martes, 25 de abril de 2017

La bella Annabel Lee. Kenzaburo Oé



     "Un anciano obeso avanza con pasos apresurados, en la mano izquierda lleva una barra flexible de resina, de color rojo y peso considerable. A su derecha camina un hombre robusto de mediana edad, también con una barra flexible, de color verde, en su mano. El anciano prefiere tener su diestra libre porque en cualquier momento deberá sostener al hombre de mediana edad, que puede perder el equilibrio a causa de la cojera de su pie. La pareja con sendas barras pasa de largo, haciendo caso omiso a los curiosos que los observan cuando se cruzan con ellos.
     Al tener que dejar la natación por la arritmia que le acaban de diagnosticar, el anciano (que soy yo) se animó a acompañar a su hijo en los ejercicios para corregir su cojera, siguiendo los consejos del entrenador, que le recomendaba caminar todo lo que pudiera."

     La experiencia de leer a Kenzaburo Oé es inolvidable por lo hermoso, por la mezcla, por lo distinto. Por eso no suelo faltar a sus citas y ya voy conociendo algunas de sus querencias, que hoy intentaré dejar escritas. Hoy traigo a mi estantería virtual, La bella Annabel Lee.

     Decir, en primer lugar, a quien conocemos en esta novela, podría parecer fácil, pero hay también que desentrañar los misterios de la línea que separa realidad y ficción en ella. O tal vez no haga falta y eso sea lo menos importante, pero sí hay que saber que no es todo del todo cierto ni tampoco es totalmente mentira. No obstante conocemos al propio Kenzaburo Oé, protagonista y narrador de esta novela, que pasea en las primeras líneas junto a su hijo Ikari. Oé ha dedicado su vida no solo a escribir, también a cuidar de su hijo, hoy ya un hombre adulto y con una sensibilidad especial para la música, que nació con lesiones cerebrales. Y juntos van paseando, cuando se produce un encuentro nada fortuito con Komori, a quien no veía hace treinta años, tiempo en el que este último se ha convertido en un productor cinematográfico reconocido. Ambos comienzan a hablar mientras Komori recuerda a Sakura, actriz que protagonizara siendo casi una niña la adaptación cinematográfica del poema de Edar Allan Poe llamado Anabel Lee. Komori va convenciendo a Oé de que se involucre en un nuevo proyecto mientras comienza a repasar estos años de ausencia en los que él no se ha separado de Sakura que parece arrastrar un trauma referente a dicho rodaje.

     Simplificando mucho, y sin querer aportar más datos al menos de momento, este sería el argumento de la última novela de Kenzaburo Oé, en la que rinde un homenaje al poema de Poe, que existe, y mezcla realidad y ficción en los tres momentos temporales en los que ha decidido fijarse. De la juventud a Annabel Lee y deteniéndose en el momento actual de la narración, despliega sus artes para lograr un impacto visual cargado de sensaciones que el lector recibe sin apenas darse cuenta. Son particularmente intensos los momentos en los que habla de sí mismo ya anciano, esa secuencia de fortaleza de quien es consciente de ser necesario a cualquier edad, por un hijo del que no se separa. Casi una herida latiendo en cada letra cuando se pone en boca de su amigo el recuerdo de una caida, un ataque, una protección feroz hacia su hijo. Y seguimos sin haber avanzado más de un par de páginas, pero ya hemos descubierto lo que es leer a Oé.
      El nuevo proyecto en el que embarcan al protagonista irá mezclándose con los intereses personales de Oé, cambiando y entusiasmando a una Sakura que irá recordando aquel trauma oculto.Y es que Sakura, esa mujer a la que Komoro nunca ha dejado de mirar o casi tutelar en la sombra, se perfila a grandes ratos como el andamiaje sobre el que se articula la novela, aunque eso solo sea cierto cuando le convenga a su autor.

      Todo esto que puede parecer complejo, Kenzaburo lo simplifica a la vez que mantiene firme esa voz que lleva una narración dinámica en la que, aunque descubramos alguna sorpresa antes de tiempo, no dejaremos por ello de disfrutar del estilo del autor. Tocará además temas ya conocidos en él como son los momentos sociales, la moral, la lealtad y la amistad, dotando a la historia con todo esto, de una especial sensibilidad a la que el lector no puede ser inmune.

     Ayer hablaba de un Premio Pulitzer y hoy traigo a un Nobel, parece que sí son importantes los premios más allá de las críticas que generen.
     Y por cierto, ahora que ya estamos con la resaca del Día del Libro, ¿qué libro os llevasteis a casa?

     Gracias.

lunes, 24 de abril de 2017

El simpatizante. Viet Thanh Nguyen


     "Soy un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras. Previsiblemente, quizá, también tengo dos mentes. No digo que sea ningún mutante incomprendido salido de un cómic ni de una película de terror, aunque hay quien me ha tratado como si lo fuera. Simplemente soy capaz de ver cualquier cuestión desde ambos lados."

     El Premio Pulitzer es uno de los que siempre sigo con interés. Que cayera sobre una novela de espías fue una grata sorpresa y eso me llevó a esperar con ganas su traducción al castellano. Hoy traigo a mi estantería virtual, El simpatizante.

     En 1975 la caida de Saigón es inminente, y entramos de la mano de nuestro protagonista/narrador en la casa de un general del ejército vietnamita en un momento importante: se despide de su vida. Él y un puñado de compatriotas, entre los que se incluye al capitán que relata la historia, volarán para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Lo que nadie parece saber, es que nuestro capitán es en realidad un espía que irá pasando informes con la frecuencia adecuada.

     Cuando leí las primeras frases de El simpatizante, me vino imediatamente a la cabeza el libro El hombre invisible de Ellison que comenzaba diciendo: Soy un hombre invisible. No, no soy un trasgo de esos que atormentaban a Edgar Allan Poe ni uno de esos ectoplasmas de vuestras películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso podría afirmarse que tengo una mente... Era un comienzo directo, sonoro, frontalmente dirigido al lector, y no pude evitar pensar que tenía algo bueno entre manos. Era consciente, por supuesto, de las diferencias en el tono, un poco más arriesgado, casi irónico, como si el narrador buscara romper esa cuarta pared que separa la obra del espectador, y que será uno de los grandes puntos fuertes de la novela. Y así conocí a este narrador sin rostro ni nombre, que parecía decidido a relatar una historia sobre la guerra de Vietnam que me resultaba desconocida, pese a que tanto la literatura como el cine están repletos de historias sobre la Guerra de Vietnam.

     La fuerza del libro está precisamente en su protagonista y narrador, un hombre inteligente y consciente de las divisiones que tiene en su interior y que, posiblemente, estén arraigadas a su alma desde el momento en que fue concebido: hijo ilegítimo de un francés y una joven vietnamita, pronto comprendemos que no ha encontrado un único lugar y que esa constante división que tan bien le viene para su trabajo como espía, es algo que ha llevo dentro siempre, lo cual, unido a su educación, era un camino sin retorno hacia la vida en la que le conocemos. De este modo y con un arranque interesante y dinámico, nos metemos en la historia de Nguyen que, si bien mantiene un ritmo irregular superado ese comienzo, nos hará dudar sobre si estamos ante una novela de guerra, de inmigrantes, de denuncia... Y todo ellos sin perder ese tono que comentaba al principio, esa ironía que tiñe toda la novela, y que será el motor de una historia a la que, como fallo, le señalo la incapacidad que ha tenido en mi caso, para despertar sentimientos personales por quienes la protagonizan. Esa corriente que fluye en determinadas lecturas entre protagonista y lector y que he echado en falta en esta historia. Quizás sea buscado así por el autor, ya que la ambivalencia de las lealtades del capitán ponen muy complicado al lector decidir el juicio que emite sobre él y su forma de actuar, o precisamente para evitar esa inmediata condena que se otorga ante la palabra espía en muchos de los casos. Pero eso, unido a la sensación de estar ante algún que otro soniquete mil veces trillado ante determinados temas, creo que le pesan bastante a una novela que, en otro caso, brillaría por la forma de retratar un pasado del que aún parece quedar mucho que contar.

     Me ha gustado El simpatizante. No diré que me ha entusiasmado y tal vez sea porque esas primeras páginas hicieron que esperase más de una novela que se queda en buena pero no llega a excepcional. Aunque claro, la novela se ha llevado un Pulitzer, así que esto tan solo es una opinión. Como siempre, leed y juzgad vosotros mismos. Lo cierto es que merece la pena.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     Las guerras nunca mueren. Solo duermen.

miércoles, 12 de abril de 2017

Vacaciones


     Una entrada corta para deciros que comienzan las vacaciones en el blog, unos días para leer en los que iré comentando las lecturas y mostrando los libros en twitter e instagram.

     Disfrutad y decidme vuestros libros para estas festividades.

     Gracias.

     PD. Pinchando en el nombre de las redes se redigirá a las cuentas.

martes, 11 de abril de 2017

La ciudad tras la penumbra. Javier Núñez


     "Tras pasarse la mano por la cara, Ricardo volvió a echar un vistazo a la habitación en busca de algo que le resultara familiar. La cama de noventa en la que se había despertado no era una de ellas. Tanto la sábana bajera como la funda de almohada eran blancas, y la fina manta de entretiempo con la que había estado arropado hasta hacía un minuto, de un desvaído azul cielo, no casaba con ellas. Como si formaran parte de juegos de ropa de cama diferentes."

    Una de las mejores maneras de llegar a un libro, es a través de las recomendaciones. Y las redes sociales sirven para ello, se reciben muchas recomendaciones y se descubren título. Es más, personalmente en twitter me encanta ir anotando títulos, y también descubriendo afinidades. Javier Nuñez tiene un gusto más o menos coincidente con el mío, así que leer su obra... bueno, era inevitable. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad tras la penumbra.

     Conocemos a Ricardo cuando, una mañana cualquiera al despertar, descubre que no tiene mucha idea de la habitación en la que se encuentra. Es más, no tiene idea alguna de dónde está. Pero no solo eso, no reconoce la habitación, ni el apartamento, ni tampoco la ciudad, así que decide preguntar en la calle. Su situación empeora a medida que va descubriendo que no será tan sencillo saber dónde se encuentra, ya que nadie parece dispuesto a ayudarle a saber qué ha sucedido o dónde se encuentra.

     El hombre aislado en su propia sociedad es un tema que se ha utilizado muchas veces en la literatura como símbolo de la situación real de las personas en la llamada era de las comunicaciones. En este caso, el autor no  ha buscado un país extraño, sino una zona gris. Aquella de lo indistinguible con calles iguales numeradas y personas que no parecen dispuestas a ayudar a nadie, y deja allí al hombre consciente que es el protagonista buscando desesperadamente unas respuestas que nadie parece dispuesto a darle. Al menos hasta que se tropieza con una joven, que es la única que comienza a relacionarse con él. De este modo veremos la importancia que puede tener una relación, aunque sea banal, para una persona. Y es que, nos guste o no somos animales sociales y ese punto flota a lo largo de toda la historia que nos deja Javier Núñez, así como la de la supervivencia en este mundo y la alienación que tendrá, como no, su contrapunto en la amistad.
     Utilizando un lenguaje muy visual y descripciones sencillas en abanicos comunes que permiten al lector crear una nítida imagen mental del lugar que nos presenta, dota a la historia de un ambiente opresivo que va en aumento a medida que su protagonista parece empeñarse en obtener respuestas. Y esto intranquiliza al lector, no sólo por la corriente de empatía que ha logrado generar hacia su protagonista, además nos preguntamos si será capaz de darle una solución a un enigma que se mantiene durante muchas páginas. Lo hace, podéis estar tranquilos, y aunque queden unas cuantas páginas para el final, Javier mueve hábilmente el foco central de la historia para conseguir incluso un aumento de interés por parte del lector.

     El resultado es una novela francamente entretenida, con un argumento que se consigue mantener a lo largo de la historia y un final en el que, si bien me hubiera gustado que avanzara un poco más en el tiempo, no dejo de reconocer que no es necesario para una historia que queda cerrada perfectamente en la última página. Repetiré.

     Y vosotros, ¿sois recolectores de recomendaciones en las redes sociales?

     Gracias.

lunes, 10 de abril de 2017

Después de medianoche. Stephen King


     "Bueno, fíjate bien en esto; aquí estamos todos. Lo hemos vuelto a hacer. Espero que te alegres de estar aquí al menos la mitad de lo que me alegro yo. Lo digo solo porque me acuerdo de una historia, y como contar historias es lo que hago para ganarme la vida  (y para conservar mi cordura), te transmitiré esta."

     Hace poco os mostraba El bazar de los malos sueños y afirmaba sin demasiado pudor que Stephen King no llegaba a escribir el mismo terror que le había conseguido millones de lectores. Por eso me he decidido a echar la vista atrás en su obra, y hoy traigo a mi estantería virtual, Después de medianoche.

     Después de medianoche es un recopilatorio formado por cuatro relatos, de esos que no alcanzan la suficiente extensión como para ser llamados novelas, pero sí que superan la habitual en este tipo de libros, dando lugar a historias completas y con bastante detalle. Se da además el caso de que en España se ha optado en muchas ediciones por separar estos cuentos en dos volúmenes, titulados Las dos después de medianoche y Las cuatro después de medianoche. Si me preguntáis a mi, prefiero esta edición, no ya por el precio, si no que además se ajusta a la publicación original del autor.

     Las historias que nos ofrece King, parten de puntos sencillos que, como suele ser habitual, están protagonizadas por una persona que se ve sorprendida y, en la mayor parte de los casos, aterrorizada, por las circunstancias. En Lagolieros será un piloto quien viajando como pasajero, despierte y se vea en una situación extrema, con personas desaparecidas y obligado a aterrizar, sin tener muy claro dónde... y no tener ni idea de lo que sucederá después. Mucho más efectiva, pese a que el componente fantástico se desvela en la primera página, es El perro de la Polaroid, que nos relata la historia de un joven y su cámara nueva. La particularidad de la cámara es que en todas las fotos aparece un perro, da igual lo que estés enfocando. Y además el perro parece mirar a la cámara, acercarse. Y el autor aumenta la tensión foto a foto mientras nos plantea la disyuntiva sobre loq ue haríamos nosotros, y juega con el miedo y la curiosidad. Posiblemente este sea el mejor de los cuatro relatos, pese a su aparente simplicidad.
     El policía de la biblioteca nos habla de esos guardianes de bibliotecas temidos por quienes no devolvían sus libros a tiempo, el temor a ser pillado y la capacidad infantil para magnificar este tipo de figuras autoritarias. Aunque, tal vez, no las hayan magnificado, y ahí está el protagonista del relato dirigiéndose sin saberlo a descubrir cuánto hay de cierto. Por último nos encontramos con Ventana secreta, jardín secreto un relato en el que un escritor se ve acusado por un particular de plagio, un hombre muy enfadado y blandiendo un viejo manuscrito le muestra que coincide palabra por palabra con una obra firmada por él. Y lo peor es que no se explica cuándo le pudo copiar. Lo que no sabe este hombre aún es que el relato firmado por el escritor, se publico antes de que él escribiera el suyo. ¿Qué sucede entonces cuando ninguno de los dos ha podido copiar al otro?¿O el portador del manuscrito lo sabe y tiene una importante tara mental? Es King, yo me pondría en lo peor.

     En este libro King se dirige rápido hacia el punto intranquilizador, que puede ser el objeto del terror, como es el caso del perro que aparece en la fotografía, o el ambiente previo a la resolución de la tama planteada, como en Ventana secreta, jardín secreto.Demuestra de este modo su manejo en las dos vías rápidas para ganarse a un lector que tendrá curiosidad por la resolución de la historia, máxima sabiendo que King nunca tuvo muchos problemas para matar a personajes en sus libros. Se ciñe además a las reflas más básicas que todo el mundo conoce, creando historias rápidas que bien podrían pertenecer a aquel cine de serie z que triunfó hace ya un par de décadas.
     El resultado es un libro entretenido muy válido para comenzar un acercamiento al llamado, maestro del terror.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 8 de abril de 2017

El lugar para leer

Mi mesilla

     Cada vez que alguien viene a mi casa, se sorprende de la ausencia aparente de libros en ella. Apenas un estante y una mesilla inventada a base de apilar libros, con una lámpara haciendo equilibrios un tanto precarios sobre ella. Un pequeño muro sin más soporte que una columna encajado junto a un armario y.. no hay más. No necesito colocarlos todos expuestos, no busco huecos para sumar estantes y así poder pasearme entre ellos, no. Los tengo en mi lugar secreto, o no tan secreto, que sólo han visto un puñado de personas. Allí sí que los libros campan a sus anchas, es su espacio. Ese en el que al entrar y darme cuenta de lo que tengo delante me hace temer el día que pase a herederos, que alguno habrá digo yo, y disponga de ellos a su antojo. Tal vez por eso los presto o los regalo, para que vivan su vida en otras manos y no se detengan entre cuatro paredes.

     Pero si hablamos de mi lectura actual, eso ya es otra historia. Cuando comienzo un libro se convierte en viajero inseparable que va de mesa en sofá y pasa por autobús, metro, brazo, bolso y casi cualquier otro lugar que os podáis imaginar. Ese libro no tiene un lugar propio porque tiene como propiedad a una persona que es la que lo está leyendo. Y no puedo separarme de él. Leo por la calle, en el transporte o cuando camino por el sitio de siempre cuyos baches y baldosas sueltas intuyo más que veo tras años de práctica y algún que otro tropiezo. Conoce mi banco favorito y también mi coche y pasa por la cocina mientras me preparo la cena y por el baño mientras me lavo los dientes. Cuando un libro me gusta, veo el mundo censurado en sus letras y durante gran parte del tiempo, tan sólo me asomo a una franja de cielo y otra de suelo para poder seguir asomada a su historia. Como si fuera una extensión de mis dedos que no me permite hacer cualquier otra cosa. Y me siento a tomar un café y bebo y leo, cualquier cosa casi es susceptible de ser realizada mientras uno continúa su lectura.
     Por eso me fijo en las casas cuando veo un libro posado en una mesa y me pregunto si es porque he interrumpido la lectura o porque queda en suspenso posada siempre en el mismo lugar. Gente que tiene un sitio exacto para poner las llaves y otro para la lectura en curso. Los hay que leen en papel en casa y fuera sólo en digital para no estropear la cubierta de lo que tienen entre manos. Pero siempre me ha intrigado. Porque si nos apasiona leer y los libros son considerados por muchos de nosotros como un tesoro, ¿cuál es el mejor lugar para tener algo en lo que deseas sumergirte a cada instante?  Y para mi, la respuesta es clara. El lugar perfecto, es justo al alcance de la mano.

     En mi casa no hay un sitio específico para poner un libro. Tampoco los tengo ordenados por autores o colores, ni siquiera por editoriales, países o géneros. Mi libro, el del momento, te lo puedes encontrar en cualquier parte, posiblemente en el suelo de mi rincón favorito que queda oculto de la vista de cualquiera y en el que me recojo a leer sin hacer ruido a cualquier hora. Y acaba siendo un libro con mundo, que conoce caras y gentes y transportes y parques y lluvias y bares. Que recibe miradas discretas e indiscretas, incluso alguna vez preguntan.

     Y vosotros, ¿tenéis un lugar fijo para posar el libro que estáis leyendo?

     Gracias.

viernes, 7 de abril de 2017

Mac y su contratiempo. Enrique Vila-Matas


     "Me fascina el género de los libros póstumos, últimamente tan en boga, y estoy pensando en falsificar uno que pudiera parecer póstumo e inacabado cuando en realidad estaría por completo terminado. De morirme mientras lo escribo, se convertiría, eso sí, en un libro en verdad último e interrumpido, lo que arruinaría, entre otras cosas, la gran ilusión que tengo por falsificar. Pero un debutante ha de estar preparado para aceptarlo todo, y yo en verdad soy tan sólo un principiante. Mi nombre es Mac."

     Llevo ya muchos años siguiendo la trayectoria de vila-Matas, y cada libro que sale a la venta, me atrae como un imán pese al resultado de su lectura. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mac y su contratiempo.

     Conocemos a Mac, un hombre de 60 años, abogado que ha perdido su empleo, paseante del barrio El Coyote en Barcelona y lector. Mac quiere escribir, se le despierta ese interés dormido y el encuentro con un vecino que sí logró ser un escritor con nombre, será el punto que necesita para que ese interés sea espoleado. Su vecino, que sí logró el éxito, escribió en su día "Walter y su contratiempo" una novela en la que un ventrílocuo de una sola voz... bueno, un libro. Un libro que se convertirá en el elegido por Mac, el principiante, el debutante, para ser reescrito.

     Hay un placer compartido por todos los lectores y es leer a Vila-Matas por primera vez. Y digo esto porque no me cabe duda de que, si los escritores tienen obsesiones que van plasmando en sus libros, la de Vila-Matas es la literatura. en toda la extensión de la palabra. Por eso sus libros van siempre cruzados de referencias y reflexiones que captan el interés de cualquier aficionado a la literatura y convierten la lectura de sus novelas en un inesperado placer. Sucede lo mismo en Mac y su contratiempo y ya en el primer párrafo de ese improvisado diario, vemos como entra de lleno en un tema que bien hubiera podido dar para un debate, y es el de los libros póstumos. Vila-Matas, sabe lo que hace. Y continúa esa línea a lo largo del libro. Un libro en el que Mac planea la reescritura dudando de si es demasiado ambicioso, citando nombres conocidos, dudando y conociéndose, incluso viviendo su propia historia más que escribirla.  Y es que Mac, y aquí entramos en el laberinto que el autor tiende a proponer en algún momento en casi todas sus obras, lo que escribe es un diario con la firme intención de que no vea la luz, por lo cual no debería de sucederle nada interesante, su diario no debería de ser interesante, aunque la vida no sepa eso. Y además, en el proceso de reescritura de aquel libro, cuentos, iremos viendo, incluirá reflexiones que llegan a ser pequeñas disertaciones sobre distintos conceptos en el mundo literario, combinando en la novela que tenemos entre manos (empiezo a necesitar aclarar de qué libro hablo) los límites entre la realidad y la ficción.

     Y la repetición. El propio autor es consciente de sus tendencias que él no llama repeticiones, evitando la palabra como si fuera a manchar su obra, pero yo no encuentro otra forma de definir este libro. Vila-Matas se repite, y aquel concepto de un libro dentro de otro y de otro que pudo ser novedoso en su obra hace ya unos años, empieza a ser una constante habitual que solo sorprende a quienes no hayan leído apenas nada o nada del autor. Disfrutarán entonces de sus reflexiones, temáticas y alusiones a novelas o libros ya conocidos y, si se trata de un lector sesudo, buscará además el sentido de cada nombre, de cada palabra, de cada personaje, para descubrir, por ejemplo, la importancia de tener a alguien que te espolee a la hora de crear. Serán capaces de percibir esa ironía, ese sentido del humor sutil que saca la sonrisa del lector que lee despistado del mundo y también una cierta crítica al mundo literario mientras se dirige a un final que, personalmente no terminó de convencerme del todo. Verá como se desdibujan los límites entre géneros, las líneas que gran parte de los escritores parecen empeñados en seguir y Vila-Matas en saltar. Y disfrutará página tras páginas.
Sin embargo, si usted es lector habitual del autor, tal vez reciba esto como quien sabe que al tocar un timbre se acerca la hora de comer y tiene hambre; con ansia incluso, agradecido, pero no tendrá la sorpresa porque es un menú prácticamente cerrado en el que todos los sabores le suenan a uno demasiado. Y eso es justo lo que me ha sucedido a mi.

     Y vosotros, ¿podéis decirme algún escritor a cuya obra sois fieles?

     Gracias.