jueves, 23 de marzo de 2017

Tres noches. Austin Wright


     "Todo se remonta a la carta que Edward, el primer marido de Susan Morrow, le envió a ésta en septiembre pasado. Había escrito un  libro, una novela: ¿le gustaría leerla? Susan se quedó desconcertada porque, aparte de las postales de Navidad firmadas "Con cariño" que le enviaba la segunda esposa de Edward, hacía veinte años que no sabía nada de él."

     Con la aparición de la adaptación cinematográfica de esta novela, recordé su lectura. Y eso me llevó en lugar de al cine, a releer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tres noches.

     Conocemos a Susan, una mujer de mediana edad casada por segunda vez, profesora y con un marido no demasiado perfecto. Y también a Tony Hasting, de edad similar, también profesor y también casado. Hasta ahí parece que no es nada extraordinario, salvo que Tony es el protagonista de la novela que está leyendo Susan, titulada Animales nocturnos. Y que el autor de esta novela es Edward, ex marido de Susan y del que no había sabido nada en los últimos veinte años. Susan comenzará la lectura de Animales nocturnos y le llevará tres noches.

     Estamos en la forma más literal de la metaliteratura, que es meter un libro dentro de otro. En este caso, el autor nos llevará a la lectura obligada de Animales nocturnos a la par que iremos conociendo a Susan y su vida en sus reflexiones durante la lectura de dicho libro. De este modo no solo la iremos conociendo, también a Edward, el autor. Ahí Austin nos dará la parte más psicológica del libro, mientras que Animales nocturnos será una novela que no da tregua al lector, convirtiendo a su protagonista en una más de la historia y obligándonos a pensar el propósito de esta. Encontramos también reflexiones literarias, lo que provoca el sentimiento de estar ante una novela híbrida que mezcla demasiados estilos como para poder encasillarla en una única etiqueta.
     En cuanto a las dos historias, lo tuve claro desde el primer momento, será Animales nocturnos la que lleve el peso de la novela negra, mientras que la parte protagonizada por Susan será más de atmósfera, psicológica. Y, posiblemente, el gran acierto del libro es convertir a través de Susan en lector activo a quien tenga el libro en la mano. Sin embargo, y pese a que la historia es muy entretenida y original, tiene un pequeño momento en que decae al final del segundo día, y del que se recupera sin llegar a alcanzar la frescura de las primeras páginas; quizás porque el final no es todo lo sorprendente que hubiéramos deseado. Con todo, uno sale de la lectura con la sensación satisfecha de haber pasado unas horas francamente entretenidas buscando el motivo y relación del curioso envío que recibe la protagonista.
     Los personajes son conocidos a la perfección por el lector y, en mi caso, se ha producido un curioso fenómeno, y es que no ha despertado mi simpatía ninguno de ellos. Lo cual, lejos de empañar la lectura, la ha convertido en algo mucho más interesante. Hacía tiempo que no me sucedía esto, normalmente mis afinidades suelen estar repartidas, incluso equilibradas y, aunque el protagonista no me agrade demasiado, encuentro otros personajes que situar al otro lado de la balanza.

     Tres noches es un libro diferente y entretenido, bien estructurado para que el lector jamás se pierda en sus historias entrelazadas que os recomiendo si buscáis una lectura que se salga de lo habitual. Eso sí, os aviso, no es tan negra como la pintan.

     Y vosotros, ¿recordáis el último personaje que despertó vuestra antipatía?

     Gracias.

martes, 21 de marzo de 2017

El valle del óxido. Philipp Meyer


     "La madre de Isaac llevaba muerta cinco años, pero no había dejado de pensar en ella. Vivía solo en la casa con el viejo, tenía veinte años, era pequeño para su edad, se le podía confundir fácilmente con un niño. Era última hora de la mañana y cruzaba deprisa el bosque en dirección a la ciudad; una figura pequeña y delgada con mochila, procurando que nadie lo viera. Había cogido cuatro mil dólares de la mesa del viejo; "Robado" se corrigió. La fuga del manicomio. Si alguien te ve esto va a ir en plan: "Silas, suelta a los perros.""

     Así comienza la última novela de Meyer, con una referencia al Julio César de Shakespeare. Y esta última novela en nuestro país, primera en realidad, es la que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de El valle del óxido.

     Conocemos a Isaac, un chico brillante que no pudo salir de su casa para estudiar por cuidar a su padre, y a Billy, quien con una beca deportiva también pudo salir de su hogar, pero tampoco lo hizo. Son dos jóvenes que no parecen tener nada más en común, hasta que el destino les une el día que deciden dejar su hogar, y les coloca en una situación que acaba con una muerte violenta cambiando sus planes.

     Sería muy fácil hablar de la Gran Novela Americana, de Steinbeck, De ratones y hombres y citar las frases cortas de McCarthy, pero son comparaciones demasiado manidas en la literatura. Meyer nos coloca en un pueblo de Pennsylvania, y con su frase el valle del óxido describe a simple vista el eco de un tiempo pasado que ha dejado ese color a lo largo de su paisaje. Viejas fábricas abandonadas, prisión, almacenes, maquinaria con herrumbre, ferrocarriles... eso es este valle. Y así son sus habitantes, que parecen condenados a no brillar, y si lo hacen, como la hermana de Isaac que consigue ir a Yale, condena con eso al hermano a quedarse cuidando del padre. Ese es el mundo que nos presenta Meyer, un mundo ya conocido al que tampoco aporta nada nuevo, sin necesitar hacerlo. De hecho, quizás el mejor recurso de toda la novela sea precisamente ese, su esfuerzo por mantenerse dentro de los cauces normales, evitando las extravagancias tanto como los clichés rurales americanos.

     Meyer divide el libro en seis partes, y va cambiando de personaje en los capítulos de tal forma que conocemos el entorno de nuestros protagonistas. Grace, por ejemplo, la madre de Billy, que es junto al sheriff Harris uno de los mejores personajes. Y es que ahí es donde Meyer me ha sorprendido, justo en este par y en su capacidad tanto para dibujar un personaje femenino, como para dejar al descubierto los conflictos internos de ese sheriff con dobles lealtades internas.

     Meyer utiliza frases cortas, breves, que agilizan la acción y se convierten en mínimas cuando se trata de personajes masculinos.  Y aún así, aunque sea común a cualquiera de ellos, establece sutiles diferencias cuando se pone en boca de cada uno. Pronto diferenciamos a Isaac, más culto, de Grace y sus preocupaciones, de Billy, leal... dando su rasgo particular a cada uno de ellos. Además al ofrecernos las visiones sesgadas de cada uno de los personajes, lo que consigue es otorgar una perspectiva común de quienes viven en un mismo lugar. Los protagonistas, por ejemplo, dispares pero unidos por sus deseos, las mujeres que toman diferentes decisiones y sus caminos... dando como resultado ese retrato común de decadencia y malas decisiones.

     Me ha gustado El valle del óxido, con mis peros, ya me ha sucedido antes con este escritor. Me ha parecido menos pretenciosa que El hijo, escrita con menos ambición, y por lo tanto más entretenida. Si uno no se para en los detalles, es una buena novela.

     Y vosotros, ¿os gustan las novelas desde varias perspectivas o preferís algo más lineal?

     Gracias.

lunes, 20 de marzo de 2017

El bazar de los malos sueños. Stephen King


      "Te he preparado unas cuantas cosas, Lector Constante; las expongo ante ti a la luz de la luna. Pero, antes de que contemples los pequeños tesoros artesanales que tengo en venta, hablemos un poco de ellos, si no te importa. No nos llevará mucho tiempo. Ven, siéntate a mi lado. Y acércate un poco más. No muerdo.
     Aunque... nos conocemos desde hace ya mucho tiempo, y sospecho que sabes que eso no es del todo cierto.
     ¿No es así?"

      Stephen King me gusta. Me divierte. Siempre ha sido así. Y eso hace que me sumerja en sus libros con una gran facilidad sabiendo que me dispongo a pasar unas horas de entretenimiento. Por eso tenía ganas de leerme estos cuentos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El bazar de los malos sueños.

     Esta vez el llamado maestro del terror nos deja una colección de veinte relatos, algunos inéditos y otros no aunque sí mejorados, que vienen acompañados de una pequeña introducción en cada uno de los casos. En ellas el autor se dirige brevemente a su lector contante antes de comenzar su cuento, que irá desde los más clásicos en su estilo, como Área 81, hasta otros que intentarán sorprender al lector, como es el caso de Ur, e incluso poesía.

     No voy a hacer una enumeración de cada uno de los relatos contando su título y resumen porque considero que eso haría un flaco favor al lector. Lo que sí puedo decir es que Stephen King ha recuperado en este libro al escritor que muchos conocimos en nuestra adolescencia a través de aquél formato granate de bolsillo. Y lo encontramos, ahí está en cuentos con niños y bicicletas, con coches monstruosos, con mensajes en arena... y pensamos entonces que ha vuelto ese Stephen King que ahora parecía haber abandonado a su lector de toda la vida para pasarse a lo que llaman liteatura más seria abandonando el género. Tal vez por eso todo el libro vaya dirigido a su Lector Constante, al que habla en cada prólogo explicándole en un tono que recuerda al ya añejo Mientras escribo, en el que le dirá cómo surgen las ideas, hablará de ideas fugaces, de influencias... y que es, podría asegurar, la parte del libro que más me ha gustado. Y es que creo que podría afirmar sin temor a equivocarme, que todos los que leímos Mientras escribo, nos aficionamos a los prólogos de los libros de King escritos por el propio autor. Textos en los que se dirigía a nosotros relatando alguna anécdota que podía tratar desde un paseo para hacer un poco de ejercicio con su perro, hasta un desayuno a la mesa de su casa. Y aquí ha sido generoso con esa parte. Gracias.

      Comentaba que también se acerca al poema en algún relato, y eso hace que me pregunté por qué no poner a un libro media docena de páginas más y dar la opción bilingüe en estos casos. Para saber qué ganamos y perdemos, para ver la rima, las palabras, lo sonoro. En mi caso, me quedo con esa curiosidad. Los poemas me han gustado, no es la primera vez que leo a King metido en estas lides.

      El resultado de El bazar de los sueños es bastante uniforme y compacto, aunque sigue lejos de aquel escritor que conocí. No hay bajones en la calidad de los relatos, aunque es cierto que no los he disfrutado tanto como hice hace años, con sus ... después de media noche. Me hago mayor, supongo. Pero me ha gustado. Tal vez incluso con un poco de nostalgia del lector que fui. Comentaré además, y esto ya es pasión personal, que me he reído con un detalle y os comento porque las curiosidades me pirran, y... bueno, cualquiera que siga mi Instagram sabrá que los zapatos también. Hay un cuento, Fuegos artificiales, en el que se nombra a un zapato cordobés para hablar de un tono de bronceado. Os diré como anécdota que estaría por apostar a que el señor King no tiene ni idea de lo que es un zapato cordobés, al igual que me pasa a mi, en cambio si uno le preguntase por un cordovan shoe las cosas cambiarían. King podría entonces explicar que un zapato cordován se hacer con un tipo de piel muy determinado y que se suele teñir de un tono marrón oscuro. Me sonreí pensando en cuantos deslices habrá que no veamos en cada libro que leemos. No es importante, es... una simple curiosidad que no afecta en nada a la lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
     Firmado:
     Un Lector Constante.


viernes, 17 de marzo de 2017

Léxico familiar. Natalia Ginzburg


     "Me llamo Natalia Ginzburg.
     Mi padre, Beppino, ama la ciencia y la naturaleza.
     Lidia, mi madre, disfruta en cambio con el placer de narrar. Tengo tres hermano y una hermana. Vivirán lejos y me bastará la ficción para saber qué les ocurre. Cumpliré con todos los ritos: nacer, crecer, reproducirme. Algún día moriré. También escribiré libros. Quizá, incluso, plante el cerezo de aquella primavera triste de Pavese."

     Tenía curiosidad por leer a Natalia Ginzburg y aproveché el aniversario para leer alguno de sus títulos. O al menos para comprar, leerlos.. poco a poco. Hoy traigo a mi estantería virtual, la primera de mis lecturas, Léxico familiar.

     Natalia Ginzburg, de apellido soltera Levi, nos presenta en este libro a su familia formada por un matrimonio y cinco hijos, en una casa inquieta y, como todas peculiar.  Conoceremos así a sus padres, Griuseppe y Lidia, un profesor más severo y una mujer de esas que gustaban a principios del siglo pasado. También a sus hermanos y hermanas, y a su marido Leone, de quien tomó su apellido. Se incluirán además las personas pertenecientes a su círculo.

     Dijo la propia autora del libro, que había que leerlo más como una novela que como una biografía, pese a que el libro sea un retrato familiar. Y es adecuado hacerle caso, ya que sabe bien de lo que se habla, posiblemente más que el lector, que de entrada se encuentra una colección de anécdotas que, lo primero que señalan es el motivo del título. Supongo que a todos nos sucede, y más en familias grandes o con tendencia a reunirse (me sirve también grupos de amigos) que una frase nos lleva a un recuerdo, y una vez que se relata siempre aparece otro ¿y recuerdas cuando...? y así en un bucle infinito de frases, y palabras, y momentos y recuerdos, que son como un léxico propio y común de las personas pertenecientes a ese círculo. Quizás por eso Ginzburg comienza hablando de todos y se va centrando en los cercanos, para que tengamos la sensación de ir colocando nombres y personas y saber perfectamente de quién habla pasadas las primeras páginas. Nos presenta a una familia en la que nos invita a ser uno más durante la lectura, y para ellos, casi parece olvidarse de ella misma como uno de los protagonistas. Sabremos más del resto, de sus sentimientos, del cambio de país, la severidad del padre que realiza algunos comentarios de esos propios de padre pero extraños a quienes no son sus hijos. Nos habla de política y de cárcel, de fascismos y de ideas recurrentes, y también aparece el mundo cultural en el que se integra ella con su marido. Nataliz Ginzburg es capaz de tratar su matrimonio, en la parte de los sentimientos de la propia autora, "dándole carpetazo en tres frases" y luego extenderse para que comprendamos, por ejemplo, que su gran amigo Pavese no superaría la muerte del marido de ella. O hablarnos de la muerte, anunciada y poco creída, de quien al final se quitó la vida.

     Léxico familiar es un libro de esos que llaman de lectura fácil, que parece comenzar como un compendio de anécdotas pero que, una vez cerrado descubrimos que sí hemos leído una novela. Una historia en la que si hay ficción no lo sabemos, y ahora ya no queremos que nadie nos lo diga, porque los personajes que aparecían y sabíamos personas, se fueron volviendo cercanos, les cogimos cariño. Nos invita de este modo a esa zona privada que solo comparten los íntimos, los afortunados, de algún modo los elegidos.

     Entiendo que guste Natalia Ginzbug. a mime ha gustado mucho. Repetiré.

     Y vosotros, ¿os acercáis alguna vez a la no ficción?

     Gracias.

jueves, 16 de marzo de 2017

La chica danesa. David Ebershoff


     "Su mujer fue la primera en saberlo.
     -¿Me harías un pequeño favor? -le preguntó Greta desde el dormitorio la primera tarde-, ¿Me echarías una mano un momento?
     - Por supuesto- dijo Einar con los ojos fijos en el lienzo-, lo que haga falta."

     Aunque había visto la adaptación cinematográfica de esta historia, no ha sido hasta hace unos días que he leído el libro. Y es que, a veces pasa que nos llega primero la película y descubrimos así una novela. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La chica danesa.

     Conocemos a Greta y Einar, dos artistas que forman un matrimonio que parece llevarse a la perfección. Estamos en los años treinta, en Dinamarca y, mientras él pinta el mar, ella personas, modelos, mujeres.. Un día en que su modelo falla, Greta decide pedirle ayuda a su marido, no dudando en solicitarle que se ponga ropa de mujer. En ese momento Einar descubre un mundo nuevo para él, un lugar en el que se siente realmente cómodo y bien, y también que él quiere dejar se ser él, y convertirse en Lili Elbe.

     Basado en una historia real, el autor elige la vida del primer transexual conocido de la historia para dejarnos una novela que se llena de sentimientos centrándose sobre todo en el apoyo y complicidad de este matrimonio. Y es que, es cierto que esta novela no tiene un asesinato, ni un misterio por resolver, pero no le hace falta. Sabemos de lo que trata, y también del camino que tendrá que recorrer su protagonista, pero quizás no seamos conscientes del todo de lo que supone hasta que no veamos como el autor, con una sensibilidad tremenda, explica esos primeros momentos de Einar. Cuando se viste, descubre la sorpresa de sentirse bien, incluso emoción, y también su propio rechazo, el miedo, la duda, ese volver... todo un camino hasta llegar a la aceptación. Y conseguir que el lector recorra este camino comprendiéndole, es el gran mérito de Ebershoff. no solo eso, además veremos la reacción de la mujer que tiene a su lado, una mujer que es consciente de que Einar desaparecerá para dar paso a Lili, y permanecerá a su lado, será su mayor defensora y también su mejor apoyo. Y a partir de este pequeño círculo, que mucho tiene de enseñanza sobre lo que es el amor y la lealtad, el autor abre el círculo y nos enseña a quienes se cruzaron en su camino. Nos habla de cómo se mudan a París, donde nadie sabe del secreto de Lili y de las salidas de estas dos mujeres. Y también de la medicina, porque el camino que recorre Einar para dar paso a Lili, también es un camino médico, en el que se encuentra además con todo tipo de reacciones. Algunas de ellas, parecen imposibles, pero no olvidemos que estamos en los años treinta...

     El personaje de Greta, poco explotado para mi gusto, me ha parecido realmente fascinante. Una mujer enamorada que ve cómo su matrimonio pierde sexo, como se va difuminando su marido, y le toca pensar que tal vez tenga que elegir si ayudarle a conseguir lo que realmente quiere, su deseo, a ser quien quiere ser.. aunque eso suponga sacrificar el matrimonio. De hecho, y sobre todo en un primer momento, aunque no exista rechazo por su parte, si que se nota una cierta frialdad y es que, aunque el entorno más cercano parece aceptar de buen grado la transexualidad de Einar, si uno se pone a mirar detenidamente, quizás...
    No voy a hablar del final, aunque es por muchos conocido al ser una historia ya famosa. Diré que se veía venir, y que el libro sigue siendo una historia sin sorpresas, porque tampoco las necesita. Como pega, le pondré un exceso de descripciones poco importantes frente a la necesidad que tuve de que ahondara en el tema en determinados momentos puntuales, como el camino quirúrgico que escogen. Con todo, me ha gustado mucho. Es una gran historia y está tratada con mucho mimo. Os animo a acercaros a ella.

     Y vosotros, ¿cuál fue el último libro que descubrísteis tras ver la película?

     Gracias.

martes, 14 de marzo de 2017

Todos deberíamos ser feministas. Chimamanda Ngozi Adichie


     "Me miró y dijo: Sabes, eres una feminista."

     Con este tema y esta autora, además de este precio, es difícil resistirse a echar un vistazo a lo que tiene que decir Ngozi. Y así, hoy traigo a mi estantería virtual, Todos deberíamos ser feministas.

     Vaya por delante que no estoy pensando en hacer una entrada sobre machismos y feminismos, porque no es este el lugar. Y si aviso esto, es porque a veces resulta complicado explicarse ante determinados temas.

    En este librito de unas cincuenta páginas, Mondadori recoge el discurso escrito por Ngozi cuando contaba con 39 años, y no era ni la sombra de lo que es hoy, que sería presentado por ella en una charla TED. En él, la autora habla de situaciones propias o que le son cercanas, para, de una forma coloquial, acercar lo que es la vida en la sociedad de una mujer, en este caso escritora.

     Temas a un lado, no cabe duda que estamos ante una obra menor de Ngozi, algo simple en su contenido y sus formas basadas en la anécdota, pero el mensaje queda igualmente claro: nos queda mucho camino por recorrer. Además, al estar construido sobre anécdotas, alguna de ellas lejana como las que nos hablan de la sociedad nigeriana, y otras no tanto, como son la parte sucedida en Estados Unidos, aporta al lector una visión diferente de dos sociedades en muchas formas opuestas.

     Entra además, en ese pantanoso terreno que supone el propio término de feminismo, que enfrenta muchas veces a unos y otros provocando curiosas declaraciones. Y es que no hay que confundir los usos que unos pocos dan a una palabra, con el significado de la palabra en sí. O como dice la propia autora:

     Y cuando hace tantos años busqué la palabra en el diccionario, me encontré con que ponía: 
"Feminista: Persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos."

     En resumen, y si esto es posible ante un libro tan corto, Todos deberíamos ser feministas es una obra que, si bien no es representativa de la autora, si que lo es de sus ideas, y de la sociedad en la que vivimos. Un conjunto de reflexiones que van calando en el lector por lo cercano, y que dan unas guías mínimas para quienes no se hayan adentrado aún en la temática. Pero, siendo honestos, se queda en la superficie, lo que puede provocar que para algunos sea insuficiente. Así que mejor tomarlo como lo que es, y disfrutar de su lectura. Merece la pena y... sigue siendo necesaria.

      El impronunciable nombre de Ngozi se ha acercado al gran público lector con mucha rapidez, ganando lectores a una velocidad insospechada. Así que decidme, ¿ya os habéis acercado a sus letras?

     Gracias.

     PD: Os dejo el vídeo de su discurso:


lunes, 13 de marzo de 2017

Recursos inhumanos. Pierre Lemaitre


     "Nunca he sido un hombre violento. No me viene a la memoria ningún momento en el que haya querido matar a nadie. Sí que he tenido ataques de ira de vez en cuando, pero nunca la voluntad real de hacer daño. De destruir. Así que, claro, estoy sorprendido. La violencia es como el sexo: no se trata de un fenómeno, es un proceso."

      Tengo mis roces con Lemaitre, es inevitable. Por eso me intriga y por eso precisamente le sigo leyendo, me cuesta definir un libro suyo con un simple bueno o malo, siempre hay peros. Por eso al ver este último título me lo traje a casa. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Recursos inhumanos.

     Conocemos a Alain Delambre, cincuenta y todos, cuatro años en paro. Ante fue director de Recursos Humanos de una gran empresa, pero los cambios, fusiones... hicieron que utilizara sus trajes para ir a la oficina de empleo. Y a cualquier empleo de los que le fueron saliendo; precarios, terribles. Alain tiene la suerte de tener a dos hijas adultas y emancipadas que se quedan al margen de su situación, pero no su mujer, Nicole. Ella está con él, a su lado... y cae por el mismo precipicio de precariedad que él, juntos. Cuando pierde su último empleo y parece que nada podría ser peor, una importante empresa le comunica que ha pasado la primera parte de un proceso de selección. Con el agua al cuello, Alain se agarra a esta noticia, conseguir ese empleo se convierte en algo vital, único, y parece dispuesto a todo. Pero, ¿y la empresa?

     Lemaitre comienza este libro con una situación que no es extraña, el desempleo. La desesperanza del desempleado que no encuentra manera de volver al mercado laboral, que ya ni se plantea siguiera hacerlo en el puesto para el que está capacitado y acepta cualquier cosa. Y ni así. Ese es el retrato que nos hace de Alain, su protagonista, en un comienzo relativamente lento que pretende que lector y protagonista se conozcan para el momento de comenzar la novela, el movimiento. Lo conocemos todo, la economía familiar, la que anima (Nicole), el que se desespera (él), las que permanecen a su lado disimulando como si no se dieran cuenta (las hijas). Y empezamos, Lemaitre calienta, fuerza las cosas en casa, el desánimo, la tensión: desesperación. Ese es el detonante antes de comenzar la lucha por el empleo, y ahí queda la pregunta que nos formula. Hasta dónde llegaría una persona por salir a flote, por un empleo, por revivir mejores momentos que no hizo nada para perder. Y la novela acelera, y su autor empieza a tensar el hilo de las situaciones, de la credibilidad. Nunca ha tenido problemas para sacrificar en cierta medida la credibilidad, cuando Lemaitre quiere, sabemos que exagera, es la parte de él que gusta o disgusta, la que le proporciona lectores fieles en realidad. Lemaitre nos mete en una situación rocambolesca, que podríamos quizás aplicar como fábula a otras cotidianas. Las empresas, los recursos humanos, la importancia del empleado para quien preside. Porque dentro de la marabunta de mentiras, uzis, gritos y desconfianzas, ese es el verdadero tema de la novela. La ira, la gota que colma el vaso de quien se ve abandonado por todos, de quien se convierte en nadie.

     Lemaitre nos deja una novela llena de giros y cambios de ritmo que se articula en torno a una prueba para conseguir un empleo. Dicho así puede parecer aburrido, pero nada más lejos, ni imagináis en qué consiste la prueba ni tampoco a dónde nos va a llevar el autor. El resultado es una novela muy entretenida, diferente, con la que, como esperaba he tenido mis roces. El primero ha sido el protagonista, nada importante, no hace falta que un protagonista me caiga bien, solo necesito que me transmita algo, aunque sean ganas de pegarle una patada en el culo, como ha sido el caso. Por cierto, gracias Lemaitre (quien lo lea, lo entenderá). Sin embargo, lo que si me ha costado ha sido mantener mi fe en lo que me iba relatando, y ahí se ha resentido la lectura. Irremediablemente. Una fractura que, lejos de curar, se fue agrandando dejando la novela en una historia entretenida, sin más. O con todo lo demás que ya os he contado y que siempre acompaña a Lemaitre, los matices.
 
      No me parece un mal libro para comenzar con el autor, es menos sangriento que su saga sobre Verhoeven, aunque mantiene ese realismo doloroso en algunas escenas que puede poner los pelos de punta al lector más sensible.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.