miércoles, 21 de febrero de 2018

Bajo el árbol de los Toraya. Philippe Claudel


     "Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles."

     Claudel tiene una forma especial de escribir que muchos descubrimos con Almas grises. Tiene una suerte de tristeza perenne en su todo que no consigue despegarse ni en los buenos momentos. Quizás por eso me ha costado acercarme a este libro cuya naturaleza triste se intuía ya en la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el árbol de los Toraya.

     Esta vez conoceremos al narrador, y alter ego más que probable del autor. Realiza un viaje a Indonesia y descubre la forma que tienen en una zona de encarar la muerte. Con ella aún en la memoria, recibe la noticia de que su gran amigo Eugène tiene cáncer. La muerte de su amigo le servirá para hacer un recorrido sobre los muertos que le han rozado, pero también sobre su propia vida y las mujeres que han pasado por ella.

     La muerte siempre ha sido un tema complicado, tanto en la vida como en la literatura. Y en esta última, recurrente. Quizás por eso Claudel ha querido dedicarle un libro a ella y concederle una doble lectura que representa perfectamente en la tradición funeraria de Sulawesi, Indonesia. Allí, como el narrador y cineasta descubre en un viaje, cuando un niño muere, es depositado en el tronco de este árbol como si se tratara de un féretro vivo. El árbol, herido en su corteza, va sanando y cerrándose manteniendo en su interior el cuerpo del niño, convirtiéndose en un féretro ahora vivo que sigue creciendo hacia el cielo. Esta costumbre tan chocante, intenta tener algo de curativo también para los padres que han sufrido la pérdida. Para cualquier persona ajena, no deja de ser una costumbre chocante, quizás por eso la usa Claudel en su libro: la muerte y frente a ella, la vida. La muerte, el dolor, el duelo y, frente a ella, la capacidad del ser humano para recomponerse y seguir adelante.
     En la trama, el gran amigo muerto: la noticia, la llegada del inminente final, el recuerdo de sus últimas palabras. Los muertos en la vida del viejo protagonista: el padre, el compañero de alpinismo, el suicidio, convivir con la muerte... su exmujer y el niño muerto... las formas de aceptarlo: divergencias. Pero no aparecerá solo Florence, también hablará de su relación con una mujer croata, incluso una doctora tendrá relevancia. Todo ello son ingredientes para una vida y en toda vida ronda la muerte. Volvemos a ese rito casi homenaje a la vida que se realiza en Indonesia y reflexionamos junto al narrador sobre la necesidad de no olvidar a los muertos, pero también la de sobreponernos y seguir adelante. Y todo ello con el estilo de Claudel, la calma, la cultura rondando, la música, el capítulo en el que Kundera aparece por ejemplo, es sin duda alguna lo mejor de esta novela.

     Claudel es escueto, para mi gusto demasiado en un momento en el que a muchos libros parecen sobrarles páginas. Me hubiera gustado que se extendiera un poco más, que desarrollase algunas preguntas, que se terminara de mojar y me obligara a mojarme a mi. Me he quedado con las ganas de decírselo al propio libro a medida que se acercaba el final. ¡venga, que tu puedes, estruja un poco, haz que sangre! Pero no lo llega a hacer. Quizás porque en ese caso se hubiera perdido el homenaje a su amigo muerto, a la amistad entre ambos, a esa relación especial que se tiene con quien se es afín y que hace pensar que habla de su amigo Jean-Márc Roberts, editor fallecido en 2013.

     Pienso, porque este es uno de esos libros que obligan a pensar, que quizás sea este libro el ataúd vivo de papel que le entrega a su amigo, su propio rito no exento de poesía o de vida. Que sus reflexiones sean la forma de afrontarlo y que cada lectura sea un avance en el proceso de cicatrización de un árbol convertido en papel. O tal vez esté dándole demasiadas vueltas debido a la lectura, poco importa. el caso es que me gustan los libros que me hacen removerme, aunque sea a ratos incómoda. Eso es lo mejor que tiene Bajo el árbol de los Toraya, su poso, la permanencia en la mente del lector. Eso y el placer que es leer a Claudel.

     Comentaba hace apenas unos días un  escritor al que admiro que casi todos libros tratan de amor o de muerte, excepto los que trataban de amor y muerte a la vez. Puede que tenga razón, ¿qué me decís vosotros, son vuestros temas recurrentes en las lecturas realizadas?

     Gracias.

lunes, 19 de febrero de 2018

Gloria. Vladimir Nabokov


     "Por extraño que pueda parecer, el abuelo de Martin de apellido Edelweiss era suizo: un suizo robusto de bigote frondoso que en la década de 1860 había sido tutor de los hijos de un terrateniente de San Petersburgo apellidado Indrikov, y se había casado con su hija menor."

     Con motivo del cuarenta aniversario en 2017 de la muerte de Vladimir Nabokov, Anagrama plantea recuperar en la Biblioteca Nabokov el nombre del autor más allá de Lolita o Pálido Fuego, destacando por ejemplo, la preciosa Agenda literaria para este 2018. Uno de los títulos de reciente aparición en dicha biblioteca es este que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Gloria.

     Conocemos a Martin Edelweiss que huye de Rusia junto a su madre antes de la Primera Guerra Mundial. Su vida en Rusia fue cómoda hasta ese momento. Su huida les lleva a atravesar distintas fronteras hasta, finalmente, Suiza, donde Martin es testigo del primer choque cultural. Finalmente, Martin es enviado junto a la familia Zilanov a Londres y matriculado en Cambridge. Alumno capaz, dotado para los deportes y atraído por la literatura rusa, no puede evitar enamorarse de Sonia, la hija de la familia Zilanov fraguando además en esta época, una gran amistad con un británico de nombre Darwin y aficiones literarias. Martin se empeña en buscar una proeza que le de la gloria y además, impresione a Sonia. En una última, su empeño se centra en volver a Rusia.

     Gloria fue escrita a principios de los años 30 en ruso y traducida por el propio Nabokov junto a su hijo en los 70. Y es que se sabe que Nabokov escribió al menos en tres lenguas principales: francés, ruso y angloamericano, pero que llegó a manejarse hasta en doce diferentes. Esto hace que sus libros oculten juegos de palabras, acrósticos, palíndromos, ritmos y guiños basando en la propia sonoridad de algunos nombres... y, por supuesto, conocerlos lleva la lectura de cualquiera de sus obras, a un nivel totalmente diferente y, en mi caso, absolutamente sorprendente.
Gloria llevó como título original Podvig, hazaña, proeza, pero entiendo que el título en castellano se refiere también al sentimiento de orgullo que uno tiene tras conseguir dicha proeza. Orgullo que en este caso, tal vez le lleve a los brazos de la mujer a la que quiere impresionar. Y es que en esta historia ya aparecen algunos de los temas recurrentes en Nabokov, los emigrantes, la nostalgia, el amor, la frustración... todos ellos son ingredientes indispensables en esta novela, incluso siendo de sus primeras obras. Pero Gloria es sobre todo una novela de esas llamadas de crecimiento, bildungsroman que dice la crítica especializada porque se ve que es más preciso ponerlo en una sola palabra.

     La novela, que goza de una prosa magnífica y también de el sentido del humor tan característico de Nabokov tiene escenas magníficas, como la que se produce en un precipicio y está relacionada con el apellido del protagonista, y un final de esos propios de quien la firma, que, si bien nos va dirigiendo a él desde aproximadamente la mitad de la novela, pareciera que nos hace, además, encargados de ser nosotros los que cerremos la puerta. Y aún así no podemos quejarnos ya que las reflexiones de Darwin durante el camino son fantásticas. Martin es un protagonista sólido que se debate entre las opciones que uno tiene cuando se sabe presa de una obsesión, en este caso por Sonia. A él le llevan a un peligroso viaje, pero hubiera podido ser cualquier otra cosa. Sonia, la musa no siempre musa, no siempre buena, y Darwin, el fiel amigo, son los protagonistas principales de una historia salpicada por otros muchos en la que cada personaje cumple la función precisa que le fue asignada.

     Me ha gustado Gloria. Y creo que esta colección es una gran oportunidad para conocer a Nabokov más allá de Lolita. Una oportunidad para evitar que se convierta en uno de esos escritores de una única novela para la gran mayoría de los lectores.

     Y vosotros, ¿también creéis que hay escritores que quedan eclipsados bajo el peso de un único título de su creación?

     Gracias.

sábado, 17 de febrero de 2018

Regálate una caja literaria... sorpresa


     De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los regalos en forma de cajas misteriosas, así que hemos decidido lanzarnos a la aventura e investigar un poco las distintas opciones que podemos encontrar en el mercado. De todas ellas, que las hay gastronómicas, de belleza, de complementos, vinos, productos para bebés... nos hemos quedado, como no podía ser de otra manera, con las literarias.
     Aquí os dejamos una pequeña selección:

      Seven color books

     Nace en la mente de una lectora, como no podía ser de otro modo y toma forma como parte de un proyecto fin de carrera hasta que, finalmente, ve la luz el año pasado. Sus cajas incluyen una novedad literaria y algún objeto relacionado con la lectura, ya sean unos calcetines, una vela o un colgante. Procura tematizar cada caja, además de hacer ediciones especiales en fechas señaladas como la Navidad. La suscripción puede ser mensual, trimestral... al gusto del lector al que, además, pasan encuestas para hacer las cajas lo más adecuadas posibles a los gustos y modas. Es cierto que supera los veinte euros, pero la sorpresa está asegurada.


      Dreams Book Box

     En Dreams Book Box ofrecen una opción un poco diferente. Parten de la división entre una caja compacta y otra de tamaño superior incluyendo ambas tanto libros como lo que ellos llaman golosinas literarias. Las golosinas literarias son, como no podía ser de otro modo, objetos relacionados con la literatura, ya sena velas, tazas o marcapáginas. La cajita pequeña, Light Dreams, tiene un libro y una o dos golosinas y su precio es de 19.90 euros, realizándose descuentos dependiendo de si uno se acoge a la suscripción mensual o por un periodo de tiempo superior. La caja Star Dreams que también incluye una novedad literaria que se publica el mes de suscripción, trae consigo hasta cinco golosinas literarias y su precio es diez euros superior a su hermana la pequeña.


      Café y letras

     no engañan con el nombre. Sus cajas literarias incluyen un dos libros y una taza, porque no hay mejor placer que tomarse un buen café caliente junto a un libro en las tardes de invierno. Su precio es de 26.95 y en esta ocasión es sin suscripción, nada de renovaciones automáticas o packs.


      Bookish

     Quizás la más conocida por la mayoría de vosotros. En bookish nos ofrecen en cada caja una novedad literaria, lo que ellos llaman un mapa de lectura y también algún complemento para que pasemos un rato estupendo leyendo. La suscripción mensual es de 21,95 euros y una de sus peculiaridades es la caja, totalmente personalizada y con una cuidadísima estética.


     Y hasta aquí la selección. A fin de cuentas a todos los lectores nos gusta que nos regalen un libro y muchos sufrimos de entornos que dicen no atreverse porque "seguro que ya lo has leído", y eso hace que nos quedemos sin el libro regalado. Así que, ¿por qué no hacernos un regalo nosotros mismos que además incluya el factor sorpresa? Juguemos a que somos nuestro amigo invisible, al menos una vez.

     No sé qué os ha parecido la idea o si vosotros habéis probado alguna de estas opciones, o de otras similares, así que ¡contadme!

     Gracias.

viernes, 16 de febrero de 2018

Ordesa. Manuel Vilas


     “Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, Yo nunca lo soportaré. Nunca lo soporté."

     A veces ocurre que un libro genera una opinión unánime, no sólo entre la crítica o las redes, sino entre los lectores, vengan de donde vengan. Esos libros me interesan, los que son capaces de unir a personas dispares. Hoy traigo uno de esos libros a mi estantería virtual. Se trata de Ordesa.

     Manuel Vilas es el autor y narrador de este libro y en él, a partir de la muerte de su madre, genera una línea invisible con el fallecimiento del padre nueve años antes para contarnos su interior en una reflexión constante sobre la vida, su vida, la de cualquiera.

     "La Historia es también un cuerpo con remordimientos..."

     Ayer mismo comentaba que pocos escritores son capaces de saltar de público. Menos aún lo son de cambiar de registro. Manuel Vilas es uno de ellos. No sólo porque pase de la poesía a la prosa o de la narrativa a la autobiografía vestida de novela confesional, sino porque se reinventa de una forma casi permanente. Recuerdo haber reído leyendo El luminoso regalo y recordarlo mientras iba absorbiendo la plomiza nostalgia que impregna las páginas de este libro maravillada porque hubieran salido de la misma pluma. Pocos escritores tienen a su alcance esa capacidad. Manuel Vilas sí. Incluso la de generar frase tras frase un texto hermoso, demostrando que lo hermoso no ha de ser necesariamente bonito y alegre.Así lo demuestra una y otra vez en Ordesa al escribir un libro cuya opinión podía resumirse utilizando únicamente frases aparecidas en él.

     "Las tumbas se inventaron para que la memoria de los vivos se  refugiara en ellas..."

     Me ha recordado, no mentiré, a Fernando Marías y su libro La isla del padre. No solo por la evidente relación al hablar del padre fallecido, la ausencia y la memoria, sino por la sensación de estar ante un libro utilizado como desahogo en el que no valen las imposturas y sí la exposición completa al lector como si se tratara de un autoanálisis de esos que hay quien realiza en diván y por horas. Y descubrimos que la vida es tiempo y que todo se resume en amor, vida, tiempo y muerte. Y también la verdad que encierra esa afirmación.

     "Y si dejas de ser hijo, no eres nada."

     La muerte, la pérdida, la nostalgia... son sentimientos constantes que rondan la novela. Pero Ordesa es mucho más que una vida expuesta y un alma abierto. Ordesa habla de la vida, de la de todos: es una novela de vida. En algún momento todo lector encuentra una frase sencilla que se adapta perfectamente a uno de sus rincones más sentidos. Y se siente desnudo. Es muy raro que un libro logre desnudar al lector, y Vilas lo consigue. Vilas se desnuda para desnudar al lector y con él la vida y también, por qué no, la sociedad en la que se produce. Habla también de coches, de monarquías, de miedos, de alcohol y de fantasmas: detalles de vida. Y además, o mejor dicho, y sobre todo, lo hace bien. Lo escribe francamente bien. Muy bien.

     "Conectamos épocas como si nuestros cuerpos fuesen el mensaje."

     No llevaba más de un puñado de páginas y ya tenía claro que esta iba a ser una de mis lecturas de este año. No solo eso, quienes me conocen saben que no suelo llevar libros a que me los firmen, a que me escriben sus autores en ellos. Supongo que para mi tiene algo de simbólico: cuando me compro un libro y me lo leo, el libro es mío. Si tras haberlo leído el autor lo firma, es como si volviera a ser suyo, ya no solo mío. Ordesa siempre será de Manuel Vilas, quizás por eso lo quiero firmado. Y también será mío y de todo aquel que lo lea. Porque, si no ha quedado claro, lo recomiendo. Ordesa es un gran libro, un magnífico libro. Y pocas veces lo digo así de claro: léanlo.

     Y vosotros, ¿ya tenéis alguna lectura que sepáis va a destacar este año?

     Gracias.

     "El dolor es amarillo, eso quiero decir."

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuídate de mí. María Frisa


     "En la azotea del casco histórico, la claridad del amanecer iluminaba un vergel inesperado y abrumador de cientos de racimos de flores níveas, gordas y fragantes que destacaban sobre el verde lustroso de los tallos y las hojas. Lara Samper terminó de eliminar las malas hierbas de los macizos de hortensias trepadoras que cubrían los ladrillos de las paredes."

     Nunca me ha llamado la atención que un escritor sea capaz de cambiar de género, pero cuando salta de la novela adulta a la juvenil y luego otra vez a la adulta, llama mi atención. Hoy traigo a mi estantería virtual la última incursión en la novela para adultos de María Frisa, se trata de Cuídate de mí.

     Conocemos a Berta Guallar y Lara Samper, dos policías de Zaragoza pertenecientes al mismo equipo, cuando son requeridas por su inspector jefe Luis Millán para mostrarles un cadáver calcinado. Acostumbradas a tratar con familias, abusos y malos tratos, se ven sorprendidas por la identidad del muerto, Manuel Velasco, un joven juzgado y declarado inocente del delito de violación de una menor poco tiempo atrás. Ahora, el presunto culpable se ha convertido en víctima, y ellas serán las encargadas de buscar al culpable.

      Con esta trama principal y capítulos que alternan a una y otra policías se articula una novela que mezcla, además de lo relatado, otras dos tramas secundarias,: una por cada una de las policías que la protagonizan. Por un lado Lara, superior de Berta, arrastra una cicatriz, un secreto cuya intriga irá haciendo mella en el lector a medida que avanza la novela. Por otro Berta está sufriendo un escarnio público debido a las acusaciones en las redes vertidas por un hombre al que detuvo por un presunto delito de abuso de un menor. Estas dos tramas, sin interferir en la principal, irán provocando cambios en las protagonistas, incluso en su relación entre ellas, dejando al descubierto su lado más humano y también sus debilidades y miedos logrando de este modo un mayor grado de acercamiento y complicidad con el lector.

     María Frisa construye una novela sólida de ritmo constante en la que se otorga una gran visibilidad al tema de los malos tratos, de los abusos, de los miedos... y no solo del lado de las víctimas, sino también de quienes dedican su vida a ayudar a quienes los sufren. No cae en el error de hablar de héroes, y  mostrar una suerte de mágica solución policial, María Frisa es mucho más realista y quizás por ellos también más sobrecogedora. De hecho, hay momentos en los que sin entrar en detalles, al hablar de abusos a menores se me ha puesto la piel de gallina.
Pero no es este el único tema actual que queda perfectamente reflejado en su novela. En el caso de Berta, el linchamiento público, el estrés, incluso el miedo que esta mujer llega a sentir, han hecho que recuerde que la propia autora fue víctima en las redes de una situación similar debido a la mala interpretación de uno de sus libros. Quizás por eso ha querido incluirlo, mostrar el daño que se puede hacer a una persona que llega a sentirse impotente y dudar de todo. Y, finalmente, destacaría la presencia femenina en la historia, Frisa ha buscado dos mujeres dispares y las ha convertido en personas independientes, capaces de realizar un trabajo de forma competente e investigar y dedicarle horas teniendo o no una familia. No ha caído en la tentación, como sucede en otras novelas, de tirar de sentimentalismos ni de atarlas a situaciones típicamente femeninas, lo cual le agradezco profundamente ya que es algo bastante común.

     Cuídate de mí es una novela que funciona en la que somos testigos de excepción del avance de una investigación y descubrimos que un muerto es como una piedra que se lanza a un estanque, provoca consecuencias a su alrededor en un montón de gente. Sobre todo si es asesinado y además ha sido acusado de un delito sexual, punto que utiliza para detallar el conflicto interno de quienes le creyeron culpable y ahora no pueden lamentar su muerte. Conflicto que comprendemos en  el caso de la familia de la víctima, pero que cuando afecta a quien investiga el asesinato lo convierte en algo mucho más complicado desde el principio.

     Todos estos temas componen una novela de apariencia sencilla cuya lectura recomiendo y que se ve coronada con un final de esos que, no solo están a la altura del libro, sino que es capaz de mover los cimientos de lo ya leído.
     Puede que Cuídate de mí no sea una novela trepidante, pero si es buena, ¿quién lo necesita?

     Y vosotros, ¿también empezáis a estar cansados de tanta "novela del año trepidante que te deja sin aliento"?

     Gracias.

martes, 13 de febrero de 2018

Bartleby, el escribiente. Herman Melville


     "Preferiría no hacerlo"
     
     Hay libros por los que pasan los años dejando algunas partes obsoletas. Otros, en cambio, parece que se conserven como una de esas señoras de las portadas de las revistas por las que no pasan los años a costa de anquilosar su aspecto; no hace falta que sean actuales, siguen siendo hermosos de leer. Y finalmente están aquellos que permanecen en el tiempo sin agotarse, sin desgastarse sin importar los años que haga desde que fueron escritos. A estos últimos pertenece el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, escrito hace tiempo y aún vigente, incluso de moda con todo esto de la metaliteratura que va llegando y que muchos piensan que es un invento actual. Hoy traigo. Bartleby, el escribiente.

      Un abogado propietario de un bufete contrata a Bartlebly debido a la tremenda cantidad de trabajo que tiene. Bartleby, que comienza siendo un gran empleado, pronto comienza a responder a su jefe con la misma frase ente cada tarea que se le encomienda: "Preferiría no hacerlo". Aquí el abogado empieza a verse atrapado entre la actitud de su empleado copista y la curiosidad creciente ante esa actitud que, comprende, no es rebeldía.

      Siempre me había sonado la historia de Bartleby, hasta que llegué a Vila-Matas. Cuando leí Bartleby y compañía mi curiosidad por el origen de este personaje fue tal, que no pude evitar leerlo apenas había terminado este primero. dice Vila-Matas de su libro: "Contrariamente a lo que se cree, no hablo exactamente en este libro de escritores que dejaron de escribir sino de personas que viven y luego dejan de hacerlo. De fondo, eso sí, el gran enigma de la escritura que parece estar diciéndonos que en la literatura una voz dice que la vida no tiene sentido, pero su timbre profundo es el eco de ese sentido." Y de algún modo hace así además una de las mejores interpretaciones de lo que representa Bartleby.

      El libro es una suerte de mano a mano entre el abogado y su empleado. No un duelo, porque no hay enfrentamiento alguno sino más bien lo contrario. Bartleby que pierde todo interés y deja de mostrar cualquier tipo de interés hasta llevar esta actitud al extremo y su jefe, quien lejos de juzgarlo y echarlo a la calle cuando descubre que su empleado, por no moverse, ni se va de la oficina, intenta comprender su actitud.

      En apenas setenta páginas, descubrimos a uno de los personajes más fascinantes de la literatura. Una suerte de extranjero de Camus llevado a su máximo extremo que deja de formar parte de todo aquello que le rodea. De una forma que claramente recuerda a las protestas pasivas va aislándose de la sociedad que lo rodea a través de esas tres palabras: Preferiría no hacerlo.
      Tras hacer una lectura recreativa en la que nos vamos incluso angustiando al ver la evolución de la historia, nos descubrimos poniéndonos nerviosos ante su actitud e incluso ante la reacción del abogado. Nos encontramos pensando en las entrelíneas de esta historia que nos seguirá dando vueltas en la cabeza durante mucho tiempo, incluso nos exigirá pasados los meses una relectura, un reencuentro con este copista y con su no tan pequeño acto de rebeldía.

      Hoy os invito a conocer a Bartleby y a su jefe, el único tal vez que se quiso acercar a él, y a que disfrutéis de la historia de uno de los nombres más famosos de la literatura. Supongo que él mismo hubiera podido contar su historia, pero está claro que prefirió no hacerlo y dejar que fuera este abogado sin nombre quien nos la relatara.

      Y vosotros, ¿qué libro tenéis esta semana en las manos?

      Gracias

lunes, 12 de febrero de 2018

Agustín Fernández Mallo. Premio Biblioteca Breve 2018


     El 14 de junio de 1958 se fallaba en Sitges el primer Premio Biblioteca Breve promovido por la editorial Seix Barral. Luis Goytisolo con su obra "Las afueras" y el jurado lo formaron José María Castellet, José María Valverde, Juan Petit, Victor Seix y Carlos Barral. El premio se mantuvo hasta el año 1973 en que dejó de convocarse hasta su vuelta en 1999, año en que ganaría la novela de Jorge Volpi "En busca de Klingsor". El pasado lunes, sesenta años después de que se entregara ese primer premio, nos encontrábamos a la espera de saber quién se llevaría el galardón este año y no tardamos en descubrir que se trataba de "Trilogía de la guerra" del gallego Agustín Fernández Mallo. 30.000 euros y el respaldo de un prestigioso premio es lo que le han concedido un jurado formado por Pere Gimferrer, Manuel Longares, Ricardo Menéndez Salmón, Edurne Portela y Elena Ramirez, y ellos junto al ganador fueron los encargados de presentarnos la novela en una rueda de prensa.

      "Trilogía de la guerra" son tres historias, de ahí su nombre, marcadas por una contienda en la que los personajes reales se mezclan con la imaginación del autor quien dijo que es más una historia de Europa que una historia de guerra. La novela ganadora se articula en tres partes diferenciadas; una primera "La isla de San Simón (Combustibles fósiles)" un escritor viaja a esa isla de San Simón situada frente a la costa gallega y que fue un campo de concentración durante la Guerra Civil. Una segunda parte, "Estados Unidos de América (Mickey Mouse ha crecido y ahora es una vaca)" nos presenta a Kurt, un supuesto cuarto astronauta que formó parte de la expedición Apolo XI al que nunca vimos por ser el encargado de la cámara y que años más tarde sería piloto de caza en la guerra de Vietnam, recordando toda su vida años después. Y una tercera parte, "Normandía (Los amos de la noche)", un relato en el que una mujer recorre esa playa en la que murieron miles de hombres en un largo paseo que le lleva a pisar no solo un paraje que quedó cubierto de sangre, sino a cruzarse con personas que son la prueba viviente de los cambios del mundo.


      Afirmaba Menéndez Salmón al presentar la obra, que "La escritura de Fernández Mallo es muy plástica, urgente, mutante, tras darse cuenta de que ciertas formas de narrar ya no sirven para describir esta realidad de hoy." y es que si en algo coincidieron todos los miembros del jurado al hablar del libro (elegido dicho sea de paso, de forma unánime como ganador), es en el lirismo y la poética, la plasticidad de la obra. Pero también en lo diferente en la forma de narrar. No en vano el propio autor diría minutos más tarde "no me interesan demasiado las tramas, me interesa el mensaje, las formas, la posibilidad de encontrar una historia y transformarla". Pere Gimferrer incidía en la diferencia existente entre la obra del autor de "Nocilla Dream" con la forma habitual de concebir la literatura "Por estructura, tema y ambición es algo insólito y reconfortante en estas latitudes". Con un entusiasmo palpable en las palabras de todos los miembros del jurado, ya solo nos faltaba saber lo que tenía que decirnos el nuevo ganador, quien comenzó expresando su gratitud y emoción por recibir el premio. Confesaba además, que hizo una visita a la isla de San Simón y esa experiencia, la de pisar un lugar cuyas paredes albergaban esa historia, fue tan impactante, que ese mismo día comenzó a escribir, dando comienzo así lo que el 6 de marzo llegará a las librerías bajo el título "Trilogía de la guerra". Fernández Mallo, que no duda en describir su novela como caleidoscópica, reflexiona sobre la vida y la muerte como conceptos no tan alejados, para él "un escritor finge ser un muerto para poder escribir ya que solo la muerte pasa la vida a limpio" y continúa "Los muertos nunca están muertos del todo, ni los vivos, vivos del todo." Y la frase, que puede parecer enrevesada, es sencilla en el fondo de comprender, al igual que sucede con la obra de Fernández Mallo "mis libros -nos dice - son complejos, pero cristalinos para el lector; muchas veces escribo sin entender todo el fenómeno que me funciona como disparador". Nos habla además de la extrañeza de lo único y también de lo extraño que resultaría tener un doble, quizás partiendo de la mujer de la última parte de su novela, que teoriza sobre disparos que tomaran otro camino. Y no tiene inconveniente en reconocer sus obsesiones como escritor que se aproximan a lo contemporáneo, la vida inmediata que llevamos, la basura generada y también, y sobre este último punto incidió, el reciclaje, llegando a hablar del reciclaje total que sería el que se realizan las personas cuando avanzan pretendiendo olvidar todo lo vivido y haciendo una reflexión sobre lo poco que conoceríamos de nuestro pasado si los arqueólogos no hubieran tenido restos para estudiar. Reconoce que, tal y como comentaba la editora de Seix Barral Elena Ramírez, puedan existir en su novela ecos de Pynchon o Houellebecq, pero no duda en darnos sus influencias, "Mis dos referencias básicas aquí han sido Sebald y Lynch, como si se hubieran unido en mi cabeza para que así yo consiguiera narrar este libro" y tampoco niega, por supuesto, a Dalí y a Lorca, que aparecen en la novela, cobrando de hecho importancia un poema perdido del segundo.

      Reconozco que consiguió despertar el interés de todos los allí presentes, no ya por el premio y la calidad que le avalan tantos años de camino, sino por la obra en sí. Por esa mezcla de experimento y novela que no dudaron los que la habían leído y estaban allí presentes, como algo excepcional y de una gran capacidad literaria. Así que ahora nos toca esperar hasta marzo para poder tenerla entre las manos.



     Gracias a la editorial por invitarme y también a todos los que pasáis por aquí dejando vuestras impresiones.