jueves, 25 de agosto de 2016

Dark. Edgardo Cozarinsky


     "Empieza, siempre, en las sienes, una palpitación casi imperceptible al principio, y en el momento preciso en que la reconoce, ese latido empieza a crecer hasta que siente que la cabeza le va a estallar y la vista se le nubla y la distancia entre él y los objetos que lo rodean vacila y el brazo que extiende hacia el teléfono tarda en llegar y el número del servicio médico de urgencia no aparece en la lista que sin embargo sabe que ha incorporado a la memoria del teléfono. Pero no es solo la cabeza. "

     La mente es de asociaciones curiosas y, a mi, la foto de la cubierta de este libro, me recordó a Dylan Thomas. Y lo compré incluso sabiendo que no iba a encontrarlo en el libro. Pero daba igual, ya se me había metido en la cabeza y lo quería leer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Dark.

     Conocemos a Víctor, un escritor de cierta edad, echando la vista atrás para recordar sus años de adolescencia en Buenos Aires. Una época en la que, ya sabiendo que quería dedicarse a escribir, se sintió atraído por esos lugares oscuros que tienen las ciudades: los clubes, los fumaderos de opio... Es la época en la que conoció a Andrés, un hombre ya adulto que se encargó de mostrarle ese otro lado de la ciudad.

     Quizás en este caso lo más adecuado sea comenzar diciendo lo que no es esta novela. Dark no son las memorias de Cozarinsky, aunque él tenga más de setenta años y sea escritor y viviera en Buenos Aires en la época representada en la historia, su historia es una novela, no unas memorias. Tampoco estamos ante una de esas novelas Bildungsroman al uso, no es una novela de formación ni tampoco  una de esas historias en las que se pierde esa inocencia de la que parecen revestir a todos los niños y adolescentes en este subgénero. Dark habla de esa curiosidad por lo prohibido propia de la edad, de un joven de buena clase social al que determinados ambientes le son ocultados, cuando no vedados, y que se siente tentado a descubrirlos. Eso es lo que hace Víctor, y en su coqueteo con los bajos fondo y peores tugurios, se encuentra con Andrés. Y en poco más de cien páginas veremos hasta dónde logra satisfacer su curiosidad, y también la relación entre ambos.
     Pudiera el autor haber cargado tintas en la relación más o menos ambigua de los dos protagonistas, o quizás habernos enseñado cómo uno se aprovecha del otro. Sin embargo, nada es totalmente limpio en esta novela, y ninguno de ellos será totalmente sincero. Andrés, el adulto que mira al joven, que le enseña los lugares, las putas y los charcos de la ciudad, parece sentirse atraído por Víctor. Lo parece, lo intuimos, pero tampoco es este ese tipo de novela. Víctor es el joven con ganas de vivir, de transgredir lo cotidiano de su vida, y lo reviste de necesidad vital de experiencias para su futura profesión, aunque... desde las primeras páginas sabemos que es una curiosidad natural, latente en esos años de experimentación, y que poco hubiera importado la vocación que sintiera en ese momento. Y asistimos al juego literario de una relación simbiótica entre ambos, sin tener muy claro quién se aprovecha de quién o si ninguno lo hace realmente. Porque posiblemente, en la búsqueda de lo oscuro de la ciudad, se refleja en parte esa oscuridad interior que llevamos en algunos de nuestros deseos.

     La novela, cortita, escrita con sumo cuidado para alcanzar una cadencia mantenida a lo largo del relato, juega con esa oscuridad que marca su título y que se ve reflejada en cada esquina. La noche, el deseo, la mentira, lo prohibido... pero también está el consejo y el final. Un final redondo para una historia que tiene mucho de literario y que se lee en apenas un suspiro, aunque se prorrogue en el tiempo mediante interesantes conversaciones una vez terminado.

     Mi primera incursión en la novela de Cozarinsky ha sido un éxito rotundo. Repetiré.

     Últimamente parece que las novelas de desarrollo, esas que parten de la una adolescencia iniciática en la vida adulta, son cada vez más frecuentes. Y vosotros, ¿ya habéis probado con este tipo de historias?

     Gracias.

     PD. Me sigue pareciendo que la fotografía de la cubierta de este libro tiene algo.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Funny Girl. Nick Hornby


     "Ella no quería ser la reina de la belleza, pero quiso la suerte que ahora estuviera a punto de convertirse en una.
     Hubo unos minutos ociosos entre el desfile y el anuncio del resultado, así que los amigos y familiares se congregaron alrededor de las chicas para darles la enhorabuena y cruzar los dedos. Los pequeños grupos que se habían formado le recordaban a Barbara unas ruedas de regaliz: una chica en traje de baño almibarado -de un rosa o un azul brillante- en el centro; un remolino de gabardinas negras o marrón oscuro rodeándola."

     Alta fidelidad. Es lo que primero se me vino a la mente al encontrarme a Hornby en la librería. Y como había hablado no hace mucho de ese título, no pude evitar llevarme a casa el nuevo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Funny Girl.

     Conocemos a Barbara Parker en el año 1964 cuando está a punto de ganar el concurso de belleza local Miss Blackpool. En contra de lo que pueda parecer, Barbara no tiene ningún interés en ganar el título, loq ue ella quiere es salir de su ciudad natal e ir a Londres para emular a su admirada Lucille Ball, actriz de comedia televisiva. Con esfuerzo y trabajo consigue su objetivo y se cuela en los hogares bajo el nombre de Sophie en la serie Barbara ( y Jim).

     Hornby es un escritor divertido. Eso lo vemos desde las primeras páginas en el desparpajo de una protagonista que se siente asfixiada en su localidad natal, que vive sola con su padre, y que está deseando encontrarse en la capital. Hasta aquí podríamos estar ante mil novelas y unas cuantas películas de "chica mona busca ser actriz y acaba de camarera". Tras un pequeño amago o pista de lo que acaban haciendo alguna de esas chicas, Hornby opta por conceder su deseo a la protagonista gracias al encuentro con el que será su manager, y ahí ya empezamos a ver el tono teatral que alcanzará la historia. Seguiremos el avance de Barbara, su transformación en Sophie y la compartiremos con el coprotagonista de la serie, el director y sus dos guionistas en lo que será una magnífica representación social del Londres de los años sesenta. 
     Una época en la que los televisores llegan a las casas y las familias se reunen ante ellas, Llegan las teleseries, el público en directo y las nuevas estrellas televisivas. Un mundo nuevo en el que la sociedad parece olvidar el exterior por unas horas. Y el autor opta por unos diálogos muy logrados, que alterna con los pensamientos de quienes los protagonizan. De este modo, evita la aridez que podría suponer representar este mundo, ya que nos va dando pistas extra sobre cada uno de ellos. La novela alcanza entonces su tono máximo en un intento de transmitir el éxito que tuvieron estos formatos en aquella época, indicio quizás de que estaban cambiando las cosas y que muchos lectores podrán identificar en sus distintos países con unos años de diferencia. De hecho hay una defensa poco velada al simple entretenimiento frente a un cierto tipo de snobismo que será una suerte de "malo" de la historia. Y todo este grupo de personajes y ambientes se ve reforzado por los nombres reales que salpican la historia, consiguiendo de esta forma un universo mucho más real del que se lograría con simples descripciones. Es más, la propia Lucille Ball existió junto a su serie como puede verse en la imagen adjunta.

     Hornby da muestras desde las primeras líneas de que evitará entrar en la zona triste de estrellas caídas, soledad y fracaso, y mantiene esa intención durante toda la novela. Pero porque no es ese tipo de novelas, esta es una historia amable y francamente divertida con una protagonista que me ganó desde el momento en que es invitada a una cena por un acompañante que se equivocó de tipo de velada. 
     He disfrutado mucho con la visión de Funny Girl. Me ha parecido una historia muy entretenida con un final incluso mejor de lo esperado tras un leve bache. Puro y simple entretenimiento. Nada más y nada menos que cultura popular.
     Y vosotros, ¿recordáis alguna serie que os enganchara?
     Gracias

lunes, 22 de agosto de 2016

El silencio de la ciudad blanca. Eva García Saenz de Urturi


     "Las cámaras de televisión se obsesionaron con acosar a mi cuadrilla. Necesitaban un titular y estaban convencidos de que mis amigos podrían dárselo. Los siguieron por toda Vitoria desde que saltó la noticia de que el asesino me había disparado: a partir de aquel momento, no hubo descanso para nadie."

     Cuando me enteré de que la autora de La saga de los longevos había cambiado de registro, no pude evitar tener curiosidad. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El silencio de la ciudad blanca.

     Conocemos a Unai, voz en primera persona que narra y protagoniza la novela, en la primera frase del prólogo. también somos conscientes de su situación, pero nos falta saber qué sucedió para llegar ahí. Y eso es justo lo que nos cuenta la novela. Durante las fiestas de Vitoria aparece asesinada una pareja de veinte años con una escenificación tan característica, que hace que los policías, entre los que destacan el propio Unai y Estíbaliz bajo las órdenes de la subcomisaria Alba, no tarden en identificarlos con otros acaecidos hace dos décadas. Pero hay un problema, al culpable, condenado y en prisión, aún le quedan unos días por salir de la cárcel, así que él no ha podido cometer este crimen... ni los que sigan.

     La novela comienza, como corresponde a este tipo de historias, con un buen tirón buscando enganchar al lector. A partir de ahí la historia avanza dividiéndose entre la actual y otra sucedida en el pasado que pronto comprendemos que tendrá un motivo, una unión con la principal. En esta ocasión será Vitoria la que, a través de los ojos de los personajes de Eva, desfile ante los del lector convirtiéndose casi en un personaje más de la novela. Una Vitoria que muchos conocemos y recorremos casi con placer, pero que no es necesario conocer para poder disfrutar de ella, y de la que, aún conociéndola, descubriremos, seguro, más de un secreto. Los crímenes con un patrón muy marcado, y a la vez con carácter propio debido principalmente a su ubicación, enganchan a un lector que ve como se abre una trama de simbolismos y posibilidades que empiezan a hacerle barajar conjeturas sobre la futura resolución de la trama. Y será eso lo que nos lleve a través de las calles y páginas, incluso en un punto situado un poco antes de la mitad en el que el libro parece perder fuerza y frenarse. Ritmo que luego recupera sin problema para acelerar una historia que avanza un poquito más de lo que yo me esperaba en el tiempo, dejándonos una novela que avanza sola empujada por la incesante pregunta del lector sobre la autoría de estos crímenes cometidos en lugares simbólicos de la historia de la ciudad.
     La primera persona, utilizada cada vez con más frecuencia en la novela negra y que tantos problemas puede ocasionar al lector ya que le otorga siempre una visión parcial frente al cuadro pintado por un narrador omnisciente, es solvente y funciona bien. Ahí hay que dar un punto extra a Eva, cuyas formas, además, me han gustado más que en La saga de los longevos.

     El resultado es una novela muy entretenida que se lee en pocos días que no busca pasar a la historia de la literatura, pero sí hacer pasar un buen rato al lector, cosa que creo consigue. Sobre todo en el último tercio en el que encontraremos algún giro y vuelta en la trama.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Os dejo el booktrailer:

   

viernes, 19 de agosto de 2016

Rip Van Winkle. Washington Irving


     "La siguiente historia se  encontró entre los papeles del difunto Diedrich Knickerbocker, un antiano caballero de Nueva York con mucha curiosidad por la historia neerlandesa de la provincia y las costumbres de los descendientes de los primitivos colonos. Sus investigaciones históricas, no obstante, no se basan tanto en los libros como en la gente; los primeros son, por desgracia, escasos en lo relativo a sus materias favoritas, mientras que Knickenbocker encontraba que los viejos burqueses, y aún más sus mujeres, eran un filón de esos saberes legendarios de valor tan incalculable para la verdadera historia."

     El primer cuento de la literatura norteamericana, dicen, así que la curiosidad era inevitable. Además la edición es muy curiosa y bonita. Estaba claro, este libro iba a llegar tarde o temprano a mi estantería virtual. Se trata de Rip Van Windle.

     Poniéndonos en antecedentes, el autor nos habla de la afición de un viejo caballero de Nueva York aficionado a la historia holandesa. Y a través de este hombre, conocemos a Rip Van Winkle, un hombre bondadoso y de buen corazón que vive bajo las faldas y el carácter de su esposa, logrando que los vecinos se pongan siempre de su lado. Poco aficionado al trabajo, no es de extrañar que se duerma bajo un árbol, sin embargo si lo será que al despertar, hayan transcurrido nada menos que veinte años, encontrándose un pueblo y una vida muy diferentes a las que dejó.

     Rip Van Winkle no sólo está considerada como una obra maestra del relatocorto en Estados Unidos, si no que es difícil encontrar a una persona que no conozca de qué trata. Cuentan, además, que fue escrita por Irving en una única noche, allá por junio de 1818, tras haber pasado horas hablando con sus familiares sobre Sleepy Hollow. De este modo y mezclando recuerdos del valle del Hudson con leyendas e historias del Viejo Mundo, dicen que nació Rip Van Winkle.
 
     Este cuento, que el autor busca revestir de un cierto aura de posibilidad real, o tal vez de ese tono tan peculiar que adquieren las leyendas orales al hablar de quien recopilaba la información e historias, es una pequeña joya tanto por continente, como por contenido. Nos traslada a una época de cambios, y precisamente a su protagonista le hace vivirlos de golpe. Cuando despierta, descubre que una localidad que se caracterizaba por la ausencia de cambios, ahora está marcada precisamente por ellos. Tendrá que descubrir, no sólo las ausencias y fallecimientos, también las casas nuevas e incluso un hotel. Rip regresa, por lo tanto, como un extranjero a una vida que ha continuado sin él, y le tocará esperar saber si es o no aceptado y también reinventarse para intentar adaptarse a esta vida nueva que se pone delante de sus ojos sin que pueda hacer nada por evitarlo.

     Irving enseña de este modo que el mundo cambia avanzando, que nadie va a escapar a esos cambios y que, incluso cuando pensamos que todo sigue igual, no hay más que comparar con la suficiente distancia en el tiempo, como para ver que no es así. Tiene también un olor a segundas oportunidades para hacer las cosas, a vidas nuevas y nuevos comienzos acercándose de este modo al llamado sueño americano. En realidad, y como sucede con las buenas historias revestidas de aparente sencillez, hasta que uno se fija en las preciosas descripciones por ejemplo, las interpretaciones son muchas, pero todas ellas, me atrevería a aventurar, alejadas de la moralina fácil.

     Y ahora que muchos habréis decidido no acercaros a una historia de estas características, ahora os digo que Irving es el autor de Sleepy Hollow, otra leyenda con un punto cómico con la que compartió libro. Y ahora es cuando os pregunto, ¿os acercáis alguna vez, ya sea en libro, cine o teatro, a este tipo de historias?

     Gracias.

     PD: Hoy sí, echad un vistazo al booktrailer.


jueves, 18 de agosto de 2016

La vida fácil. Richard Price


     "Fuerza operativa Calidad de Vida: cuatro sudaderas en un taxi falso apostado en la esquina de Clinton Street, junto a la rampa de salida del puente de Williamsburg. Su cometido: determinar el perfil de la ruta del salmón entrante; su mantra: droga, armas, horas extra; su lema: todo el mundo tiene algo que perder."

     La idea, entre tanta novela negra en el mercado, de encontrarme con una que apostara por un realismo casi total, me parecía sumamente atractiva. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vida fácil.

    Conocemos a Eric Cash, encargado de un restaurante, mientras regresa a casa una noche junto a Ike Marcus, el barman. Es la noche en la que matan a Ike. Erik declarará ante la policía que aparecieron dos chicos, pero su declaración no parece convencer a la policía que tendrá que investigar el homicidio.

     Hay que empezar diciéndolo: Richard Price es guionista de la serie The Wire. Y hay que decirlo de entrada porque la novela tiene todo lo que se le supone al guionista de esa magnífica serie: realismo, calles, personas de verdad, diálogos endiablados, investigación, miserias personales, policías... Todo, absolutamente todo. Así que si os gusta la serie no hace falta que sigáis leyendo.
     La vida fácil comienza con un asesinato y con la presentación de sus personajes. A partir de ahí el autor se decanta por diseccionar ese asesinato, no sólo en su resolución, sino también en la medida que afecta a todos los implicados y sus círculos. De este modo la novela se apoya en un realismo que es casi tangible a medida que vamos avanzando. El ritmo ante una novela que trata básicamente de la investigación policial, trabas incluidas, lo otorgan los diálogos. Y es que Price es brillante en los diálogos, esa parte tan complicada de los libros en la que nos encontramos con personajes que no cambian de voz entre ellos o niños adultos, Price la borda. De hecho tiene un interrogatorio que si os dijera que supera las cuarenta páginas, seguro que os asustaba, pero en realidad sólo por esa parte ya merece la pena echarle un vistazo a esta novela.

     Entramos en el Lower East Side, conocemos sus calles, su ambiente y acompañamos por sus calles a los policías Matty y Yolonda, pero también conoceremos el impacto general. Y si comienzo hablando del barrio en el que se produce, es porque llega un momento en el que, incluso en una novela cargada de diálogos, el barrio se convierte en un personaje más, un personaje multirracial, con diferencias y presiones que a veces hacen saltar a sus habitantes, que habla precisamente por la boca de ellos. Hablar, una vez más la palabra mágica en este novela. Descubrir cómo les afecta, sus reacciones en un interrogatorio, las presiones de la policía, las contradicciones, la trampa. Conocer a Yolonda, un personaje redondo en muchos sentidos. Partir, en definitiva, de la declaración de un testigo que hace aguas porque, para empezar, se contradice con la de otros dos, e ir tirando del hilo hasta descubrir qué pasó.
     ¿La pega? Porque siempre parece haber una pega, esto es así. En este caso la pega es la ausencia del malo carismático que tira de la novela. Pero claro, Price no quiere hacer una novela de ficción que lleve la etiqueta "trepidante", él prefiere optar por el realismo. Y en la vida, suceden estas cosas con los malos.

     El resultado, aunque digan que al autor le fastidia ser reconocido permanentemente como guionista de la serie, es una novela perfecta para los amantes de la misma. Una buena novela, como también lo fue Los impunes, que no puedo dejar de recomendaros.

     Y vosotros, ¿en una novela negra preferías la espectacularidad o el realismo?

     Gracias.

   

miércoles, 17 de agosto de 2016

El último septiembre. Elizabeth Bowen


     "Hacia las seis el sonido de un motor, procedente primero del vasto paisaje y concentrado luego bajo los árboles de la avenida, convocó en la escalinata a todos los habitantes de la casa en un estado de gran excitación. A la altura de las hayas, resonó una delgada verja de hierro; el coche emergió de una maraña de sombras y se deslizó pendiente abajo hacia la casa. Tras los destellos del parabrisas, el señor y la señora Montgomery -brazos agitándose en el aire y el velo malva de ella revoloteando furiosamente- saludaban con frenesí. Eran visitantes largamente esperados. Todos proferían exclamaciones y gesticulaban: nadie hablaba todavía. Era un momento de felicidad, de perfección."

     No sé vosotros, pero yo siempre hay nombres a los que quiero acercarme pero acabo posponiendo por falta de tiempo. Eso supone que en vacaciones aprovecho para acercarme a uno o dos y así quitarme las ganas, al menos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El último septiembre.

     Estamos en los años veinte, en plena guerra de independencia irlandesa. Se vive una guerra de guerrillas entre el ejército británico y los denominados Black and Tans irlandeses. En este contexto, muchas familias angloirlandesas pudientes, optaron por crear sus pequeños mundos entre los muros de sus grandes mansiones. Este es el contexto en el que conocemos Danielstown, una mansión situada en el condado de Corck en la que viven los Naylor. Ajenos en la medida de lo posible a una guerra que tratan más como si fuera un rumor, ellos siguen entre reuniones y fiestas de tenis, intentando llevar una vida normal entre los muros de su casa. Y será entre estos muros que veamos como su sobrina, la joven Lois, intenta abrirse paso a la edad adulta, reflejándose en ella más que en nadie, ese punto entre la curiosidad y la negativa a permanecer ajena al exterior, lo sucedido para una gran parte de la sociedad. Sin embargo, todo aislamiento es ficticio y poco a poco seremos conscientes de que la vida exterior también llegará a Danielstown.

     Hablar de Elizabeth Bowen siempre va acompañado de comparar a esta autora con otros grandes nombres de la literatura, ya sea Austen o Woolf (que mira que me parecen dispares), así que la curiosidad estaba servida. Me he encontrado con un fresco de época que refleja el aislamiento que tantas veces ha intentado la alta sociedad antes los cambios venideros, ya fueran sociales o incluso conflictos bélicos. Bowen escribe la novela en 1929, cinco años después de finalizar el conflicto, y vierte en esta casa los rasgos de las que conociera así. De este modo consigue trasladar al lector la sensación de irrealidad tanto como la de pequeña isla y, entre descripciones de reuniones y horas de la comida, nos sentamos en las escaleras después de la cena disfrutando de la falsa serenidad de la noche. Y digo falsa porque es imposible que no se cuelen comentarios vestidos de trivialidad que reflejan el conocimiento de lo que sucede fuera de las puertas de Danielstown, una casa que llega a convertirse en un personaje casi central de la historia. Y aquí es Lois la encargada de ello, con sus inquietudes y sus comentarios sobre armas enterradas, incluso en su relación con el joven soldado Gerald, que no sólo no es aceptada, sino que ni siquiera se tiene en cuenta la posiblidad en esa casa de que algo así pueda suceder.

     Bowen nos dirige con calma por la novela sin buscar un hilo argumental que nos tenga en vilo, pero dejando claro desde las primeras páginas que algo sucederá, como si estuviéramos en una suerte de réquiem sostenido por una prosa magnífica salpicada de pequeñas descripciones que nos transportan a la época y el lugar. Sin embargo, y al igual que sucede con los protagonistas que optan por el silencio para enmascarar lo que sucede a su alrededor, Bowen parece también optar por este recursos, y me ha dejado con las ganas de conocer un poco más las relaciones de la familia con el entorno. Esa negación a ver lo evidente de las clases altas que tan bien han trasladado otros autores, queda velada por el hermetismo, y no nos deja ver conflictos reales, dejándome la impresión de estar ante una situación vivida por la propia Bowen de la que no ha podido terminar de desembarazarse.
Con todo ha sido una buena lectura, y he conocido al fin las letras de una mujer a la que tenía ganas. Aunque, como suele pasar cuando un nombre va acompañado de grandes comparaciones, no haya estado a la altura de lo esperado.

     No tengo cortesía, ya es miércoles y aún no os he preguntado qué estáis leyendo esta semana.

     Gracias.

martes, 16 de agosto de 2016

Sonetos. William Shakespeare. Versión de William Ospina


CXXXVI  
136
If they soul check thee that I come so near, 
Si tu alma te reprocha que yo tan cerca llegue,
Swear to thy blind soul that I sas thy"Will", 
Júrale a tu alma ciega que yo soy tu ansia ardiente,
And will, thy soul knows, is admitted there; 
Y el ansia, tu alma sabe, se acepta allí que juegue;
Thus far for love, my love-suit, sweet, fulfil, 
Por mi amor, esta súplica, cólmala dulcemente,
"Will" will fulfil the treasure of thy love. 
Y colmará el deseo tu amor y su riqueza,
Ay, fill it full with wills, and my will one, 
Llénalo, ay, con tus ansias y mi ansia desolada,
In things of great receipt with ease we prove 
Porque es siempre más fácil moverse en la grandeza
Among a number one is reckon'd none: 
Y entre lo numeroso, lo uno es casi nada:
Then in the number let me pass untold, 
Deja, pues, que en lo múltiple, callado esté, si quieres,
Though in thy store's account I one must be; 
Pero entre tus riquezas conmigo siempre cuenta;
For nothing hold me, so it please thee hold 
O tenme a mi por nada, siempre que consideres
That nothing me, a something sweet to thee: 
Que esta nada que soy te agrada y te contenta:
Make me but my name thy love, and love that still, 
Haz solo de mi nombre tu amor, y ámalo, y creo
And then thou lovest me, for mi name is "Will". 
Que me amarás entonces, pues mi nombre es deseo.


     En el quinto centenario de la muerte de William Shakespeare, era lógico suponer que alguna obra vería la luz reeditada, y así ha sido. Por eso, hoy traigo a mi estanteria virtual, los Sonetos de William Shakespeare.

     Los Sonetos de Shakespeare vieron la luz en 1609 y aún hoy siguen corriendo ríos de tinta sobre ellos. Recorre en ellos todos los estadíos que uno puede sentir en el amor: del enardecimiento a la pasión pasando por los celos, la decepción o el alejamiento, no duda en hacer de esos 154 sonetos un recorrido completo por una de las pasiones más humanas. Los sonetos del poeta, llamemos poeta a ese supuesto protagonista que relata su vida a golpe de verso, por no poder confirmar si son experiencias reales vividas por el autor, o si tal vez estamos ante una obra de teatro de protagonista encubierto, van dirigidos en un primer momento a un joven. Ese joven reune todas las virtudes, y aunque da pistas, siempre nos deja una duda sobre si llegaron a lo carnal, cosa que en realidad tampoco es importante. La Dama oscura a la que se refiere la última parte es, en cambio, mucho más carnal y pecaminosa incluso, reflejándose de este modo dos amores dispares tanto por el género del objeto de ese amor, como por la personalidad y el halo adjudicado a cada uno de los amados.

     Correspondería ahora hablar de métricas y rimas, pero baste decir que el autor es William Shakespeare para que quede explicado todo ello sin necesidad de justificar la perfecta ejecución de cada soneto. Apuntar, como mucho, que la sencillez del lenguaje acerca sentimientos comunes al lector y nos obliga casi a pensar que estamos ante algún tipo de confesión medio descubierta o apenas encubierta del autor hacia estas dos personas a las que se refiere. Y vuelven a correr ríos de tinta buscando la supuesta identidad de cada uno de ellos. Dice la teoría más aceptada, que el joven que ocupa la mayor parte del texto es Henry Wriosthesley, mecenas de las letras. Teoría que se ve relativamente fortalecida por el encabezamiento elegido por el primer editor de los sonetos, que no por el autor de los mismo, ya que rezaba lo siguiente: Al inspirador único de estos sonetos, el señor W. H., desea toda la felicidad y esta eternidad prometida por nuestro inmortal poeta, el que con sincero deseo aventura esta publicación. Dicho lo cual, que cada uno juzgue si lo considera necesario. Y lo mismo podría contar en el caso de la dama.

     Un lector de poesía, quiere leer poesía. Y entonces se complica la cosa, porque llega el problema del idioma. Traducir un poema, respetar la rima, los silencios, la musicalidad, el espacio entre cada una de las pequeñas pausas y efectos creados por su autor... Y ahí entra Ospina, para los lectores que disfrutan con las letras. Ya ha demostrado que es un escritor de estilo, además de serlo de cada una de sus historias, y tras un prólogo que os recomiendo no os saltéis, Ospina no defrauda, dejando una lectura a doble placer. Si alguien lo pone en duda que haga la prueba y siga estas instrucciones básicas para leer el poema: coja el lector un poco de aire, y comience a leer, sin recitar, procurando no engolar el tono ni forzar la lengua... sólo dejarse llevar con la misma calma que una tabla a la deriva cuando baja la marea; y disfrute de cada sonido, la musicalidad... y el significado, irá llegando solo. Hecho esto, en la página de al lado nos encontramos con el poema original, a la izquierda. Ahora que estamos entrenados, repitamos la operación y volvamos a recitar sin importarnos si nuestra pronunciación es pura o si captamos el significado de cada palabra, ese ya nos lo había dado Ospina en la primera lectura, y dejémonos llevar. Seamos, por un breve intante en nuestra vida lectora, auténticos lectores de poesía. Sin prejuicios, sin poemas, sin excusas. Merece la pena.Y en bilingüe, una joya.

     Y vosotros, ¿sois lectores de poesía?

     Gracias.