. Todo ellos hace que, pese a tener que colgarle el cartel de novela histórica, y sabiendo que no me gusten las etiquetas porque acotan dejando fuera muchas partes de un libro, sean en este caso los personajes lo importante, y la historia en sí, un accesorio casi secundario. Reconozco que, en mi caso, quizás me hubiera gustado más un final un tanto diferente, menos efectista, pero es un buen remate para una historia que sirve tanto para quienes ya conocíamos las letras del autor, como para quienes buscan un título como primer acercamiento. Y sí, efectivamente, es una novela sobre la Guerra Civil, solo que tal vez, o al menos en mi caso, nos queden algunas cosas por saber sobre ese periodo histórico no tan lejano de nuestro país.

     Los milagros prohibidos es una novela francamente entretenida, que viene a engrosas la trayectoria de un escritor que se ha hecho un hueco en los estantes a golpe de letra.

     Y vosotros, si os digo Guerra Civil, ¿cuál es vuestra literaria reacción?

     Gracias.

martes, 13 de junio de 2017

El seductor. Jan Kjaerstad


     "Jonas Wergeland tenía una relación relajada con el sexo gracias a su familia. Y no se trataba de conversaciones forzadas y tontas sobre las abejas y flores, nada de eso, en esa familia se hablaba de un modo mucho más concreto. Todos los chicos tienen una chica mayor a la que adoran como a una diosa, su Brigitte Bardot local, o quien quiera que sea la que la época haya elevado a tal categoría. Jonas y Daniel tenían a su propia hermana, Rakel, una chica completamente fuera de serie. Con los seis años de ventaja que les llevaba, Rakel fue una ayuda inestimable para sus hermanos, una especie de rompehielos que les abrió un canal en el hielo por el que ellos podían navegar."

     Sabía que era el primer volumen de una trilogía, y también el más celebrado. Y me atraía por lo diferente, los premios, por no requerir continuar la saga y, por qué no decirlo, por la cubierta. Hoy traigo a mi estantería cirtual, El seductor.

     Conocemos a Jonas cuando regresa a Oslo de la Feria Universal de Sevilla. Le aguarda una terrible noticia: su esposa, ha sido asesinada. Un hecho terrible que abre y cierra esta novela, ya que, a partir de él, descubriremos la historia de Jonas quien es, como promete el título, un seductor.

     La figura del seductor siempre ha sido atractiva, tanto para ellas que caen en sus brazos, como para ellos que miran con curiosidad, desprecio o envidia. El caso es que nunca pasa desapercibida y eso provoca un atractivo especial a la hora de dibujarla como personaje. Y Kjaerstad lo sabe y no aprovecha presentándonos a un seductor que se hace a si mismo, con familia humilde y tía que disfruta de conocer y plasmar el sexo masculino en diferentes lugares (todos los lugares), influyendo así decisivamente en su sobrino y naturaleza laboral mediática. Un hombre que, como gran parte de los seductores, tiene mucho de buscador de mujer capaz de seducirle, sin que ellos signifique no no disfrute del camino, o que vaya a lograr su meta. Y para terminar de redondear esta figura, llega el narrador que se dirige de forma directa al protagonista, como si le estuviera contando la historia solo a él, y provocando con esta familiaridad que el lector haga suyas muchas de las reflexiones y percepciones que nos presenta. Entre otras, la visión del personaje femenino, que uno podría pensar que se limita al trofeo, cuando lo que hace es presentarnos a mujeres fuertes que ganan en atractivo y belleza a medida que suman carácter. Y es que El seductor no es una relación sin sentido de conquistas que va de la mirada a la cama; es en realidad una suerte de álbum de fotos desordenado que irán reflejando la vida, sentimientos y reflexiones de un hombre de clase ahora media o alta en un país como Noruega. La vida relatada de un hombre cuyo trabajo consiste a su vez en retratar las de otros, creando una suerte de paradoja en la que el protagonista bien pudiera ser el participante de su propio programa llevado al género escrito. Y conocemos al viajero y disfrutamos con anécdotas de todo tipo, algunas incluso ridículas como una que incluye a un oso, trágicas como un accidente terrible, u obvias, ya que a nadie le sorprende que en algún momento aparezcan los celos de quien se ve víctima colateral de una dama seducida.

     Me parece importante resaltar que nuestro protagonista no será motivo de juicio por parte del autor, protagonista o lector, dejando a cada cual que una este puzzle de escenas de una vida y decida si el principio, y también final de la historia es o no merecido para Jonas, ya que no para su esposa Margrete. Y a mi, personalmente me ha convencido en su búsqueda eterna. Creo que es un personaje logrado que despierta sentimientos claros en el lector, muy por encima de lo que hubiera pensado al leer la sinopsis. Me ha hecho reí y entretenido, que ya es mucho, y he descubierto a un escritor al que pienso seguir la pista, y que, además de una prosa excelente, ha sabido aprovechar los personajes que pasan por la vida del protagonista, y también por lo tanto por las páginas del libro, para hacer de él una novela redonda.

     Me ha gustado El seductor. Seguiré con la trilogía aunque, efectivamente, no es imprescindible hacerlo, lo cual es un alivio ya que he mirado en la web de la editorial y no parecen haberlos publicado.

     Y vosotros, en las trilogías, ¿las empezáis al descubrirlas o preferís esperar a que hayan sido todos publicados?

     Gracias.

     PD. Hoy os cuento el final, ya que el autor decide hacerlo con premura, aunque lo haré de un modo distinto. Y es que me gusta una frase que el narrador le dirige al protagonista, y es esta:

Creo en tí.

lunes, 12 de junio de 2017

El momento de la sensación verdadera. Peter Handke


     "¿Quién ha soñado alguna vez que se ha convertido en un asesino y que vive su vida acostumbrada sólo formalmente? Entonces, en el tiempo que aún perdura, Gregor Keuschnig vivía en París desde hacía unos meses como agregado de prensa de la embajada austríaca. Ocupaba con su mujer y su hija de cuatro años, Agnes, un apartamento en el distrito XV."

     Hace tiempo que le tenía curiosidad a este título, tanto por referencias como por comparaciones. Finalmente le ha llegado el turno y hoy traigo a mi estantería virtual, El momento de la sensación verdadera.

     Conocemos a Gregor Keusching, empleado de la Embajada de Austria en París, encargado de anotar la percepción que se tiene en los medios parisinos de su país, cuando se despierta una mañana tras un sueño perturbador en el que era un asesino. tras este sueño, Gregor saldrá a la calle con una percepción muy diferente del mundo que le rodea.

     Ya solo con esta pequeña referencia a la sinopsis, parece clara la referencia a La metamorfosis de Kafka. Incluso el nombre del protagonista alude claramente a aquel otro que se despertara convertido en un espantoso insecto. Y si embargo, una vez que el protagonista se levanta de la cama y se pone en marcha, incluso en su propia casa, cuando ahbla con su mujer expresando la ausencia total de sentimientos, a mi me ha recordado mucho más a la archiconocida La nausea. Keusching se mueve y sale a la calle, y observa un mundo que apenas reconoce, incluso no se reconoce a sí mismo al verse reflejado en el retrovisor de un taxi. Keusching sueña que es un asesino, y que aunque a partir de ese momento nada tenga sentido en su vida ya que se ha convertido en un monstruo, ha de vivirla igualmente fingida, disimulando. Y a lo largo de dos días en su conciencia despierta, parece vivir esa vida inventada que describe de forma cotidiana y minuciosa, bajo una sincera mirada que se llena de desgana. Llama además poderosamente la atención, como París, esa ciudad que tiende a eclipsar las novelas ambientadas en sus calles, queda deslucida, en un segundo plano, convirtiendo al lector en un perceptor secundario de las sensaciones de este Gregor moderno que parece deambular buscando un sentido mientras observa desmoronarse su entorno sin que lo vea siquiera de ese modo. Sin que nada parezca importarle, al menos hasta que avanzamos.

     En El momento de la sensación verdadera, es, en realidad, la historia de un hombre en su búsqueda del sentido. Solo que Handke no deja ajeno al lector que puede verse afectado por el relato y descubrirse observando su propio entorno con esa mirada que otros hubieran tachado de cínica. Y es que, el gran acierto del libro, reside en la falta de cinismo, en la veracidad de lo expresado y sentido en la mirada de Keusching.
    El resultado es una disgresión sobre la vida, un autodiscurso de un hombre insatisfecho o tal vez el discurso temido de quien prefiere no hablar en voz alta. En todo caso, ha sido una gran experiencia lectora. Aunque ahora cuando e tumbo en la cama, con los grazos sobre la cabeza y las manos entrelazadas bajo la nuca, no puedo evitar pensar en los pisos que hay sobre mi cabeza y el peso de las camas, laspersonas, los armarios... Y todo eso me produce una intranquilizadora sensación.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 8 de junio de 2017

Tiempos románticos. Vladimir Nabokov


     "Martin volvió a experimentar una sensación que había percibido más de una vez en su niñez: una incontenible intensificación de todos sus sentidos, un impulso arrebatador y mágico, la presencia de algo, sólo por lo cual valía la pena vivir."

     Lo bueno de las librerías de segunda o cuarta mano, es que se descubren títulos insospechados, como uno de Nabokov del que jamás habías oído hablar y que te traes a casa con la sensación de hallazgo afortunado. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tiempos románticos.

     Conocemos a Martín, un joven idealista y enamorado de una mujer llamada Sonia, quien no duda en repartir rechazos. Martin está enamrado con esa pasión enfebrecida del idealista romántico que vive una historia de desamor al no ser correspondido.

     Estamos ante una de las nueve denominadas novelas rusas del autor, alguna casi desconocida, pero que merecen la pena porque permiten observar las diferencias entre las distitnas etapas de Nabokov.

     Hay escritores, pocos, cuya lectura es un placer por el simple hecho de disfrutar de sus letras, de sus simbolismos, de paladear sus palabras. Nabokov es uno de ellos. Y es que no puede decirse que Tiempos románticos tenga una trama precisamente original, ya que no falta ni el enfrentamiento por una dama, pero aún así su lectura es un placer del que no deberíamos privarnos. En este caso, por poner un ejemplo, las descripciones y simbolismos que van apareciendo en la historia, son un verdadero placer para los sentidos y es que, si alguien sabe colocar la palabra precisa en el lubar exacto, ese es Nabokov. Muestra de ellos sería, sin ir más lejos, el apellido del protagonista, Edelweiss, la flor del amor eterno que incluso figura como planta en un momento dado en la propia obra. Otra es el camino hacia el final del libro, del que nos va dejando pistas cuyo significado se va aclarando a medida que llegamos al final dotando a la historia de una luz nueva que la mejora. Y es que, cuando uno es joven e idealista y cae presa de una pasión casi obsesiva, no se permite las medias tintas. Y es justo eso lo que nos cuenta el autor de un Martin al que no siempre entendemos, pero al que comprendemos en cada momento, incluso en la vuelta al ya famoso risco. Martin se empuja, se atasca en su propia obsesión ante la que solo de quedan tres opciones; la resignación ante el rechazo, la máxima decepción tras no haberse resignado o.. bueno, la más trágica de todas. Y el autor está decidido a dirigirse con paso firme hacia una de ellas sin que suponga una decepción que veamos el camino desde aproximadamente la mitad de la novela. Porque, si bien Martin es todo un personaje, esta novela permite al lector adivinar sin que influya en su lectura.

    Tiempos románticos son los que todos vivimos cuando nos enamoramos, los que se entienden sobre todo en la juventud del primer amor, y también ha resultado ser una novela de uno de los grandes nombres de la literatura universal que parece sufrir esa desdicha de algunos escritores de "una sola obra". Hay mucho Nabokov más allá de Lolita. Y sería una pena que nos lo perdiéramos. Incluso en sus títulos menores, como posiblemente sea este, Nabokov siempre brilla. Quedan escritores cuya lectura es un placer siempre, trate sobre lo que trate el libro.

     Y vosotros, ¿tenéis escritores de esos de una sola obra o procuráis buscar al menos otro título alejado del que les dio la fama?

     Gracias.

martes, 6 de junio de 2017

Los casos de Horace Rumpole, abogado. John Mortimer



     "Yo, Horace Rumpole, abogado, a punto de cumplir sesenta y ocho años, letrado de poca monta en el Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales, comúnmente conocido como Old Bailey, marido de la señora Hilda Rumpole (para mí es «Ella, la que Ha de Ser Obedecida») y padre de Nicholas Rumpole (profesor de Sociología en la Universidad de Baltimore, siempre he estado muy orgulloso de Nick); yo, cuya mente rebosa de antiguos crímenes, anécdotas jurídicas y fragmentos memorables del Oxford Book of English Verse (en la edición de sir Arthur Quiller-Couch), además de un amplio conocimiento sobre manchas de sangre, grupos sanguíneos, huellas dactilares y falsificaciones mecanografiadas; yo, en la actualidad el miembro de mayor edad de mi bufete, tomo la pluma a mi avanzada edad en un momento de calma en el trabajo (no hay mucho delincuente por aquí, parece que los más notables villanos de Inglaterra se encuentran de vacaciones en la Costa Brava), a fin de intentar reconstruir por escrito algunos de mis triunfos más recientes (y ciertos desastres no menos recientes) acontecidos en los juzgados, y de paso conseguir algún dinero que no caiga de inmediato en manos de Hacienda, en las de mi ayudante Henry ni en las de Ella, la que Ha de Ser Obedecida, y quizá también de entretener un poco a los que, como yo, han encontrado en la justicia británica una fuente inagotable de diversión inofensiva."

     Tenía este libro en casa desde hace bastante tiempo, de hecho ni recuerdo si fue compra o regalo, simplemente apareció (algo similar a lo que le sucede, curiosamente, al protagonista con su esposa). El caso es que finalmente lo leí y hoy traigo a mi estantería virtual, Los casos de Horace Rumpole, abogado.

     Conocemos a Rumpole a lo largo de seis relatos que no son otra cosa que seis casos en los que ha trabajado. Como nexo de unión está su vida matrimonial, esa suerte de amor discutido con Ella, La Que Ha De Ser Obedecida además del tono mantenido en primera persona y algún personaje secundario. Ambientado en Inglaterra a finales de los sesenta recorrerá del divorcio al asesinato mostrando sus trucos mientras investiga para terminar en la sala de juicios.

     El humor inglés siempre ha sido una debilidad para mi. No iba a serlo menos en este caso, así que ha sido un placer conocer a Rumpole quien armado de ironía y sarcasmo nos dejará meter la nariz en seis de sus casos. No es un abogado importante, y no escatimará ocasión de demostrar que tanto las fuerzas policiales como los jueces, son, en el mejor de los casos, estúpidos o desinteresados en el noble arte de repartir justicia. Lejos del detective clásico, este hombre aficionado al clarete que necesita de su ingenio para sobrevivir, con una esposa temible y un hijo que parece querer seguir sus pasos personales, no tarda en ganarse el corazón del lector.
     Me sorprendió, tengo que reconocerlo, la ambientación. Supongo que por la cubierta, o por otros libros de la editorial ya leídos, tenía la idea por no decir la firme convicción, de estar ante una novela de corte victoriano. Nada más lejos de la realidad. El Londres que nos presenta Mortimer, el de finales de los sesenta, principios de los setenta es una ciudad accesible, de a pie, en la que, si corre el champán, es de marca blanca. Y me sorprendió, y reconozco que me gustó, que así fuera, como también me gustó no estar ante una suerte de Poirot capaz de deducir con su mente brillante cualquier enigma.

     El resultado es un libro francamente entretenido que se puede leer a la perfección como si fueran seis relatos, o como una novela completa en la que se suceden los casos. Encierra el reflejo de una sociedad muchas veces olvidada y mucha, mucha crítica social. Esta irá desde el matrimonio, hasta a las fuerzas de seguridad, pero siempre sin perder el sentido del humor en el que Mortimer demuestra ser un experto maestro.

     Muchas veces somos reacios a los relatos, y por eso, libros como este que funcionan casi como un híbrido entre los cuentos y la novela, son una perfecta opción para tantear el terreno sabedores de que vamos a disfrutarlo. Y vosotros, ¿os gustan los cuentos?

     Gracias.

lunes, 5 de junio de 2017

Fuego. Joe Hill


     "Harper Grayson había visto arder en la tele a un montón de gente, como todo el mundo, pero la primera persona a la que vio quemarse en vivo fue en el patio de detrás del colegio,
     En Boston y otras zonas de Massachusetts, los colegios estaban cerrados, aunque allí, en New Hampshire, seguían abiertos. Se sabía de casos en el estado, pero eran pocos. Harper había oído que retenían a media docena de pacientes en un ala segura del hospital de Concord, donde les atendía un equipo médico con trajes de protección de cuerpo entero y enfermeras armadas con extintores."

     No tengo del todo claro si tener por padre a Stephen King es una ayuda o un lastre a la hora de llegar a los lectores. No tengo duda de la puerta que puede abrir para entrar en una editorial, pero las comparaciones son constantes y encontrar el propio camino.. es ya es otra cosa. Un poco por eso es por lo que leo a Joe Hill. Y hoy traigo a mi estantería virtual, Fuego.

     Conocemos a Harper Grayson, una enfermera casada con un escritor, en un momento complicado para el mundo. Estamos en un futuro apocalíptico en el que la gente enferma de lago llamado "Escama de dragón" y termina por estallar en llamas. Ambos han hablado de la posibilidad de un final, como todos el mundo, cuando Harper se entera de que está embarazada. Su forma de pensar cambia enfrentándose a su marido, a la vez que descubre en su piel las primeras señales de haber contraído la peligrosa enfermedad. Es entonces cuando descubre a el bombero, un hombre que ha aprendido a controlar y dominar esta enfermedad e incluso utilizarla. Tiene que llegar a él.

     Es notable el cambio y rápida evolución de este escritor. Para empezar, Fuego es una novela que se aleja bastante de sus anteriores títulos, y además no le ha temblado la mano a la hora de escribir, dejando a sus lectores una vasta extensión de páginas en las que va derramando su historia. La enfermedad que plantea, es cuanto menos espectacular; escamas de dragón que se manifiesta inicialmente como una suerte de tatuaje en la piel en forma de escamas iniciándose así un proceso que finalizará cuando el infectado estalle. Hasta aquí, y pese a la espectacularidad y al hecho de convertir a sus enfermos en bombas humanas, Hill sigue las premisas de toda buena novela apocalíptica. Va desarrollando sus personajes, ayudado de un narrador omnisciente, y conocemos el desarrollo y los cambios que se producen en una sociedad, que se convierte en un peligro similar al de la propia enfermedad. El mundo gira, y hay escuadrones que cazan enfermos para confinarlos, las relaciones cambian, lo cotidiano deja de ser tranquilo. Y eso lo refleja perfectamente el proceso de conversión que sufre el marido de Harper, de una forma casi espeluznante. Es entonces cuando descubrimos esa suerte de campamento de refugiados que sobreviven y aprenden sobre la enfermedad. Pero Hill tampoco convertirá este lugar en un oasis. El mundo se ha vuelto un lugar cruel y lleno de extremistas, y también ese extremismo llega a los grupos más pequeños. Y tal vez ese sea el mayor acierto de la novela, el pesimismo. Posiblemente sea lo que la salve de ser una novela más y consiga aguantar la tensión de la historia hasta las últimas páginas.

     El resultado es una historia que sigue los cánones marcados en el género, incluida la conexión entre enfermos o las explicaciones y evolución de la enfermedad que salpican la novela. Se aprovecha de ello y de una protagonista con la que es fácil empatizar para hacer una crítica social sin tapujos y, aunque la novela tiene algún altibajo, es una lectura entretenida que despierta el interés en el lector que necesita saber qué sucederá hasta llegar a un final coherente con lo que nos había planteado.

     Me ha gustado. Lo recomendaría incluso como primera obra de Hill para quienes aún no se han acercado a sus letras. Les garantizo un buen puñado de horas de entretenimiento. Sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 1 de junio de 2017

La ola. Morton Rhue


     "El lunes introduje a mis alumnos de historia de segundo año a una de las experiencias que caracterizaron a la Alemania nazi: la disciplina. Les hablé acerca de la belleza de la disciplina; de cómo se siente un atleta al haber trabajado dura y regularmente para tener éxito en el deporte; de cómo se empeña un bailarín o un pintor para perfeccionar un movimiento; de la tenaz paciencia de un científico en la prosecución de una idea; acerca del poder del deseo; acerca del uso del esfuerzo físico para el logro de habilidades mentales y físicas superiores; acerca del triunfo final."

     Tenía este libro por casa desde hace una eternidad, pero no ha sido hasta hace unas semanas que me he animado a echarle un vistazo que se convirtió en lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual, La ola.

     Conocemos al profesor de historia Ben Ross. Está explicando el nazismo en una clase de adolescentes cuando uno de ellos le pregunta cómo es posible que los alemanes tuvieran un comportamiento semejante siguiendo una ideología tan atroz. Ben decide entonces llevar a cabo un experimento, la tercera ola, en el que la clase verá reforzada su unidad y se someterá a unas severas normas que restrinjan sus libertades. Pronto se da cuenta de que además de funcionar, empiezan a acosar a quienes no les siguen, y cinco días después tiene que suspender el experimento. Ha tenido demasiado éxito.

     Morton Rhue es un seudónimo de Todd Strasser, autor de libro juveniles. En este caso se basa en una historia real. En otoño de 1967 en un instituto de Palo Alto, California, un profesor de historia llamado Ron Jones recibió la pregunta de un alumno; "¿Cómo es posible que el pueblo alemán alegue inocencia a la masacre del pueblo judío?" Jones no tiene respuesta y así nace la idea del experimento, que llevó el nombre de The Third Wave. Lo que no se esperaba era la velocidad con la que su experimento caló entre sus alumnos que no tardaron en espiarse y acosar a quienes no cumplían las directrices. Tanto es así, que cinco días más tarde, el profesor tuvo que abortar el experimento para intentar frenar el monstruo que había creado.

     Si alguien se dispone a leer este libro, es vital que sepa que está basando en un hecho real. Ya sea antes o al finalizarlo, es fundamental que reciba esa información, ya que solo de este modo el tema tratado en el libro alcanza toda su dimensión. Supongo que por eso es un título de lectura obligatoria en algunos institutos, pero tampoco está demás como lectura adulta. Aunque eso es si nos referimos al tema, que es intranquilizador ya que abre de forma descarada la posibilidad a que la historia se repita. en cuanto a la calidad literaria en cambio, estamos ante un libro simple, con pocas descripciones y que va directamente a los sucesos. Es casi como si un testigo de primera mano nos estuviera relatando lo sucedido en aquel instituto y nosotros le apremiásemos para conocer el final con un: luego me cuentas detalles, ahora sigue, sigue... Y realmente así es como se siente el lector. Por una parte horrorizado ante la posibilidad que abre, y por otro con curiosidad por saber qué sucedió para que tuvieran que suspender el experimento. Dos personajes principales, sobre los que la historia bascula, y la idea de las sociedades en masa y la importancia del pensamiento propio y la individualidad. Y poco más aporta este libro del que buscaré su adaptación cinematográfica.

     Pero sigo diciendo; el tema es interesante. Mucho. Y casi aterrador. ahora le toca a cada uno decidir si con eso es suficiente para decidirse a leerlo. Y si lo lee, mirar luego alrededor... porque de eso se trata en esta historia.

     Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con libros basados en hechos reales?

     Gracias.


martes, 30 de mayo de 2017

El astronauta de bohemia. Jaroslav Kalfar


     "Me llamo Jakub Procházka. Es un nombre común. Mis padres deseaban para mí una vida sencilla, de buena camaradería con mi país y mis vecinos, una vida al servicio de un mundo unido en el socialismo. Hasta que el Telón de Acero se desplomó con sordo estruendo y el hombre del saco invadió mi país con su amor consumista y sus libres mercados. Antes de convertirme en astronauta, el hombre del saco y sus nuevos apóstoles me preguntaron si prefería cambiarme el nombre por otro más exótico, más occidental; más digno de un héroe. Rehusé. 
     Me quedé con el que tenía, común y sencillo."

     En este caso la propaganda funcionó. Al menos conmigo. Las comparaciones con Murakami unidas a lo extraño del título me convencieron. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El astronauta de bohemia.

     En el año 2018 una nube de polvo tiñe los cielos nocturnos de un color púrpura. Mientras las grandes potencias no se deciden a enviar a nadie a recoger muestras, los checos deciden enviar un cohete con un tripulante, Jakub Procházka, astrofísico, a Venus para intentar saber algo más de la misteriosa nube. Destinado a ser un héroe y levantar el orgullo de su país, Jakub se embarca en esta peligrosa misión.

     ¿Será o no será un libro de ciencia ficción? Esa parece la pregunta más frecuente en el lector que descubre este título dentro de una colección de una editorial que no suele prodigarse en estos temas. Así que quizás debamos de comenzar por ahí. Es un libro de ciencia ficción, pese a que la ciencia que explique el autor, poca, no es demasiado fiable, que que el protagonista viaja efectivamente al espacio e incluso hay un contacto extraterrestre. Y no lo es, puesto que no trata de una historia de ciencia ficción, es un libro en el que todo tiene su motivo y la soledad del protagonista además, hace que su vida pasada y su presente invadan la novela tanto, como la historia de su país. Y estos son en realidad los temas sobre los que se articula el libro.
     Bien, acabado ese punto que consideraba importante,entremos un poco en lo que nos deja esta arriesgada primera novela de un tal Jaroslav. Y empecemos por el título. Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, una tribu vagaba por el mundo buscando un lugar en el que establecerse. Esa tribu tenía un rey que falleció apenas llegaron a lo que es hoy Moldavia dejando tres hijas, de las cuales, una sería la encargada de heredar su poder. Y la elegida fue la menor, Libuse, que poseía el don de la profecía, y por eso fue proclamada reina. De ahí viene la República Checa pero no solo eso. La reina Libuse, cuentan, fue capaz de profetizar la fundación de Praga diciendo: Veo una gran ciudad, cuya gloria alcanzará las estrellas.
     Y ahí estamos nosotros viendo a Jakub intentando alcanzar las estrellas y con ello la gloria para su nación en una misión arriesgada que el autor despoja de todo glamour al hablarnos, cual anuncio insertado en serie, de los patrocinadores de una misión, que lleva consigo el olor a plástico de productos de dudosa calidad. Por eso es tan importante la historia reciente de la República Checa y se percibe un ligero tono satírico sobre esa ambición por recuperar la prominencia ya olvidada de un país. Pero no es lo único que se busca recuperar en este libro, Jakub también recupera la memoria de un padre informador, cuya vergonzosa memoria espera borrar el protagonista mediante su honrosa misión; e intenta además recuperar un matrimonio que hace aguas a todas luces por una misión no hablada lo suficiente y que ahora provoca silencios incómodos entre él y su mujer, que no se resigna a convertirse en "la que espera". Y si hablamos de silencios tendremos que pensar en uno de los momentos más divertidos del libro, la aparición de una suerte de araña con los labios pintados, de la que no desvelaré nada en absoluto.

      Con todos estos ingredientes y una prosa que llama la atención Jaroslav apuesta por una novela arriesgada y divertida en la que ni siquiera el nombre del cohete es al azar. Le ha faltado, como suele suceder en estas novelas que apuestan por la originalidad, un poco de determinación a la hora de poner nombre a las cosas, ya que hay un punto difuso que no llegamos a coger del todo dentro de esta crítica colectiva o individual, pero eso no empaña una lectura fresca y diferente que aporta realmente más de lo que en un primer momento hubiera pensado.

     Y vosotros, que ayer no os pregunté, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 29 de mayo de 2017

Manual de remedios literarios. Ella Berthoud y Susan Elderkin



     "Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente de los demás.
Para empezar, en él no se hace distinción entre dolor físico y dolor emocional; en sus páginas es tan fácil encontrar un remedio para la pérdida de apetito como lo es hallar la cura para la pérdida de esperanza."

     Hay libros que uno compra porque quiere tenerlos, incluso sabiendo que no es una novela, que no va a leerlo del tirón, dudando incluso de si lo va a llegar a leer algún día. Sí, esos libros existen, y se nos antojan y los necesitamos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manuel de remedios literarios.

     El ser humano es complejo, a veces un torbellino de emociones, otras una marioneta que se ve en el torbellino de emociones es la vida. Acusamos a semejantes de fríos cuando les vemos impasibles ante los golpes de la vida, ya sean alegrías o penas, y luego buscamos refugio para los que nosotros recibimos. Y los lectores, nos refugiamos en libros. Y es justo ese el momento en el que este libro comienza a ser divertido, por las curiosas asociaciones, unas más obvias que otras, que las autoras nos van ofreciendo. Yo, por ejemplo, no me sorprendí ni siquiera un poquito cuando vi que si uno se siente como un idiota por uno de esos reveses de la vida, Dostoievski puede ser la elección, o al menos la compañía adecuada. Pero sí que puse en serias dudas que lo mejor para la depresión sea leer a Sylvia Plath, exactamente igual que dudé de lo efectivo, pero no de lo divertido de la compañía, de Scott Fitzgerald cuando uno se siente un comprador compulsivo. Y así hasta cuatrocientas entradas que nos ayudarán con el Cándido optimismo o la ira, gracias a Hemingway. Nos explicarán que es muy importante tener emociones, usando como ejemplo el fantástico Jonnhy cogió su fusil como cura para aquellos que no sienten empatía. Y ojo, doy fe de lo efectivo del remedio ya que si uno no es una piedra, e incluso algunas piedras estoy segura de que también, sufrirá en su alma los devastadores efectos del libro. Veremos en La metamofosis el remedio cuando tenemos una cura de identidad y aprenderemos que en la vida el amor es importante, lo podemos buscar junto a Austen o curarnos tras un fracaso gracias a Nick Hornby y su alta fidelidad.
     Y así siguen desgranando las autoras de este libro los momentos estelares de la humanidad, paso a paso en cada vida cotidiana. La mujer del viajero en el tiempo como terapia o Chandler para hablar de bebida, citarán el acoso escolar y, como no, hablarán de adulterio en una larga lista que irá desde Madame Bovary hasta El verano sin hombres. No hay ni un solo momento de nuestra vida que se escape de este par de mujeres, enfrentándose valientemente, no como sucede en Matar a un ruiseñor, más apto para cobardes, a temas tan mundanos como la eyaculación precoz o la diarrea, sin olvidarnos de la gripe masculina, que es a todas luces mucho peor que cualquier otra gripe. Hablan de orgasmos y frigidez, nos presentan Las Venus de las pieles, en lugar de nombrar a Grey, y también de Sarah Waters o Alan Hollinghurst y su erotismo homosexual. Creo que con esta retahíla os podéis ir haciendo una idea de todo lo que aparece en este hermoso libro. Porque además de todo esto, además de las citas, recordarnos títulos, anécdotas, dar una visión un tanto diferente de los libros que ya hemos leído o no, sin importar si son clásicos o títulos actuales, el libro es físicamente hermoso. La edición está muy trabajada, la tipografía, las hojas que separan cada una de sus partes, y eso lo eleva a la categoría de tesoro o tal vez de manual de botica un tanto pasado de moda que uno luce con orgullo en el estante y conserva con cariño en la mente. Pero merece la pena y es, creo, un ejemplo de cómo la edición digital nos va a seguir privando de determinados placeres que el libro físico nos da.

     Las autoras estudiaron literatura y llevan desde 2008 "curando" gracias a la biblioterapia sin que por ello se crean médicos o afirmen que este libro sea un compendio de medicina o, líbreme Dios, de autoayuda. Pero sí es cierto que muchas veces el libro adecuado nos acompaña en los mejores o peores momentos de nuestras vidas, y le tomamos especial cariño al título que nos acompañó. Eso no creo que lo pueda poner en duda nadie a estas alturas. Y por eso, como tesoro, como curiosidad, como objeto o como pequeñas píldoras, recomiendo este Manual de remedios literarios. Por todo eso y porque además es una preciosidad. Sin olvidarnos de que a los lectores, con permiso de nuestro querido Don Quijote, los libros nos acompañan y nos sirven, más de una vez, para mantener los pies en la tierra una vez cerramos sus páginas.

     Y vosotros..., digo normalmente a estas alturas. Vosotros hoy, en realidad lo que me gustaría que pusiérais, es un título y el momento de la vida o estado con el que lo relacionáis. Eso si que sería divertido, nuestro propio manual para automediarnos literariamente. Yo, por ejemplo, para superar esos momentos de carácter adolescente que nos llegan de amigos, hermanos, hijos..., recomiendo El guardián entre el centeno. ¿Jugamos?

     Gracias.

sábado, 27 de mayo de 2017

Disfrutar de la Feria del Libro



     No cabe duda que la Feria del Libro de Madrid es todo un acontecimiento para todos los que somos lectores habituales, y también lo es para muchos ocasionales. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte, parecemos los grandes olvidados a la hora de hablar de la feria. Nos dicen lo que tenemos que leer, y parece que luego debemos de avergonzarnos si, en lugar de comprar ese libro tan bueno, hemos optado por hacer cola durante más de una hora bajo el sol, para que nos firme el libro otro nombre más conocido tal vez por ser mediático. Y yo reivindico que las ferias son para los lectores, y que si nos van a criticar luego porque "las cosas son así y qué le vamos a hacer" luego en las casetas, te dicen los libreros, que a la feria solo se llevan los más vendidos. Y tal vez eso influya en las cosas, o tal vez no,  pero es mi feria, y, señores, la paso como quiero. Y lo que es peor: la disfruto. Cada año. Y pienso repetir.

     Así que este año voy a mirar esos carteles imposibles que seguro se podrían hacer un poco más sencillos, hasta ver qué día me cuadran dos escritores que me gusten mucho, cogeré sus libros (y el plural no es por el par de autores, recuerdo haber ido a una firma con siete títulos del mismo escritor) y me dirigiré a la feria sin importarme lo que opinen. Una vez allí me daré un paseo, me compraré otro par (o siete) y sopesaré nombres y colas, y futuras oportunidades en mi ciudad, que nadie parece tener en cuenta, que hay escritores que luego puedes ver, y otros que no vas a tener cerca hasta, con suerte el año que viene. Y no, no creo que me compre novedades ni top ventas, yo quiero una feria con libros intermedios, con un rinconcito en la caseta en el que meter la nariz, aunque sea un rincón pequeño en cada una, en el que tropezarme con clásicos o alguna bonita edición ilustrada. No quiero listas que me digan qué libro comprar ni otras pasada la feria que lamenten que tal señor tenía dos horas de cola, mientras que el multipremiado señor apenas firmó cuatro libros en una tarde. Quiero disfrutar, que no me digan culto ni tampoco que no tengo valor o criterio o base, como decía mi profesor de matemáticas del instituto a los alumnos rezagados. Y es que, al final, cuando llegan estas fechas que son además el pistoletazo de salida del comienzo del verano, uno acude con toda la ilusión, cargado con una bolsa, crema solar y un botellín de agua, y sale de la feria feliz y agradecido por aquél escritor admirado que se tomó la molestia en mirarte a la cara mientras firmaba tu libro (me ha pasado que no me miren, y también encontrarme con quien pasa el tiempo con cada lector como si fuera el único sin pensar que le restan 20 u 80 personas en esa cola, sabedor de que el lector perdona la espera cuando su escritor admirado le trata de manera personal). Pero cuando van pasando los días, se da cuenta de que no todo el mundo acude con la misma energía y entusiasmo y que hay quien va y mide y sospecha y critica... una pena, si os digo la verdad, ver que no lo disfrutan como nosotros. Y me da igual si son lectores, escritores o periodistas, todos ellos deberían de disfrutarlo. Mínimo como lo hago yo.

     No voy a recomendar libros que comprar en esta feria, como tampoco lo hice otros años. Tampoco os voy a recomendar que hagáis unas colas antes que otras, sería tontería. todos tenemos nuestros gustos, filias y fobias y, en caso de recomendar algo, me iría a los clásicos o a esos libros que me entusiasmaron y parecieron pasar sin pena ni gloria, aunque no hace falta una feria para recordarlos. Pero en una feria es más fácil ver a Grey que a Unamuno, y eso ya lo sabemos todos. Así pues, disfrutemos, y que nadie nos diga a quién tenemos que ver o comprar y, muchísimo menos, leer. Es nuestra feria, sea en la fecha que sea, y en cualquier ciudad.

     Y vosotros, ¿sois de ir a Ferias del Libro?

     Gracias.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esperando a Mister Bojangles. Olivier Bourdeaut


     "Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
    - Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."

     Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.

     George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.

     Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
     Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.

     Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.

     Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.

     Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?

     Gracias.

     PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!
   


martes, 23 de mayo de 2017

Orfancia. Athos Zontini


      "-Abre la boca, por favor -Mi madre se acerca con el tenedor-. Venga, que se enfría la carne.
     Los perros están en un rincón, ambos con el rabo entre las patas. En el otro extremo de la mesa mi padre tiene los ojos fijos en el televisor. Corta un trozo de filete y lo mastica despacio, sin hacer ruido. Se le ensancha la garganta al bajarle la carne por ese largo cuello de pájaro. Cierro los ojos y mentalmente pido un deseo:¡ahógate, ahógate, ahógate!"

     No siempre que terminamos un libro estamos dispuestos a hablar de él, a veces, el libro se termina de forma física en un tiempo, y de forma efectiva tiempo después. Esto sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Orfancia.

     Un niño de ocho años, narrador en primera persona de la historia, nos relatará un año de su vida. Un año en el cual él se niega a comer perseguido por un terror interno: él cree que los padres engordan a sus hijos para comérselos. Y sin embargo, también será un año en el que comience a sentir hambre. Mucha.

     Si un orfanato es un lugar de acogida para niños abandonados o Huérfanos, el significado de la palabra orfanicia me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Recuerdo cuando leí el título la primera vez y me pareció una palabra hermosa... hasta que me puse a pensar que, por fuerza, orfancía tenía que significar húerfano de infancia. En ese momento comencé a pensar que podía ser una palabra engañosa, y el libro captó toda mi atención.
     Athos nos relata la historia de un niño de ocho años, dividida de forma estacional, y siempre bajo su única visión. Este niño no quiere comer, se ve distinto al resto, y "sufre" la preocupación de unos padres que solo quieren verlo rollizo y feliz. No sabemos de dónde le viene ese miedo, si leyó el cuento de Hansel y Gretel o si simplemente apareció un día de la nada. Pero es real. Aunque durante las vacaciones descubra que tiene mucho hambre. A lo largo de ese año descubriremos que comprendemos a los padres en su preocupación, y también la oscuridad que habita en este narrador. El autor dejará testimonio de maltrato animal, de acoso y de desesperación en un libro que puede descolocar al lector cuando le pone punto y final. Y es que Orfancia no parece, a priori, un libro fácil de digerir (si me permitís la gastronómica alusión).

     Hay libros que generan versiones de sí mismos en cada lector, casi libros paralelos. Esos son los libros que me gustan, los que interpretamos. Así que esto podría ser: mi interpretación de la historia.
     Si partimos de un título que juega con el significado y una historia que tiene un fondo en un cuento, ¿por qué no va a ser todo un cuento? Es más, seguramente verlo así sea la única manera en la que la anécdota literal, el negarse a comer, no se coma (¡ja!) a la novela. Entonces descubrimos que tal vez ese niño sea una suerte de Peter Pan que se niega a crecer como el resto, que parecen felices siguiendo las pautas marcadas. Es diferente, no aceptado desde el momento en que comienza su acto de propia rebeldía frente a una sociedad que nos engulle representada en los padres. A fin de cuentas son ellos quienes se encargan de introducirnos en la sociedad con sus normas y guías. Y con ocho años es cierto que comenzamos a ser conscientes de muchas cosas, descubrimos otras capas del mundo que nos rodea no siempre agradables, y también, queramos o no, comenzamos a sentir hambre, a relacionarnos, a tener cumpleaños y seguir normas sin dueño, a dejarnos llevar. Pensemos que tal vez no quiera ser como todos, que tal la novela vaya de eso, de esa rebeldía que choca con la necesidad de ser uno más. Y nos caerá encima toda la carga crítica que lleva: hablaremos de acosos y maltratos y también del "me preocupo por ti" como frase arrojadiza cuando las cosas no se explican, cuando eres pequeño y ese "es por tu bien" no suena igual que cuando se dice siendo ya adulto. Cuando no se comprende. Tal vez ese sea el camino, y Athos decida darle una vuelta de tuerca. Nadie dijo que por ello el protagonista tenga que ser bueno o caernos bien. Nadie dijo que si alguien no se adapta sea solo rebeldía, quizás es por no estar preparado... para eso está la sociedad. Y de hecho, el protagonista no despierta la simpatía del lector.
     El final, esa parte que me he encontrado criticada en tantas ocasiones, me ha parecido un broche perfecto. Nadie dijo que los finales tuvieran que ser felices, ni siquiera tranquilizadores, ¿o no es acaso de los finales de los que extraemos las moralejas de las fábulas? Y eso que, en realidad, tal vez los finales felices de algunos cuentos, den más miedo que aquellos que no lo son. En todo caso será labor del lector decidir si este final lo es, o no.    

     Yo me he encontrado todo esto en Orfancia, una novela cargada de simbolismos, casi una arriesgada fábula escrita para adultos, a rato con aires de thriller. Y os diré algo más; creo que, en este caso, el autor goza de un gran (y negro) sentido del humor.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os rondara la cabeza tiempo después de finalizarlo?

     Gracias.

lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."