martes, 27 de junio de 2017

El jugador. Fiódor Dostoievski


     "Pero, en fin, había recibido su encargo: ganar a la ruleta de la manera que fuese. No tenía tiempo para pensar con qué fin y con cuánta rapidez era menester ganar y qué nuevas combinaciones surgían en aquella cabeza siempre entregada al cálculo. Además, en los últimos quince días habían entrado en juego nuevos factores, de los cuales aún no tenía idea. Era preciso averiguar todo ello, adentrarse en muchas cuestiones y cuanto antes mejor. Pero de momento no había tiempo. Tenía que ir a la ruleta."

     La satisfacción de ir a lo seguro es la que me lleva a "los rusos". Sé que pueden ser intimidantes, pero una vez los conoces se convierten en ese amigo al que sabes puedes confiar tus secretos: si coges un libro suyo, no te van a defraudar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El jugador.

     Será en la ciudad-balneario de Ruletenburgo, y si me lo permitís, le voy a reír la gracia del nombre al señor Dostoievski,  el lugar en el que conozcamos a Alexéi Ivánovich, contratado como tutor para un general ruso y su hijastra, Polina, con la que tendrá una historia de amor, y que esperan heredar una fortuna tras la muerte de su anciana tía. Sin embargo, una visita de la tía con el consiguiente descubrimiento del tipo de persona que es su sobrino, provocará que la anciana decida jugarse su fortuna en el casino.

      A veces, conocer un poco la vida de un escritor, explica el sentido de alguna de sus obras. Incluso las sobrepasa. Dostoievski por ejemplo, llevó toda su vida la marca de haber tenido un padre médico, trrible, que fue asesinado y torturado por un grupo de campesinos cuando él contaba con dieciocho años. Tal era el carácter del padre, que Dostoievski se sintió culpable por haber deseado su muerte antes de que esta sucediera, y tanto le marcó, que este fue uno de los gérmenes de Crimen y Castigo. Muchos años más tarde de esta muerte, siendo ya un escritor en la cuarentena y habiendo ya conocido el exilio Siberiano, paró en Wiesbaden, donde el sonido de una ruleta, le hizo detenerse ante una mesa de juego... y ganar diez mil francos. La ganancia fácil se transforma en pérdida terrible y dostoievski, convertido en ludópata, juega sin control alguno y se arruina en Baden-Baden. Y así, arruinado, jugador, y necesitado de dinero, comienza a escribir El jugador, consciente una vez más de saber de qué hablaba en su obra ya que la tuvo que escribir en menos de un mes, como consecuencia de una apuesta con su editor, para con el dinero que percibiera por esta obra, saldar sus deudas de juego.

     Decir que El jugador es una obra menor, tanto en calidad como en extensión, dentro de la producción de Dostoievski es tan cierto como injusto. Incomparable, porque no hay obra que soporte la comparación, con Crimen y Castigo, esta tiene motivos suficientes como para brillar por sí misma. Sobre todo desde la mitad del libro con la aparición de la abuela, o su parte final con la conclusión de la obra, es un deleite para cualquier lector, sea o no habitual de las letras rusas. Quizás, no voy a negarlo, resulte un poco apresurada la prosa de Fiódor en algunos momentos, pero es no quita que brille de foram casi permanente a lo largo de toda esta historia que es, como no podía ser de otro modo, mucho más que la historia de un hombre embaucado y arruinado en muchos sentidos.
     Alexéi muestra en primera persona las pasiones humanas, la compulsión del juego, pero a través de esta historia también somos testigos de lo que se esconde debajo del oropel de esa alta sociedad que se agrupaba en torno a este tipo de establecimientos. No solo eso, sino que el autor consigue en muchos momentos, que percibamos el sonido de la ruleta, casi despertar en el lector las ganas de estar ahí,y  quizás por eso, deja que estalle el ambiente con la irrupción de ese maravilloso personaje que es la abuela. Y lo hace cuando ya hemos sido presas de la locura de Alexéis y hemos sufrido y sudado con él sintiendo como se nos aceleraba el pulso en cada mano de juego. No es, además, la primera vez que el autor encarna la nobleza en su protagonista, para destapar el engaño y la hipocresía de esa sociedad rusa burguesa consiguiendo un retrato por el que, pese a todo, no pasa el tiempo.Como tampoco es la primera vez que tememos por uno de los protagonistas de la obra de Dostoievski y nos sorprendemos diciendo, en este caso, ¡pobre Alexéi!

     Me ha gustado el jugador, me han gustado Alexéi, la abuela, la relación con Polina y me ha sorprendido ese punto cómico del que ya nos advierte el autor al poner el nombre a la ficticia ciudad en la que se encuentran sus personajes. Desde luego, no es su mejor obra, pero si que me parece una gran opción para acercarse a sus letras.

     Y vosotros, ¿sois de los que os dejáis intimidar por los rusos?

     Gracias.

lunes, 26 de junio de 2017

Aviso de muerte. Sophie Hénaff


     "La comisaria Anne Capestan estaba peleando con la última remesa de impresoras defectuosas que le había concedido un departamento de suministros muy bromista. El aparato se emperraba en anunciar nivel de tinta bajo aunque Capestan acababa de cambiar el cartucho. Tras apretar todos los botones, la comisaria se rindió. No tenía nada de mucha importancia que imprimir. No estaba trabajando en nada de mucha importancia."

     La brigada de Anne Capestan fue la carta de presentación de esta escritora francesa que ha llegado a la literatura para quedarse. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda entrega de esta saga, se trata de Aviso de muerte.

     Recuperado el equipo de perdedores de Capestan, que tras su anterior éxito son más apestados que héroes por haber metido las narices dentro del cuerpo de policía, nos encontramos con que lo más emocionante que hacen en esa brigada es jugar al billar. Pero aparece el cuerpo de un policía retirado en un lugar cuyo nombre ha sido sobreescrito para convertir el escenario en algo perturbador, y el caso es asignado a la brigada de Capestan. Lejos de ser una oportunidad para brillar, es un encargo envenenado que puede también conducirles dentro del cuerpo, solo que esta vez tiene un componente personal: el muerto (el primero por cierto), es el ex suegro de la propia Anne. Mientas, otro hombre encuentra su nombre grabado junto a las fecha de su nacimiento  y muerte en un monumento a los caídos...

     Con un repaso más que rápido a los componentes de la brigada Sophie nos pone en marcha los recuerdos de la primera entrega de esta saga o nos deja ubicarnos en el caso de ser nuevos. Nada ha cambiado y todos, del gafe al que siguen sin arrimarse, a la "señora con perrito", están ahí formando parte de la más peculiar de las brigadas. Y con este rápido repaso, tras la aparición del cadáver, la autora nos pone sobre aviso: tenemos entre manos una novela policíaca, sí, pero también una novela con una gran dosis de humor. De hecho, y pese a las perennes comparaciones con Fred Vargas, yo creo que no venía mal advertir al lector, de que Hénaff tiene mucho también de Jussi Adler-Olsen y su saga Carl Mock.

     En esta ocasión, el equipo de Anne trabajará en colaboración con la Brigada Criminal, algo que escama al equipo desde el primer momento, y el hecho de que el cadáver encontrado sea precisamente el de Serge Rufus, comisario retirado de la Brigada Contra el Crimen Organizado y padre de Paul, no ayuda. El propio Paul le pide que no hurgue y saque cosas feas, colocando a Capestan en una situación difícil, ya que nunca tuvo una buena relación con ese hombre al que, en su día, calificara de auténtico animal. Esta vez, conoceremos un poco más a Capestan gracias a los recuerdos que la autora irá intercalando en la historia, al tiempo que descubrimos Serge no será la única víctima de este asesino tan meticuloso.
Hénaff se aprovecha de las peculiaridades de la brigada para convertir su novela en una rareza dentro de un panorama literario en el que proliferan las novelas policíacas, y, con ritmo ágil, y descripciones muy medidas, consigue las simpatías del lector hacia todos sus integrantes. Al igual que sucedía en la primera entrega, la resolución del caso se complica enredando al lector, sin perder esa constante dosis de humor que hace que, a ratos, no nos tomemos muy en serio el libro, para llegar a una conclusión satisfactoria dejándonos el sabor de boca propio de los libros concebidos para entretener.

     Aviso de muerte es una entretenida novela, escrita con mucho sentido del humor, a la que, la mayor pega que veo, es esa apariencia seria que parece imprimirle la cubierta elegida y que se aleja bastante del tono utilizado por Hénaff para relatar su historia. Una opción diferente a considerar para este verano y unos personajes a los que auguro una vida larga.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 24 de junio de 2017

Qué libros te llevarías...


     "El abuelo Vicenzo una vez me contó cómo se había salvado de un naufragio famoso. Le pregunté si se había librado porque sabía nadar. "No, cómo se te ocurre. Siempre he tenido más afinidad con las aves que con los peces. Pero la verdad es que tampoco sé volar." Su carcajada florentina resonaba en el patio como un carrillón, "¿y entonces cómo te salvaste?¿Muy sencillo: perdí el barco en Génova. Llegué al puerto media hora después de su partida asquerosamente puntual. Traté de conseguir una lancha que me llevara hasta el vapor (aún estaba a la vista). Para mi suerte, fracasé en el intento."
Mario Benedetti 

     Decía Eduardo Mendoza: Si tuviera que llevarme un sólo libro a una isla desierta, preferiría ahogarme en el naufragio. Pero es cierto que es una pregunta tonta que hacemos desde que somos pequeños, ¿qué te llevarías a una isla desierta? y elucubramos y nos damos cuenta de que no tenemos enchufes o pilas y le damos vueltas. Luego crecemos y vamos acotando y nos preguntan por nuestras cosas favoritas; ¿la comida? el tomate, la tortilla... ¿la bebida? la coca cola, ¿un color? el negro, el rojo si es en las suelas de los zapatos, ¿un libro?... Pregúntale a un lector por su libro favorito y, si es un lector empedernido, de esos que sudan tinta para elegir la siguiente lectura, no por elegirla, sino por sacar de ahí abajo de la pila de pendientes el título que se le antoja, y lo tendrás entretenido durante un buen rato.
     ¿Mi libro favorito? Para los nostálgicos será aquel que le hizo descubrir que era un apasionado de las letras, para los románticos fue su primer amor, regalado o escrito entre sus páginas, para los desmemoriados será el último que le hizo vibrar y para aquellos que escriben será el que les hizo pensar eso de "yo podría hacer algo así". Hay tantos motivos como personas y no hay una sola persona que tenga un único motivo para elegir un libro. La primera edición dirá el coleccionista, o ese que me firmó.. dirá el lector avezado y suertudo de haberse podido acercar. Y es que, no es justo elegir un único título cuando son tantos los que nos han acompañado, si acaso elegir el nombre de un escritor; porque eso si es más fácil, siempre hay uno al que volvemos, que nos acoge entre sus páginas, que no falla en sus letras y cuyos títulos esperamos apenas hemos cerrado su última historia. Dónde va a parar, todos tenemos ahora mismo su nombre en la punta de la lengua y, en muchos casos, la pena de no poder expresar lo que hizo por nosotros sin querer, sin saber...
     Pero hablábamos ahora del libro, que no de su autor, y también de la isla, como los niños, porque una forma de leer es soñar lo leído, volver a ese estado de imaginación infantil, ahora tomada prestada al escritor que tiene quizás más de niño que nosotros y por eso es capaz de plasmar sus sueños.

     Y así, con todo esto dicho, la pregunta es clara, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Serían libros ya leídos o correríais el riesgo de leer durante años algo que no os gustó, tal vez libros de esos que dicen tochos para que os duren más, y lo digo mientras sigo sopesando si es mejor incluir al menos uno no leído. ¿Y poesía? pero de la positiva, una isla desierta quizás no sea un buen sitio para poemas deprimentes... Decidme, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Y bueno, supongo que me toca responder a mi. Así que yo creo que si tuviera que elegir que llevarme a una isla desierta y reflexionando un poco sobre todo lo dicho me llevaría a...

     Gracias.

     PD: Si, es mi lado cotilla, el del lector que se asoma por encima del hombro, el que busca el libro con más marcas cuando va a casa de un amigo, el que no puede evitar mirar el título que compra la persona que está delante en la librería. Por eso es la pregunta, porque no me gustan las listas que hablan de novedades o de género de ventas hoy o hace un mes, me gustan las recomendaciones directas que hacen cierto eso de que hay libros que recomiendan personas. Dejad vuestros títulos. Juguemos. 

viernes, 23 de junio de 2017

Agua salada. Charles Simmons


     "En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó."

     No leo muchas historias de amor, pero algunas me atraen desde el primer momento. Eso sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Agua Salada.

     Conocemos a Michael en el verano de sus 16 años, estamos en 1963 y se dispone a pasar el verano con sus padres en una casa de Bone Pint, como siempre. Allí conoce a la bella Zina, hija de la señora Mertz, y cae fascinado en el embrujo de esta joven mayor que él que le engaña con la edad y le da vodka mientras descubre que acaso esté lejanamente emparentada con la nobleza rusa, como una suerte de princesa. Definitivamente, este no será un verano más para Michael.

     Visto así el argumento, es más que comprensible que sea el propio autor quien diga que con Agua salada ha saldado su deuda personal con la obra Primer Amor de Turgueniev ya que no resulta difícil identificar a los personajes, son básicamente iguales en su raíz, ni tampoco conocer por lo tanto de antemano el final de la historia. Sin embargo, no la desvelaré, no porque sea importante ser cogido desprevenido, sino por una cuestión de llegar virgen, al menos en parte, a cada una de las lecturas. Hablemos por lo tanto de amores de verano, primeros amores, pasiones y relaciones familiares. El rol de cada uno, su lugar elegido o impuesto y también la capacidad de cambiar el modo en que se ve cada uno cobran una fuerza inusitada en esta novela. Porque el libro trata un poco de todo esto, y cuando uno piensa que está ante una simple historia de amor o desamor, descubre que las relaciones familiares y el punto de inflexión que hay en el paso a la vida adulta en el que uno comienza a ser consciente de lo que le rodea, son los ejes principales de esta novela. Quizás por eso me ha parecido tan delicioso el paralelismo entre las dos madres y también la relación de Michael con la propia, uno de los grandísimos aciertos de esta novela, a mi modo de ver.
     Simmon ha sabido adaptar la historia a tiempos mucho más actuales, conservando todo eso y además, permitiéndose hablar de realezas rusas sin que nos resulte extraño. Casi al contrario, terminan de otorgar ese halo casi mágico que tiene el primer amor cuando se recuerda mirando al pasado.

     Todo está cuidado en esta novela, también el título que hace referencia a ese mar de indiscutible protagonismo, pero también al sabor que tiene una lágrima. Cada frase, cada pincelada, ha sido elegida con la necesidad de contar una historia sencilla que vaya desvelando esos pequeños secretos que creemos descubrir a medida que crecemos. Nos lleva con ritmo calmado por ese camino, ese verano, hasta que de repente, toda esa escruttura que nos ha mantenido seguros como niños, se desvanece de golpe dándonos la bienvenida a esa nueva vida. Y Simmons sabe hacerlo de la manera precisa como para conseguir que la unión de esta obra con aquel Primer amor, nos ea una comparación, sino casi un anexo, un complemento que nos ayude a comprender lo que ha escrito.

     Me ha gustado Agua salada. Me encantó Primer amor. No hace falta leer la segunda para sumergirse en estas aguas, solo saber que bebe de ella. Pero nada más. La historia se disfruta en cada letra. Y eso, en el caso de estas novelas retelling, me parece harto complicado. Así que animáos, echadle un vistazo. Pero con cuidado, cuando uno se mete en el agua, es imposible no salir mojado. Y eso es justo lo que le sucede al lector de Agua salada.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estos libros que beben de grandes clásicos?

     Gracias.

jueves, 22 de junio de 2017

La luz de la noche. Graham Moore


     "El día en que conocería a Thomas Edison, Paul vio a un hombre arder en el cielo de Broadway.
     La inmolación ocurrió a última hora de la mañana de un viernes."

     Siempre me han interesado las novelas que tratan sobre ciencia, y siempre he pensado que es un mundo que está poco aprovechado literariamente. Por eso me atrajo tanto esta novela y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La luz de la noche.

     Conocemos a Cravath, jovencísimo abogado prodigio contratado por George Westinghouse para defenderse del imperio eléctrico de Thomas Edison. Llega a una reunión con Edison y lo primero que encuentra en su camino es una electrocución, y con un Edison abiertamente hostil. Hay un frente abierto, por un lado Edison quiere defender su patente, por otro Westinghouse, quiere mejorar ese invento y exportarlo a todas las calles terminando de ese modo con la oscuridad nocturna en Estados Unidos.

     Hay épocas que parecen concebidas con la capacidad para ser noveladas, y una de ellas es finales del siglo XIX, Un momento en que los avances científicos cobraron velocidad gracias a la confluencia de unas cuantas mentes brillantes, que provocaría profundos cambios en el mundo a velocidad de vértigo. Quizás por eso, me gusta más el doble sentido que se le pude aplicar a esta novela en su título original, The last days of night.

     Moore aprovecha la época y se lanza con una novela de ficción histórica en la que no solo rivalizan Edison y Westinghouse por conseguir su objetivo, también lo hace Edison con el joven abogado que, al igual que él, parece vivir alimentándose de las victorias. En esta novela, en la que iremos dudando de quién existe y quién no, de qué sucedió realmente y en qué momento entra la pluma del autor para cambiar la historia, todo parece tejerse a ritmo de thriller con muerto en la primera página incluido, mientras se encadenan sucesos que bien pudieran por separado, tener sus propias historias. Y así es como descubrimos hechos que han quedado en el olvido o que, tal vez, directamente desconozcamos.
     Desfilarán además personajes como Tesla, y descubriremos no sin asombro que, pese a que la bombilla es patente de Edison, Westinghouse la mejoró e intentó patentar y de como ya en aquellos años, las demandas millonarias que ponían por valor de mil millones de dólares. Viajaremos descubriendo intrigas alrededor del término AC/DC (como el famoso grupo), lucha en la que veremos que entra, aunque no como contendiente, las sentencias a muerte.Nos tropezaremos con universitarios ilustres, alguno de los cuales colaboró en la educación de esclavos libres, descubriremos romances más que famosos y financieros cuyo nombre sigue sonando en nuestros oídos y, más aún, en la memoria más reciente. Moore deja clara su fascinación por la época y también por el carácter de los llamados genios en cada una de sus palabras, contagiando al lector que cae sin remedio fascinado ante los hechos que el libro nos relata. Tanto es así, que uno desearía poder asomarse a la época para ser testigo real y no dudar de la frágil barrera que se establece entre realidad y ficción. Porque hay cosas que dudamos, sí, pero quizás la mayor incredulidad es el momento en el que toca comprobar lo sucedido realmente, y descubrir que es mucho más de lo que hubiéramos esperado. Casi como si el autor hubiera querido decirnos como broche "amigos, siempre se ha dicho que la realidad supera la ficción, y ahora os voy a demostrar por qué", lo cual me lleva a pensar en la enorme cantidad de documentación que habrá tenido que reunir Moore para montar esta historia.

     La luz de la noche me ha gustado, me ha parecido un libro muy entretenido del que además estoy segura recordaré un montón de anécdotas que desconocía. He disfrutado con su lectura, y me ha dado a conocer una faceta de Graham Moore, ya que hasta ahora, solo le conocía como guionista. Ha sido, y nunca mejor dicho, un descubrimiento (perdón por el chiste).

     Y vosotros, ¿os gustan los libros que mezclan realidad y ficción o sois más de elegir entre uno y otro?

     Gracias.



martes, 20 de junio de 2017

Las tierras arrasadas. Emiliano Monge


     "También sucede por el día, pero esta vez es por la noche. En mitad del descampado que la gente de los pueblos más cercanos llama Ojo de Hierba, un claro rodeado de árboles macizos, lianas primigenias y raíces que emergen de la tierra como arterias, se oye un silbido inesperado, cruje el encenderse de un motor de gasolina y desmenuzan la penumbra cuatro enorme focos reflectantes."

     Tenía curiosidad por este libro. Desde la primera vez que lo vi en la librería, algo me atrajo de él. Y han sido estos días en los que he viajado un poco, que he aprovechado para sumergirme en sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las tierras arrasadas.

     Conocemos a Epitafio y Estela, dos enamorados que viven al margen de la ley. Pero no es la suya una historia de amor en la que estar al margen de la ley provoque suspiros románticos. En realidad su amor es lo único humano que les vemos, ya que se dedican al tráfico de migrantes que pasan por México camino de Estados Unidos.

     Empezar a leer Las tierras arrasadas en zambullirse en el tono de la novela, directo, sin adornos, y a la vez hermoso. Posee esa doble cualidad que caracteriza a algunos libros que terminan ganándonos tanto por cómo nos relatan la historia como por la historia en sí. Y eso sucede con este, solo que además está plagado de frases de esas que caen como sentencias ante los ojos del lector obligándole a sacar papel y lápiz y anotarlas. Y aquí justo termina la parte hermosa de la novela, porque el resto es una pura pesadilla que ya intuiamos al saber en las primeras páginas, que tal vez sea culpa de una tal Cementeria, que Estela, "una mujer armada con pedazos de otros cuerpos", no duerma.
Las tierras arrasadas es una historia de tráfico de migrantes en un país del que sabemos que la violencia es algo que le viene marcando a fuego. Solo que esta vez no se trata de narcotráfico, no, Monge se mete en algo mucho más crudo para relatar esta terrible historia, que no por terrible deja de ser real. La historia de esas personas que son despojadas de voz, de individualidad, de humanidad, mientras van camino de un sueño. México convertido en "la gran tierra lacrimante" en este libro en el que la vida no tiene valor alguno, convirtiéndose en ese terrible camino en el que es casi peor que la muerte. Tal vez por eso se les otorga a estas personas sin nombre un coro, en forma de voz doliente de todos aquellos que no la tuvieron. Efectivo, mucho más que lo habitual y que pasa por crear la historia de dos de estas personas para dar voz al colectivo. Porque Epitafio y Estela, pertenecen al lado de los malos. Son dos bestias despiadadas que ejecutan su labor en esta suerte de holocausto moderno. Y ahí, en mitad de tanta abyección, surge el amor. Y Monge utiliza ese amor, ese sentimiento humano y bueno por excelencia, para hacer el retrato de sus dos personajes. Un amor puro que es usado como arma arrojadiza por el lector, que no consigue en ningún momento conceder siquiera el beneficio de la duda a estas dos personas. Y así, nos resiente incluso que sean capaces de sentir algo cuando llevan una vida que demuestra lo contrario, incluso nos enfada. Y el amor se convierte en aquello que nos demuestra que no son personas, ni siquiera bestias. ¡Qué difícil ha tenido que ser concebir un paso así! Y aún más ejecutarlo.

     Me ha gustado Las tierras arrasadas. Forma parte de esos libros que centran el foco en realidades incómodas que preferimos no mirar. Y lo hace sin el brillo del celuloide, sin buscar un héroe que todo lo arregle, porque las cosas son así, y así es como Monge las relata.Escalofriante. Necesario. Y además, un buen libro, potente.

     Ahora que se acercan las vacaciones, tengo curiosidad por saber si elegís algún tipo de lectura específica para este periodo.

     Gracias.

lunes, 19 de junio de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami


     "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba maestro."

     No me suelen gustar las historias de amor, pero intuía algo más en esta novela. Por eso me atrajo. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El cielo es azul, la tierra blanca.

     Conocemos a Tsukiko na mujer soltera de 38 años que lleva una vida solitaria, sin amor. Un día se encuentra en una taberna a su maestro de japonés de la escuela y juntos comienzan a compatir vidas y soledades, experiencias: la mujer que se va, el compañero que se quiere acercar... sin saber que eso les va acercando a ellos.

     Resulta interesante que este libro esté escrito por una mujer ya que plantea situaciones peculiares de la sociedad japonesa. La protagonista es una mujer, por un lado liberada, que admite sin ningún problema su soltería, la pasión laboral sin importarle no tener tiempo ni ganas para el amor, y también su afición al sake que la lleva por tabernas en las que apenas comenta que haya mujeres. Una mujer liberada que se rebela contra algunos actos sociales, como el momento en que se turba al negar el acercamiento de un hombre de su edad, pero que sin embargo sucumbe al maestro con el que se encuentra. Sucumbe porque retrocede en todo lo ganado, y lo hace desde esa primera persona, ya que ella es la narradora. Desde los regaños mínimos, como el no saber servir la bebida, hasta temer ofender al hombre al que acompaña en un punto que oscila entre el respeto y el bajar la cabeza más que la mirada. Hay una suerte de rebeldía latente en la historia que lucha con el costumbrismo centenario que resulta francamente interesante.

     La novela en sí habla de esos encuentros que pasan por casuales y que tienen dos personas que parecen negarse la amistad que va aflorando entre ellos, ya que están acostumbrados a vivir en una soledad que reivindican pese a que ya dependan uno del otro. Dos personas que, narrado en la voz de ella, se añoran cuando están un par de días sin verse, y que descubren los sentimientos que pueden aparecer entre ellos, con más extrañeza que ilusión y, sobre todo, con mucha precaución, no sabemos muy bien si porque les asusta a ellos o porque temen asustar al otro. Y ello viene contado de la mano de Hiromi, que lo hace con las palabras justas, medidas como esos haikus que aparecen y desaparecen a lo largo de la novela. Da así la sensación de plasticidad, de hermosura en las letras, que parece ser habitual en la literatura oriental en la que el lirismo se desprende incluso de los títulos.
Una historia de amor, reza el subtítulo de esta novela. Y lo es. Quizás no al uso, no de la forma acostumbrada, pero si es una historia honesta. Más que del amor convencional, lo es del acercamiento, de las barreras, de los ciegos que ven y también de quienes no quieren ver, una historia de los primeros momentos y también de lo últimos, ya que la primera frase nos revela el final, inevitable, necesario. Porque hay historias de amor, que ganan al mirar atrás desde un futuro.

     El cielo es azul, la tierra blanca me ha parecido una novela hermosa, podría decir muchas cosas más, hablar de lo estático de algunas escenas, del ritmo lento, casi una cadencia, pero prefiero quedarme con lo hermoso que cuenta, y también en la forma de contarlo. Echad un vistazo, es diferente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.